martes, 3 de febrero de 2009

Presentación a la edición facsimilar de los apuntes monográficos de Morococha*


Caratula original de la monografia de Gamaniel Blanco

La presente edición representa un noble esfuerzo de los editores para poner en manos del público esta monografía de Gamaniel Blanco Murillo publicada en 1930. Esta obra se preservó celosamente dentro de la tradición familiar, pues el autor guardó amistad e ideales con José Mazzi Vargas, mi abuelo. Mi padre, Víctor Mazzi Trujillo, fue alumno del autor de la obra, en el Centro Escolar Obrero, heredó el texto y lo conservó con mucho cuidado en su biblioteca personal. Descubrí el texto en 1989, el que me sirvió como fuente invaluable para el trabajo de campo que desarrollé en mi tesis de maestría. Esta tradición familiar ha hecho posible que la memoria de este insigne maestro no se pierda en el tiempo, y su obra nuevamente pueda leerse en esta edición facsimilar.
Alcides Marín es el seudónimo literario de Gamaniel Enrique Blanco Murillo, autor de esta monografía testimonial de la época en que le tocó ser partícipe: la crisis económica mundial de 1929, la consolidación de los capitales norteamericanos a través de la Cerro de Pasco Copper Corporation (una de las más poderosas transnacionales de la minería del siglo pasado), de cruentos desenlaces en la historia del proletariado minero del Centro, la consolidación del proyecto socialista en el Perú dirigido por José Carlos Mariátegui, cuya labor política fue la organización sindical y política del movimiento obrero peruano, y, en particular, la del proletariado minero del centro del país, cuyo símbolo fue el distrito de Morococha.
A largo de su evolución histórica, Morococha fue registrada como hacienda mineral durante la dominación colonial española, para luego ser explotada por la familia de Carlos Pflücker en el siglo XIX, y a inicios del siglo XX ser adquirida por la transnacional Cerro de Pasco Copper Corporation. En 1971 fue nacionalizada y convertida en una unidad de producción de la empresa estatal Centromin Perú. Fue vendida en la década de 1990 a la empresa extranjera Doe Run. Últimamente ha sido subastada y entregada a la empresa China Chinalco para el desarrollo de minería a tajo abierto, por lo que todo el distrito debe ser desplazado a otro espacio geográfico.
I. Del autor
Gamaniel Enrique Blanco Murillo nació en la comunidad campesina de Vinchos, provincia de Daniel Alcides Carrión, Cerro de Pasco, según consta en su Partida de nacimiento, registrada en la Municipalidad Provincial de Pasco, inscrita en el libro N° 49, a foja 397, que da como fecha de nacimiento el 3 de mayo de 1907.
Realizó sus estudios en el Liceo Cerreño y después en la Escuela 491. En 1912 a raíz del deceso de su madre Juana Murillo, pasó a la tutela de su tío Vicente Blanco, cuyo rigor y formación intelectual, formaría su autodidactismo basado en la lectura y la escritura de textos periodísticos. En 1920 se integra a los Boys Scouts de Cerro de Pasco, que fuera fundado por su maestro Julio Cárdenas, con los que realizó viajes por todo el departamento de Pasco. Sus inquietudes de juventud por registrar todo lo que representaba su natal Cerro de Pasco, observada en sus distintos viajes, lo introducen en el periodismo regional. A los 15 años trabaja como tipógrafo y redactor del diario pasqueño El Minero, para luego ocupar el puesto de reportero y corrector editorial. Gustaba firmar sus artículos como “White” (Blanco), seudónimo que cambiará luego por “Alcides Marín”.
En esta etapa de su juventud integró distintos clubes sociales de Cerro de Pasco, llegando a ser Presidente del Club Juventud Apolo, además de ser socio del Club Sport Team Cerro, donde fue nombrado Pro Secretario en 1924. Ese mismo año fue miembro activo de la Sociedad de Obreros Billingurst y la Sociedad Daniel Alcides Carrión. Sus inquietudes sociales y políticas despertaron en aquel entonces, comprometiéndose en la luchas de los mineros de Pasco, redactando artículos que describen la situación deplorable de las labores extractivas del mineral en socavones y minas. Fue un entusiasta integrante de diversos clubes carnavalescos de Pasco, componiendo letras de mulizas y huaynos que fueron musicalizados por Graciano Rixi. Esta participación lo muestra como un destacado compositor de la época.
En 1925 participa como reportero en un raid automovilístico que atravesó la Cordillera de la Viuda, que tenía la finalidad de mostrar la conveniencia de la apertura de una nueva red vial que uniera directamente Cerro de Pasco con Lima, pasando por Canta.
En 1927 trabajó como preceptor en escuelas de Patarcocha, donde demostró una gran labor con los niños y el rápido progreso que aquellos mostraban en el aprendizaje. Parte de esta labor se debió a su participación como Boy Scout, experiencia que le serviría en su formación como maestro de escuela.
En 1928, reside en Morococha laborando como maestro de los Centros Escolares Obreros. Ese año funda el periódico El Martillo y después la revista Alborada. Se desempeña como corresponsal de la revista Amauta y del periódico Labor, de diarios de Cerro de Pasco, Huancayo, Tarma, y Jauja. Los artículos y notas que escribió para aquellos medios periodísticos dan referencia de la evolución de su pensamiento y la maduración de sus ideales hacia el socialismo. Su labor de maestro se desarrolló bajo el influjo del pensamiento socialista, realizando una experiencia inédita en la educación peruana. A mediados de ese año, inició sus indagaciones para publicar su monografía sobre Morococha. En diciembre es testigo de la catástrofe originada por la inundación de las aguas de la laguna de Morococha en minas y galerías, donde perecieron más de 30 trabajadores. Redacta informes y artículos periodísticos señalando las responsabilidades de los funcionarios de Cerro de Pasco Copper Corporation en esta tragedia.
En 1929, con otros líderes mineros, entre ellos Augusto Mateu Cueva, Adrián C. Sovero y Ramón D. Azcurra, fundan la Sociedad de Pro Cultura Nacional, un órgano cultural para la educación de los trabajadores mineros. Es partícipe y dirigente de la huelga minera del 10 de octubre que logra el reconocimiento del Comité Central de Reclamos, que después se convertiría en la Federación de Trabajadores del Centro. Su labor sindical es meritoria, pues influye y dirige los reclamos obreros sin pertenecer directamente a la masa laboral de la compañía norteamericana.



José Carlos Mariátegui y la delegación minera de Morococha. Bosque de Matamula, Santa Beatriz, Lima. Octubre de 1929. A su derecha, con traje claro, Gamaniel Blanco. Foto Ricardo Martinez de la Torre.

