domingo, 4 de octubre de 2009

UNA MUJER CANTABA DESDE DONDE LA ESPERANZA PARECÍA INVEROSIMIL.


Se llamó Mercedes Sosa. Con voz pausada, vital, dulce, potente y contestataria cantó a la vida, con el tono y los compases de los sojuzgados, cantó por aquella esperanza que regaba día a día con melodías y estrofas escritas por poetas amigos.

Desde los poemas de Violeta Parra hasta la música de la Nueva Trova, ella se reiventaba constantemente, para continuar vigente en la voz de quienes abrigaban muchas esperanzas por un mejor futuro.

A temprana edad pude escucharla interpretando a Violeta Parra en su long play de homenaje, que incluye temas como “gracias a la vida”, "que vivan los estudiantes", "Rin del angelito" "La lavandera", entre otros. Cantó los versos de muchos poetas amigos, en la llamada “música de protesta”. No era sólo su voz la que retumbaba en los auditorios, sino el sentimiento más tierno de quien reclama un pedazo de primavera para los suyos. Y era de escuchar las melodías más intensas y profundas clamando contra las más feroces dictaduras latinoamericanas

Pasó por Lima muchas veces, algunas veces camino al exilio, otras para cantarle a su público habido de sus melodías, en las que veían reflejabas sus esperanzas, desde obreros fabriles hasta campesinos pobres. Compromiso que mantuvo con ellos, siempre buscando sus raíces quechuas que bebió en su natal Tucuman.

Para una generación que creció escuchando sus canciones y tarareando sus compases, su deceso ha significado una pérdida muy sentida, ha callado un cantor, ha renacido una voz.