En 1930 desarrolla con mucho ahínco el trabajo educativo y sindical. Por un lado, está su labor de maestro experimentando nuevas fórmulas pedagógicas con los hijos de los trabajadores mineros, y por otro, la orientación y organización de los trabajadores bajo ideales socialistas. En abril, al fallecer José Carlos Mariátegui, consolida su militancia con el Partido Comunista, convirtiéndose en un referente importante en la organización sindical minera de Morococha. En mayo, funda con César Augusto Palacios la revista Justicia, vocero del Comité Central de Reclamos.
El 2 de octubre del mismo año se origina un paro laboral, causado por el desconocimiento de funcionarios de la compañía norteamericana a los acuerdos laborales conseguidos un año antes. El conflicto es resuelto a favor del Comité Central de Reclamos. Desarrolla en conjunto con Augusto Mateu Cueva, Adráin C. Sovero, Julio Portocarrero y Jorge del Prado el trabajo de consolidación de la organización sindical de trabajadores mineros de Yauli-Oroya, Cerro de Pasco, Gollarisquizga y Malpaso.
En noviembre, participa como delegado pleno de la Federación de Trabajadores del Centro en el Primer Plenum de la Confederación de Trabajadores del Perú desarrollado en el Teatro Municipal de Lima. Uno de los acuerdos tomados fue comisionarle la organización del Primer Congreso Minero en La Oroya, Yauli, tarea que asumió con vigor y mucha persistencia.


Gamaniel Blanco presidiendo el Primer Plenum de la CGTP. Octubre 1930. Foto, Diario La Crónica.

Este congreso minero se inició en La Oroya el 8 de noviembre frente a la oposición del directorio de la compañía norteamericana y los sabotajes del gobierno de Luis Sánchez Cerro a través del Prefecto de Junín, My. Gerónimo Santibáñez.
El Congreso fue interrumpido abruptamente el 11 de noviembre mediante el apresamiento en horas de la madrugada y envío a Lima de los delegados mineros. La población de La Oroya en respuesta apresó a dos funcionarios de la compañía norteamericana y se declaró en huelga. El gobierno de Sánchez Cerro retrocedió y concedió la libertad a los delegados mineros.
En el transcurso del conflicto, el Prefecto precipitó la represión de los trabajadores de la hidroeléctrica de Malpaso que marchaban a recibir a sus congresistas liberados. En la refriega murieron 23 obreros y 3 empleados de la compañía norteamericana. El Congreso Minero fue disuelto mediante la declaración del Estado de Sitio en los departamentos de Lima y Junín, y la disolución de la CGTP. La emisión de estos dos decretos, en palabras del Prefecto de Junín “produjo el aplanamiento general de la clase obrera”. La masacre de Malpaso y la declaratoria del estado de excepción produjo el desmoronamiento de la organización sindical minera del centro del país.


La Oroya, noviembre 1930. Gamaniel Blanco (de pie, primero a la izquierda) observa los cadáveres de mineros de Malpaso. Foto Ygreda.

Clausurado el congreso minero de La Oroya, el directorio de la compañía norteamericana despidió a gran cantidad de trabajadores de Morococha, La Oroya, Goyllarisquizga y Malpaso. El régimen de Luis Sánchez Cerro desató una tenaz persecución y encarcelamiento de líderes sindicales mineros. Gamaniel Blanco es detenido el 15 de noviembre en Morococha, junto a Adrián C. Sovero, Ramón D. Azcurra, Miguel de la Matta, entre otros. Son trasladados a la Carceleta de Guadalupe y luego a la Colonia Penal El Frontón (Callao).
Su carcelería en la isla le produjo enfermedades bronquiales. Cuando empeoró su salud y estuvo en estado agónico, fue trasladado al Hospital Dos de mayo, en Barrios Altos. Falleció el 16 de abril de 1931[1], un año después de la muerte de José Carlos Mariátegui. Sus restos reposan en el Cementerio Presbítero Maestro de Lima.
II. Obra escrita
Como intelectual comprometido con los ideales socialistas, denota una prosa y poesía de carácter social y denuncia la condición de dominación en la que se desenvolvía la vida de los trabajadores mineros.
Gamaniel Blanco ha escrito gran cantidad de ensayos y artículos, algunos inéditos y otros desperdigados en diarios y revistas de la época. Se le considera creador de mulizas cuyas letras anticipan a la llamada música de protesta, entre estos tenemos: Cuadro minero, Canciones como recuerdos, La vida es un carnaval, Ángel de puna, El hijo del Ande, temas que –testimonia Víctor Mazzi Trujillo– fueron cantados y recitados por sus alumnos en los Centros Escolares Obreros.
Como dramaturgo escribió: Gloria a la madre –texto del cual solo existen fragmentos copiados por sus alumnos del Centro Escolar–, que con la participación de discípulos la puso en escena. Esta obra teatral expone sobre la condición de las mujeres pobres, esposas de mineros llamadas “magtas”, que la Cerro de Pasco Copper Corporation empleó para las labores del “pallaqueo” o “chanqueo” (pulverización de manera artesanal del mineral en la superficie o «canchas»), que se realizaba bajo las peores condiciones de trabajo y por las cuales se pagaba un mísero salario. Al escribir la cruda realidad social en una obra teatral, buscó generar conciencia y compromiso entre sus lectores: los trabajadores mineros.
No llegó a escribir sus memorias sobre su experiencia educativa en el Centro Escolar Obrero, aunque en una carta cursada a José Carlos Mariátegui le manifiesta su necesidad por contar con literatura pedagógica proveniente de la Internacional de los Trabajadores de la Enseñanza. Existen también artículos sobre enseñanza en su revista Alborada donde explica algunos criterios originales para mejorar la enseñanza y el aprendizaje en los hijos de los trabajadores mineros.
El único texto orgánico que llegó a publicar en vida fue su Monografía de Morococha, auspiciada por el tipógrafo Simón Camargo Moreno y financiada por la venta de publicidad a comerciantes y artesanos del distrito y por su página social de personalidades del distrito.
La tradición de elaborar monografías en distintas provincias del Perú, indica la persistente necesidad de recoger información y tener un registro detallado sobre economía, historia, cultura y personalidades que caracterizan el espacio geográfico de su población. Desde 1920, en la región central del Perú, existe una profusión de diferentes monografías de distritos y provincias, todas bajo una unidad de criterio, cuya selección temática presenta lo relevante de su población y sus tradiciones más importantes.
Gamaniel Blanco al redactar su monografía, indica que éste constituye “un pequeño aporte”, caracteriza el trabajo realizado como “apuntes”, entendiéndose una primera aproximación al estudio del distrito. Concibe el texto como un futuro trabajo de gran envergadura, trazándose como meta el culminar el análisis y la redacción de temas que recogió en los archivos familiares de Carlos Pflücker, y en los registros del municipio distrital, además de los testimonios que recoge en boca de sus protagonistas. Tardó dos años en redactar la monografía, trabajo compartido con sus labores de maestro de escuela, periodista y líder sindical.

A diferencia de las informaciones sobre Morococha consignados por otros autores, esta monografía incluye a los trabajadores mineros y personajes representativos de la época, aunque carece del estudio geomorfológico y metalúrgico que hay en Antonio Raimondi (1861) y Alberto Jochamowitz (1907). La información que brinda es confiable y objetiva. Recoge testimonios, entrevista a distintas personalidades, tanto trabajadores mineros como autoridades, y medianos empresarios residentes en Morococha. Elabora un registro de organizaciones culturales y sociedades provinciales presentes en el distrito, expone un inventario de proyectos y anhelos de cada sociedad provincial, deja expuesto el sistema salarial y las condiciones de trabajo que regían en la administración de Cerro de Pasco Copper Corporation. Consigna, además, una versátil sección intelectual llena de artículos que muestran el nivel cultural de la época y de las propuestas interpretativas que maneja cada articulista. La sección instrucción da información valiosa sobre la realidad del proceso educativo de la provincia de Yauli y del distrito. Llama la atención la información puntual sobre los Centros Escolares Obreros, cuya experiencia pedagógica fue su aporte más relevante en la historia educativa peruana.
Una lectura más atenta de su monografía, indicará que el centro de su estudio y preocupación no es la empresa transnacional Cerro de Pasco Copper Corporation, sino la de sus protagonistas: los trabajadores mineros, quienes son reivindicados de un pernicioso anonimato y cobran identidad con sus anhelos de progreso personal y necesidades culturales y educativas.
III. Pensamiento
La evolución del pensamiento de Gamaniel culmina en su adhesión y militancia en el Partido Comunista. El 20 de mayo de 1930, cerca de Chosica, el Partido Socialista cambió a Partido Comunista, siguiendo las directivas y recomendaciones del Buró sudamericano de la Tercera Internacional con sede en Buenos Aires. Este cambio no varió los términos ideológicos y organizativos que José Carlos Mariátegui había desarrollado con la finalidad de consolidar la organización sindical y política de los obreros peruanos.
En julio de 1930, Jorge del Prado Chávez es enviado a Morococha para consolidar la labor del Partido Comunista entre los trabajadores mineros del distrito. A su arribo, descubrirá que la presencia de dicho partido fue pública y no existió algún velo de secretismo. Gamaniel Blanco había desarrollado un formidable trabajo de propaganda entre los trabajadores, tal como se lee en una carta que dirigió a Ricardo Martínez de la Torre (1974: 29), que dice:
«También le comunico que con gran sorpresa mía [que] nadie ignora aquí la existencia del P.[artido]. Parece que José Carlos [Mariátegui] le dio a [Gamaniel] Blanco toda clase de detalles y si mal no me acuerdo hasta le entregó el manifiesto [del Partido]. [Gamaniel] Blanco como buen p[equeño] b[urgués] no pudo callar nada y hoy tiene usted que todos lo saben, creo que esto me ha de facilitar la labor, pues ya no tendré que andar con rodeos, ya que la cosa ha sido precipitada de ese modo. Lo malo es que, aunque conociendo su existencia, casi todos se muestren conformes de no pertenecer a él.»
Esta referencia permite entender la comunicación entre el Amauta y nuestro personaje. Blanco conoció el programa del Partido Socialista que había redactado Mariátegui en 1928. Blanco encontró resistencias en dicho Partido, cuyo nuevo secretario general, Eudocio Ravínez, implantó la consigna ortodoxa denominada “clase contra clase”, dentro del propio Partido Comunista. Ésta consistió en desarrollar “luchas implacables y golpes despiadados” contra supuestos enemigos dentro de las propias filas. El discurso de Ravinez se radicalizó contra los seguidores del pensamiento mariateguiano, hasta sentenciar que: “quien no era un reaccionario declarado, era un contrarrevolucionario en potencia”, privilegiando el conflicto interno como medida de depuración y aislamiento de los adherentes ha dicho pensamiento.
De distintas maneras, Blanco enfrentó esa postura oficial dentro del Partido Comunista, y puede notarse ello en los testimonios que brinda Jorge Del Prado, quien nos informa de la actuación de Blanco en el paro minero del 10 de octubre de 1930. Alexander McHardy y William Skeen, funcionarios de Cerro de Pasco Copper Corporation, agredieron a Adrián C. Sovero, desconociéndolo como representante sindical. El agredido hizo paralizar labores y con los trabajadores hizo apresar a dichos funcionarios, ante la resistencia y oposición del jefe policial del distrito, sargento segundo Víctor Silva Sánchez. En la puerta de la Comisaría, dicho sargento intentó disolver la manifestación a balazos, siendo reducido por los obreros, cuando –refiere Del Prado- (Martínez: 1974,74) “En esos momentos, y ante mi misma admiración, [Gamaniel] Blanco subió a la baranda de la Comisaría y desde allí habló acertadamente de la lucha de clases y de la toma del poder. Explicó también lo que quería decir el comunismo y el discurso terminó con vivas a la Unión de los Soviets. Los obreros se entusiasmaron.”
Este discurso de Gamaniel Blanco, conjeturamos, siguió una estructura discursiva basada en la literatura que circulaba entre dirigentes comunistas de la época. Lo que se destaca es que en plena campaña de “desmariateguización”, fuera Blanco quien reivindica el pensamiento y obra del Amauta, tal como se desprende en su discurso realizado horas después, en los patios de los Centros Escolares Obreros, (Martínez: 1974,75). “Blanco, enseguida, pronunció un discurso en el que, recalcó su primero (sic), e hizo una gloria mención del Camarada [José Carlos] Mariátegui, incitando a seguir fielmente su obra. Poseído aún de un gran porcentaje de lirismo e idealismo recomendó sobre todo ‘lectura’ e insinuó la idea de fundar la Biblioteca obrera Mariátegui”.
El mensaje implícito del discurso indica no solo adhesión al pensamiento mariateguiano, sino es tomado como paradigma y ejemplo a seguir mediante el estudio autodidáctico. Días después, podemos registrar su intervención en el Primer Plenum de la CGTP, realizado en Lima, (La Crónica: 07 nov. 1930, p. 16), donde se consigna lo siguiente: “El compañero Blanco, delegado de la Federación de Trabajadores Mineros del Centro, tomó la palabra enseguida, remarcando el sufrimiento y la explotación a que estaba sometido el trabajador minero directamente al imperialismo yanqui. Sus palabras fueron apoyadas con mueras a todos los imperialismos y se cantó como al terminar otros discursos ‘La internacional’, y otros himnos del trabajador.”
La efervescencia sindical después del derrocamiento del gobierno de Augusto B. Leguía y las libertades que otorgó el régimen de Luis Sánchez Cerro de pronto fueron cortadas cuando directamente se confrontó con los intereses económicos de Cerro de Pasco Copper Corporation. Este Plenum de la CGTP acordó realizar el Primer Congreso Minero en La Oroya, y los líderes del Partido Comunista concurrieron a él, causando temor en el Directorio de la Compañía norteamericana. El Prefecto de Junín, Jerónimo Santibáñez (1930: 13), vigiló el desarrollo del Congreso Minero con recelo y hostilidad. Sobre la intervención de Blanco en el Congreso dice:
«Gamaniel Blanco, delegado de Morococha, pero que no era obrero, se expresa más o menos así: “Es la época ya de que dejemos las palabrerías para escoger la acción. Solamente la lucha a muerte puede darnos nuestros verdaderos derechos; y lejos de desempeñar el papel de llorones, cobijémonos bajo el amparo de la bandera roja y declaremos la guerra sin cuartel!!” Hace después una exaltada apología de José Carlos Mariátegui, llamándolo el Lenine Americano. La exaltación de Blanco llega hasta el extremo, cuando dice: “sí queremos ser libres debemos imitar a la Rusia”, “Si queremos conquistar nuestros derechos, luchemos franca, resueltamente, sin temores, debiendo hacerlo en este instante”.»
Este ímpetu político de Blanco, se detuvo cuando fue encarcelado y falleció en 1931. En 1942 se constituyó una Comisión Pro-mausoleo y se le rindió homenaje como mártir del sindicalismo peruano. En la revista GARCILASO (Nº 16 abril de 1942, p. 47) leemos la siguiente información:
«Homenajes: A GAMANIEL BLANCO: Se llevó a cabo en el salón de actuaciones del ANEIP, con la presencia de numerosa concurrencia. Al abrirse la actuación pronunció unas palabras iniciales el Dr. Luis E. Galván, después de lo cual el Sr. Guillermo Rouillon D. hizo la presentación del conferencista Sr. Augusto Mateu Cueva, quien, en una acertada disertación, elogió la figura del periodista y maestro desaparecido./ Luego hizo uso de la palabra el Sr. Justo Armando Cabello, Presidente del Comité Promausoleo a Gamaniel Blanco. Finalmente, el Sr. Nicolás Barzola delegado de los obreros del asiento minero de Morococha.»
El pensamiento de Gamaniel Blanco, requiere mayor estudio, considerando que su obra es poco conocida, sin embargo, ésta generó adhesión en escritores de Junín y Cerro de Pasco. La influencia de su realismo literario puede notarse en la obra narrativa de Augusto Mateu Cueva, sobre todo en su inédito: Cerro de Pasco Corporation y en su édito: Lampadas del minero. También se muestra su influencia en la primera parte de la novela: En la noche infinita de Miguel de la Matta. En poesía, el estilo y trazo directo de Gamaniel Blanco puede determinarse en la poética de Augusto Mateu Cueva en sus poemarios: Gualda y Rosicler, Alborada y, Antena proletaria.
Víctor Mazzi Trujillo, en su libro: Poesía Proletaria del Perú, sitúa a Gamaniel Blanco como uno de los cursores más importantes de la literatura proletaria peruana, y precursor de la canción de protesta de corte clasista en el Perú.
Aún queda pendiente para el estudio de su pensamiento editar sus artículos desperdigados en diarios de la época y rescatar su obra teatral: Gloria a la madre, olvidado quizás en algún archivo de la región del centro del Perú.
IV. El texto
Los documentos más antiguos que hacen referencia a Morococha, son escrituras de propiedad colonial de 1746 como una hacienda mineral, propiedad de Martín de Bidegaray, quien estuvo dedicado a explotar la plata en piñas[2] y obtener el metal mediante un proceso metalúrgico rudimentario similar al utilizado por los antiguos peruanos en Huayras. El documento consigna también la relación con los pobladores de Huarochirí y Jauja para la mita minera.
En 1840, parte de la superficie y alrededores de la laguna de Morococha, fueron propiedad de Pedro Iriarte, quien perdió la posesión de las tierras cercanas a la laguna de Morococha por un juicio que le siguió Carlos Pflücker Schmield[3]. Iriarte, junto a Juan Francisco Izcue fundaron la Compañía Minas de Cobre. Al fallecer Izcue, la propiedad de la mina Suclla, también conocida como Natividad, pasó a propiedad de Carlos Pflücker, quien administraba la hacienda mineral de Tucto.

Morococha 1861. Acuarela de Antonio Raimondi. Fuente: El Perú. Vol. III. La sierra y la selva central; Morococha, Cerro de Pasco y Chanchamayo. Fondo Editorial UNMSM. 2006. La misma perspectiva puede observarse en la siguiente fotografía.


Morococha 2001. Vista del Cerro San Francisco y Barrio de Natividad. Foto del autor.

Morococha fue visitada y descrita, en 1861, por el sabio milanés Antonio Raimondi, invitado a estudiar el potencial de su riqueza minera por Carlos Pflucker. La descripción que realiza Raimondi en su obra El Perú, permite entender el proceso de la producción minera del siglo XIX, la geomorfología del distrito con la descripción muy detallada de sus lagunas y glaciales y el registro de su potencialidad minera. Raimondi también detalló la dureza del trabajo minero frente a lo hostil de su clima.
En 1907, Morococha fue estudiada por el ingeniero Alberto Jochamowitz, un gran admirador de la obra de Antonio Raimondi. Éste estuvo dedicado a culminar un detallado registro topográfico y geológico del asentamiento minero. Jochamowitz registra la transformación de la minería aún rudimentaria y artesanal por un moderno sistema de extracción del mineral de cobre y plata. Su registro de vetas, socavones y minas es completo y señala la riqueza mineral que contiene cada una. Describe la compra de propiedades mineras por capitales norteamericanos al amparo del código de minería promulgado en 1905, y redacta un registro minucioso sobre la presencia norteamericana en la minería del distrito.


Morococha 1907. Croquis geológico elaborado por Alberto Jochamowitz.

Parte 1: Registro histórico de Morococha
Gamaniel Blanco indica la evolución de la propiedad y producción minera en el Distrito desde 1760 a 1930. Presenta un registro de las minas y socavones y las concesiones mineras que detentan pequeños y medianos propietarios, tanto nacionales como extranjeros. Aunque no supera el registro minucioso que realizó Alberto Jochamowitz en 1907, da información de una naciente burguesía nacional cuyos miembros son descendientes de inmigrantes italianos y alemanes.
La información que brinda permite entender las condiciones de la explotación minera bajo la hegemonía de los capitales norteamericanos. La formación de Morococha Nueva y la variación geomorfológica y ambiental por la mayor explotación minera y la presencia del capital norteamericano dieron lugar al cambio tecnológico que elevó el volumen de extracción del mineral.
El mérito de Blanco es presentarnos una aproximación a la mentalidad de los mineros de la década de 1920, y de las formas culturales que le caracterizaban. Detalla las creencias de la población a través del relato Taita compuerta, y sobre todo, hace el registro del “Muqui” dentro de la tradición oral minera. Este personaje mítico, residente del ucu pacha, es considerado el causante de trágicos accidentes en socavones y minas. El Muqui representa la protección y celosa vigilancia de la riqueza minera. La extracción del mineral debe ser recompensado con un ritual del “pago” o “pagacu”, tal como realizan los campesinos a la pachamama antes de iniciar las labores agrícolas o en señal de agradecimiento por los frutos brindados. Este “pago” se realizaba a la usanza antigua, brindando con chicha o alcohol, velas y coca, que eran depositadas en la boca de minas o entradas principales, como ofrendas para que el Muqui las tome. Aunque Blanco muestra escepticismo frente a los relatos mineros, los registra como una forma de mentalidad mágico-religiosa que subsiste en el Distrito.
Carmen Salazar-Soler (2006) publicó: Supay Muqui, dios del socavón, donde presenta los resultados de su estudio sobre la mentalidad del trabajador minero durante la década de 1980 en la mina de Julcaní (Huancavelica). El texto retoma un tema presente ya en la mentalidad del trabajador minero de la década de 1920: el Muqui, personaje castigador que irrumpe para restablecer el equilibrio y la armonía en el trabajo minero. Blanco informa además la presencia de otro “duende”, el “Auquillo” cuya función y símbolo se representa como benefactor y protector del trabajo en las minas.
Más adelante, presenta una descripción sociológica de la condición del trabajador minero de la época y el derroche que realizaba después del “pago” de jornales, la pérdida del salario en juegos de azar y el alcoholismo pernicioso en que se hallaban. Esta información permite entender cómo el pago de los salarios representó la circulación monetaria dentro de una economía regional, dividida entre la economía capitalista ascendente y la economía agraria aún con rezagos feudales.
El dispendio y la obsecuencia por el malgasto del salario de los obreros es una preocupación que también está presente en Lampadas del minero de Augusto Mateu Cueva. (Véase sus cuentos: El alcoholismo y La jarana). La narrativa de Mateu es un magnífico pretexto para realizar una exposición de educación moral del trabajador minero, pues muestra las consecuencias de la pérdida del salario por efectos del juego y la jarana, las que muchas veces duraban hasta dos semanas. El sufrimiento de las familias del trabajador minero y la pobreza tienen un punto de equilibrio al determinarse a una de sus causas: el deficiente nivel de responsabilidad del trabajador de la época.

Trabajadores mineros en boca de mina Sacracancha. Foto Pecho-Luna. Morococha 1930.

Blanco hace una magnifica descripción de las labores y los salarios percibidos, desde el salario del caporal de mina hasta de una magta, dedicada a labores menores como el “chanqueo” o pulverización del mineral en superficie. El valor de esta información permite comprender la comparación que éste realiza entre los salarios percibidos en 1913 y 1928, información que permite trazar una línea comparativa del estatus económico de los mineros respecto a los percibidos por otras ramas productivas, por ejemplo, los textiles de Vitarte. Entre estas dos ramas productivas la diferencia es significativa, los niveles salariales de los mineros son altos, pero debe contarse su naturaleza intermitente y sujeta a la variación internacional del precio del cobre.
Al final de esta primera parte, Gamaniel Blanco expone la evolución histórica del movimiento obrero del Distrito, la influencia del anarquismo en diferentes conflictos y las huelgas sucedidas hasta antes de 1929. Asimismo, en su trabajo muestra el conocimiento de los hechos con mucho detalle, y es probable que la información recogida le fuera trasmitida por los propios protagonistas de aquellos conflictos mineros.
Este registro histórico de huelgas mineras contiene lo que denominamos “conciencia histórica”, pues evalúa tales conflictos y concluye con lecciones sobre las causas de sus fracasos, va más allá de la descripción y mirada del cronista, y propone una interpretación histórica sobre la evolución del sindicalismo revolucionario en el Distrito.
La consolidación de este nuevo tipo de sindicalismo ocurre después de la catástrofe ocurrida el cinco de diciembre de 1928 en el socavón María Elvira, aparentemente producto de la negligencia de los ingenieros de la compañía norteamericana al excavar un pozo de ventilación que salió directamente a la laguna de Morococha, causando la inundación de minas y galerías. En esta catástrofe perecieron 32 trabajadores mineros. Gamaniel Blanco (1930:4), dice: “Los lugares adyacentes a la referida fábrica –la casa hacienda Pflücker–, no eran otra cosa que lodazales infernales, en cuyo centro se encontraba la ‘Laguna de Morococha’, seca, hoy, por el desagüe efectuado últimamente por la Compañía Americana, Cerro de Pasco Copper Corporation, después de la gran catástrofe minera del 5 de diciembre de 1928.” Sobre este hecho luctuoso, los indicios y declaraciones posteriores, nos conducen a conjeturar que no fue un “accidente de trabajo” o, “producto de la fatalidad y la mala suerte” como se divulgó oficialmente durante el gobierno de Augusto B. Leguía, sino un frío y calculado “riesgo de inversión” que tomó la gerencia de la transnacional norteamericana para solucionar las incesantes inundaciones de lodo y cieno en minas y galerías debajo de la laguna que afectaban la extracción del mineral.[4] El costo económico resultante fue beneficioso para la compañía norteamericana, si se considera que el secado de la laguna acortó los gastos para retirar el agua de las galerías y túneles mediante bombas de elevación a superficie. El túnel construido para el desagüe y secado de la laguna Morococha fue denominado Kingsmill, en alusión al Gerente de Cerro de Pasco Copper Co., quien probablemente ordenó la construcción del túnel de ventilación al superintendente de Morococha, Geo B. Dillimgham.
Los accidentes de trabajo fueron y son un tema permanente en el trabajo minero, aunque Gamaniel Blanco solo ha consignado una parte de estos, pues existe abundante registro fotográfico y periodístico de la época sobre el tema.
Dentro de este registro de conflictos y huelgas en el Distrito, se consigna información sobre la huelga del 10 de octubre de 1929. Aquí el texto resulta un testimonio de parte. Resulta interesante comprobar que Blanco fue elegido Secretario General de la Comisión Obrera de Reclamos, no laborando como trabajador minero sino como maestro de la escuela que financiaron los obreros de la compañía norteamericana y de la negociación Puquio-Cocha.
Esta comisión de Reclamos la integraron Adrián C. Sovero (Presidente) Ramón D. Azcurra, Abel Vento, Enrique Saravia y Alejandro Loli como delegados y vocales. La Comisión conformó el Comité Central de Reclamos y presentó un pliego de peticiones al Superintendente de Morococha, Alexander McHardy. El motivo desencadenante fue la decisión de dicho funcionario de reducir el salario de los lamperos de mina y el despido arbitrario de 50 trabajadores, a los cuales la compañía norteamericana se negó a reconocerles el pasaje de regreso a sus localidades de origen.
La huelga afectó la producción y extracción del mineral por cuatro días, habida cuenta que se había desencadenado la crisis económica mundial y ello afectaba directamente a los intereses económicos de la Cerro de Pasco Copper Co. Ante esta situación, los dirigentes mineros siguieron los procedimientos y normas legales de la época para evitar una dura represión. El Prefecto de Junín, Augusto de Romaña, instaló un contingente policial e hizo de intermediario en la negociación del pliego de reclamos con el Gerente General de la compañía minera, Harold Kingsmill, el superintendente de Morococha Alexander McHardy, y el delegado del Ministerio de Fomento, Nicolás Salazar Orfila.
Este testimonio de parte de Gamaniel Blanco está incompleto sino se asocia con la intervención directa de José Carlos Mariátegui (1984: 667) en dicha huelga, tal como se lee en su carta a Moisés Arroyo, la que dice:
“Conviene que converse Ud. sobre esto con el compañero [Abelardo] Solís y que escriba a Morococha. Dígale a [Abelardo] Solís que el acta de fundación de la Federación de Trabajadores del Centro, con sede en Morococha, dejaba pendiente la constitución de la organización especial de los mineros. En vista de esto, el Comité ha deliberado la constitución del sindicato de mineros y fundidores del centro. El sindicato de mineros y fundidores del centro será, además, el punto de partida de la Federación de Mineros del Perú”.
Los dirigentes mineros viajaron a Lima para tratar el pliego de reclamos con el gerente de la compañía norteamericana. Esta delegación visitó a José Carlos Mariátegui y con ello consolidó sus vínculos organizativos y políticos. La resolución de la huelga no consiguió el aumento del salario y la restitución de los trabajadores despedidos, en cambio, logró el reconocimiento del Comité Obrero de Reclamos, como legítimo interlocutor de los trabajadores mineros ante la Cerro de Pasco Copper Corporation. Gamaniel Blanco (1930:17) deja testimonio sobre este logro, como secretario general de la Comisión de Reclamos: “Uno de los triunfos más rotundos conseguidos por los representantes obreros fue el derecho de organización y la estabilidad del Comité Obrero de Reclamos. En suma: el movimiento obrero de 1929 fue una epopeya heroica y digna del proletariado de Morococha.”
El testimonio de Blanco no da información sobre las consecuencias posteriores de esta huelga: la detención de José Carlos Mariátegui y muchos sindicalistas e intelectuales bajo la acusación de un “complot comunista”. Mariátegui (1984:677) en una carta dirigida a César Miró, afirma:
“Mi casa es designada como el centro de la conspiración. Se me atribuye especial participación en la agitación de los mineros de Morococha, que en reciente huelga, que ha alarmado mucho a la empresa norteamericana, han obtenido el triunfo de varias de sus reivindicaciones, entre otras las de su derecho a sindicalizarse. El gobierno acaba de obligar a los obreros a renunciar al aumento que gestionaban y se teme que nosotros defendamos e incitemos a los obreros a la resistencia.”
Conviene destacar que en el final de esta primera parte, Blanco reafirma el logro de la estabilidad del Comité Obrero de Reclamos, el derecho de sindicalización como un triunfo que causaría férrea oposición de la compañía norteamericana, cuyo directorio no respetó la legislación peruana sobre derechos laborales y condiciones de trabajo, pues, siguió utilizando el sistema de enganches y contratas como medio usual para la captación y el empleo de campesinos en sus minas, librándose de responsabilidades en gastos que atendiesen sus necesidades más básicas.
Parte 2. Administrativas
En esta segunda parte se nota el arduo trabajo por recoger información y la organización de los datos obtenidos y presentarnos un esquema coherente del proceso evolutivo del desarrollo urbanístico del Distrito. Gamaniel Blanco consigna la Ley Nº 683 que reconoce a Morococha como distrito de la provincia de Yauli. Esta Ley se aprobó en el Congreso de la República el 26 de octubre de 1907 y se promulgó bajo la rúbrica del presidente José Pardo el 20 de noviembre del mismo año. Asimismo, hace un registro de los alcaldes desde 1908 hasta 1930.
Basándose en los datos consignados en el Diccionario Geográfico, de 1918, realiza una descripción geográfica de Morococha. Aquí parece que Blanco desconocía los estudios de Antonio Raimondi y de Alberto Jochamowitz, pues solo consigna los datos biométricos y de la geomorfología del Distrito a grandes rasgos. Describe la evolución urbanística, la expropiación de tierras y el registro de las propiedades de antiguos mineros. Detalla la compra de terrenos a la Peruvian Corporation y a la Morococha Minning Company para la edificación de viviendas, la instalación del alumbrado eléctrico público y particular, además, del saneamiento del agua potable para el distrito.
Consigna además, la representación de las autoridades del Distrito en 1930, entre ellos al alcalde, síndico de rentas, gobernador y Juez de paz del distrito, y a los miembros del puesto de la Guardia Civil.
Constatamos en esta sección que Blanco tiene el cuidado de referir la identidad de cada autoridad y mencionar sus funciones en el Distrito, pues se puede tener un buen panorama sincrónico de cada personaje en 1930.
III. Instituciones
En esta sección, Gamaniel Blanco brinda referencias sobre las instituciones sociales presentes en el Distrito en 1930 y los lugares de ubicación de cada una de ellas y refiriendo la procedencia de la población laboral. Lo interesante que presenta Blanco se refiere a los conflictos y antagonismos entre trabajadores motivados por el origen regional de procedencia. Estas rivalidades asentadas en la diversidad de las mentalidades que traía cada trabajador, lo interrelacionaba con otros desde la identidad de presentar sus hábitos y costumbres arraigadas en el molde cultural. Al respecto dice Blanco: “Así un trabajador que pertenecía a la provincia de Pasco no podía verse con otro de Jauja; uno de la provincia de Tarma, menos con otro de Jauja, uno de la provincia de Huancayo ídem con otro de Jauja, así sucesivamente.” La rivalidad se mostraba presentando la diversidad de costumbres y folclore, la ejecución musical y forma del baile de cada uno. Afirma Blanco que: “Distinguíanse los provincianos por la tonalidad de sus músicas. Los naturales de Huancayo y Jauja organizaban sus orquestas con arpas, violines y clarinetes; los de Tarma, Cerro de Pasco y Yauli usaban guitarras, violines seguidos de un coro.”
Este antagonismo fue utilizado en la competencia por el puesto de trabajo en la mina. La manera de distinguirse estuvo en la forma de la vestimenta, la preferencia por el consumo de alimentos provenientes de sus lugares de origen o por las maneras peculiares de pronunciar variantes del quechua. Todos estos requisitos laborales traslucen formas de identidad cultural que colisionan muy a pesar de que pertenecen al mismo estrato social.
En el siguiente cuadro resumimos la exposición de las instituciones que registra Blanco en el Distrito hasta 1930:

Cuadro Nº 01: Instituciones culturales y sociales en Morococha hasta 1930

Institución Fundación Procedencia de socios
O1. Centro Social Morococha. Julio 1922. Morococha
02. Club Movilizables Nº 1. 10 de agosto 1922. Yauli-Morococha
03. Sociedad Minera de Auxilios Mutuos Yauli. Febrero 1913. La Oroya
04. Casino Internacional Julio 1929 Empleados CPCC
05. Sociedad Protectora San Jerónimo 6 de octubre 1928 San Jerónimo
06. Centro Cerreño de Protección Mutua 6 de septiembre 1925 Cerro de Pasco
07. Comité Progreso Concepción 2 de octubre 1930 Concepción
08. Progreso Huaripampa Octubre 1930 Huaripampa
09. Sociedad Pro Cultura Nacional 10 de febrero 1929 Todas las regiones

Notamos que todas estas instituciones son de carácter mutualista. La Sociedad Protectora fue un sistema organizativo de ayuda y auxilios mutuos, muy arraigado durante esta década. Blanco da mucha importancia al Centro Social Morococha por la participación de sus miembros en la vida social del Distrito. Merece resaltar que la mayor parte de líderes sindicales del Distrito se agrupó en el Club Movilizables Nº 1, destinado a la instrucción premilitar y de tiro.
Para cada institución se mencionan sus directivos y sus finalidades. Blanco (36) detalla cada característica de dichas instituciones, por ejemplo, el Comité Progreso Concepción refiere que su finalidad es: “…practicar hábitos de mutualidad entre sus componentes y laborar por el progreso material de la villa de Concepción”. Sobre la Sociedad Protectora San Jerónimo, Blanco (34) informa que: “Sus fines son de laborar por el progreso material de dicho pueblo y cultivar la mutualidad entre sus miembros. Esta Sociedad está empeñada en la compra de un reloj público para obsequiarlo, luego, al distrito de San Jerónimo como homenaje de los naturales de la antedicha villa, residentes en este asiento minero”. Los fines propuestos reflejan unidad de intereses y muestran lo superficial del sistema organizativo social del distrito durante la década de 1920-30.
En esta sección, Gamaniel Blanco no brinda información sobre la Sociedad de Pro Cultura Nacional, un organismo atípico y distinto a los mencionados anteriormente, cuya finalidad fue la educación y formación cultural de los trabajadores mineros. Esta Sociedad realizaba actuaciones culturales en el teatro Reborí, en las que participaron los escritores Abelardo Solís, Clodoaldo Espinoza Bravo, Arturo Bravo, entre otros. Este órgano cultural fue conducido por sindicalistas cercanos a la influencia de José Carlos Mariátegui. También lo integraron los maestros de los Centros Escolares Obreros que preparaban las conferencias y charlas referidas a economía minera, salubridad, campaña contra el alcoholismo, literatura de la época, música y recitación poética. Fundada en febrero de 1929, fue presidida por Adrián C. Sovero, quien fue secundado por Augusto Mateu Cueva como secretario general. Este último narró el desenvolvimiento de esta Sociedad en Lampadas del minero, en su cuento: Una actuación cultural.
IV Deportivas
Merece destacarse la descripción que realiza Blanco sobre el fútbol como deporte preferido por la población a partir de 1927. Si se toma en cuenta la altitud del Distrito, 4530 metros sobre el nivel del mar, se desprende que su dificultad para practicarlo se debe a las condiciones fisiológicas a la que es expuesto el organismo humano, pero que sin embargo, se practicaba en campeonatos distritales. Describe la presencia de clubes deportivos, algunos “correctamente organizados” y otros aún en formación. Destaca la juventud de los trabajadores mineros y la facilidad de practicar este deporte. Registra la conformación de la Asociación de Clubes Unidos de Morococha, que luego, en 1930 fue cambiada a Federación Distrital de Foot-ball. Indica que existían en Morococha los clubes: Leoncio Prado, Sporting Morococha, Alfonso Ugarte y Club Sport Progreso. Informa que se disputaba la copa donada por la Gerencia General de la Cerro de Pasco Copper Corporation, tanto en la primera como en la segunda división.
Sección siluetas
La inserción de fotografías de estudio como muestra del estatus social en el distrito, presenta el texto de Blanco como una combinación entre monografía y testimonio social. Presenta una galería de las esposas de los funcionarios de medianas empresas mineras y de autoridades locales. Así también, la galería de señoritas representa a las hijas de dichos personajes, además de las maestras que laboraban en el Distrito. La galería infantil deja sentada la paternidad y filiación de los niños, cuyos padres desempeñaban funciones oficiales. Llama la atención que Blanco no insertara ninguna imagen de funcionarios de la Cerro de Pasco Copper Corporation.
El registro fotográfico que presenta Blanco en sus Apuntes Monográficos de Morococha es de suma importancia, pues no solo se ha detenido a presentar personajes, sino en lo posible ha brindado en todo el texto imágenes tomadas por el estudio fotográfico Pecho-Luna. No sabemos si hasta hoy se ha preservado su archivo fotográfico en el Distrito. Conjeturamos que este archivo fotográfico debió registrar imágenes sobre conflictos laborales, de trabajadores mineros por secciones, entierros y ceremonias religiosas.
Paralelo al estudio fotográfico Pecho-Luna, aparece otro fotógrafo importante, Sebastián Rodríguez. Sobre este último, Francés Antmann (1981:121) realizó un estudio de su archivo fotográfico, cuyas imágenes estudiadas muestran parte de la vida minera en el distrito, que va desde 1928 hasta 1968. “Sus fotografías –dice Antmann– no solamente demuestran las condiciones materiales de un grupo humano sino también nos permiten apreciar sus actitudes hacia el mundo, expresadas en los gestos, poses y comportamientos adoptados por los personajes ante la cámara.” Queda muy poco de este archivo que constituye una memoria invaluable en el estudio histórico de Morococha. Informa Antmann (123) que en 1974 “la mayoría de sus negativos en placas de vidrio fueron destruidos y arrojados como cualquier desperdicio en un basural en la pampa de Morococha sin que nadie reparara en la pérdida de tan valioso testimonio”.
El estudio fotográfico Pecho-Luna, es mucho más antiguo que el de Sebastián Rodríguez, pues funcionó desde 1915 y no sabemos cuándo dejó de brindar sus servicios a la comunidad. Estuvo ubicado en Morococha Nueva, al costado de la oficina de Correos de la época. Los registros fotográficos de Pecho-Luna fueron utilizados por Gamaniel Blanco para publicaciones sindicales. También el diario La Voz de Morococha utilizó sus servicios para ilustrar las noticias referidas al Distrito.
El rescate del archivo fotográfico Pecho-Luna permitirá un amplio conocimiento sincrónico de hechos y sucesos notables en el Distrito y contribuirá a revalorar una parte de nuestra historia económica, social, política y de sus protagonistas.
SECCIÓN PANORAMA INTELECTUAL
Esta sección se inicia presentando ensayos, subgénero didáctico en el que se plantea un problema y se defiende desde el enfoque personal de su autor. El ensayo como estilo ágil y directo permite extender el análisis y la interpretación de la información disponible y plantear tesis a modo de una aproximación panorámica de la temática tratada. En esta sección verificamos que cada autor invitado recurre a la redacción periodística, construyendo sus textos de manera resumida pero amena, con mucha pasión y compromiso en las ideas vertidas.
Puede considerarse cincos áreas temáticas en los que pueden agruparse los ensayos en este panorama intelectual:
1) El ensayo sociológico y político: tópico centrado en presentar un diagnóstico de las condiciones en 1930 y de sus formas de solución. En esta área se presenta el texto Algunas palabras sobre el capital y el trabajo, del párroco de Yauli, sacerdote L. Martínez Malpartida (p. 45), quien presenta una visión ecunémica sobre el conflicto entre trabajo y capital, planteando su reducción a un problema moral, antes que económico y social.
Asimismo, en el ensayo Del ambiente nacional, Antonio Pasquale (p.59), ex Director del diario La Voz de Morococha resulta una recusación a la política de minería del gobierno de Augusto B. Leguía, interesado éste en brindar facilidades al capital norteamericano y restringir las facilidades a los empresarios nacionales. Aquí los argumentos presentan las condiciones asimétricas entre el capital foráneo y la emergente burguesía minera.
Por su parte, en La caída de la juventud en Morococha (p.80), ensayo sociológico de Julio A. Espinoza G., se aprecia una visión demasiado distorsionada acerca de los jóvenes en Morococha, visión carente de optimismo que requirió una nota del editor, mostrando sus diferencias con este artículo y planteando una visión positiva y optimista del progreso de la juventud morocochana.
2) El ensayo social sobre la condición del indio: su evolución histórica, las condiciones sociales, económicas y culturales en las que se halla inmerso y las soluciones ante la condición de postración y dominación, partiendo de su inclusión en la formación del Perú como nación.
En el libro En el día del indio (p.50), de Eduardo Willstatter, maestro del Centro Escolar Obrero, se presenta una visión distinta y recurrente sobre la historia peruana. Sobre el tema del “indio” o “indígena”, su condición de postración y dominación, se plantea que el problema hallará solución mediante la tenencia de la tierra. Este mismo tema se lee en Palabras, de Serapio Pinelo Leyva (p. 79), cuya crítica al tratamiento del tema es como una fiesta que coincide temáticamente con Willstatter, aunque supone que el acceso a la educación resolvería el problema de su condición social y económica.
El ensayo político sobre el tema del “indio” se muestra con Comentarios breves de Héctor A. Herrera (p. 54), y coincide con los mismos términos escritos por José Carlos Mariátegui en sus 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana. Aquí Herrera inserta el problema de la condición laboral del campesino emigrado a las minas y de los efectos del “polvo de la mina”, partículas de sílice que generan la neumoconiosis como enfermedad de trabajo minero.
3) El ensayo valorativo biográfico: tiene por finalidad rendir homenaje a José Carlos Mariátegui, cuya desaparición física sucedió meses antes de publicarse los Apuntes Monográficos de Morococha. En 1930, distintos núcleos culturales y personalidades de las provincias del Perú, influidas por el Amauta, publicaron revistas cuya temática es su pensamiento y obra. Por ejemplo, el Boletín Titikaka, editado en Puno, contiene textos de sentido similar al editado por Blanco. Los dos articulistas, ambos maestros, confrontaban una “campaña de desmariateguización” que hubo iniciado Eudocio Ravinez, inmediatamente después del deceso del amauta.
El ensayo político sobre José Carlos Mariátegui se muestra en dos artículos escritos por dos maestros del Centro Escolar obrero: Nuestros valores continentales. José Carlos Mariátegui, de César Augusto Palacios (p. 67) y El hombre prócer de la historia, de A. Adolfo Villar (p. 83). Ambos trabajos presentan una revalorización del pensamiento y obra del Amauta. En palabras de César Palacios “Con José Carlos Mariátegui se principia nuestro verdadero estudio de la realidad nacional con una visión y un criterio revolucionarios.” Coincide Villar cuando se aproxima a la obra política de Mariátegui, y afirma: “…era el revolucionario científico; en una palabra fue el hombre que vio de cerca el agitado problema del socialismo”. La exégesis que hacen resulta de mucho interés y permite comprender la influencia de Mariátegui en dichos maestros. Asimismo, su temprana desaparición queda registrada en este párrafo: “José Carlos no ha muerto, José Carlos Mariátegui vive y vivirá, mientras sus ideas científicas persistan en esta generación y en la venidera. Si su cuerpo ha desaparecido, su alma revolucionaria y su corazón noble perdurarán en “Amauta” y en sus obras inmortales, cada vez, más ávidos de nuevos ideales.”
4) Ensayos feministas: referidos a la condición de la mujer en 1930. Los textos escritos por maestras presentan un esquema del problema partiendo de la perspectiva histórica, analizan la función social y política de la mujer, la de sus deberes y derechos como la proyección de su desarrollo personal y profesional, concluyendo con la temática amorosa.
Zoila Aurora Zevallos, en su artículo: Importancia de la educación de la mujer (p.47), presenta un tema polémico para su época, la elevación cultural y social de la mujer peruana. Esta posición se sustenta en su educación e invita a romper con los tabúes que impiden su desarrollo en el trabajo profesional. Las feministas peruanas pueden encontrar aquí sus referentes más sólidos.
También causa admiración el contundente artículo La mujer ante la historia (p. 85), de María Consuelo Vento. El tema de la presencia de la mujer peruana en la historia reciente y sus paradigmas femeninos más relevantes, resultan aleccionadores. La autora no se detiene en personajes ya conocidos como Dora Mayer de Zulen, Zoila Aurora Cáceres y Magda Portal, sino presenta algunas protagonistas desconocidas que han marcado un hito en el feminismo peruano: Julia Isabel Castañeda, Miguelina Acosta Cárdenas y Rosa María Guerrero.
El artículo de Juana Rosa Sovero Mis dos amigas (p. 69), cambia el sentido de las visiones anteriores, presenta un giro temático sobre lo femenino, donde la frivolidad y el tema amoroso se abordan desde la perspectiva intimista y desenfadada. La moral y las costumbres de la época siguen un esquema conductual del amor “puro y duradero”, acompañada de inocencia, belleza e inteligencia.
5) La prosa intimista: con estilo periodístico, ágil y breve, recurre a la visión psicologista para presentar el estado anímico del articulista respecto a lo cotidiano y social. Aquí se incluyen las “palabras de aliento” para el director de Apuntes Monográficos.
El giro temático intimista se presenta en el artículo Una tarde (p. 48), de Adrián C. Sovero, redactado como testimonio el tema recurrente es la nostalgia de la adolescencia y el presente de la difícil vida minera. En el artículo Recuerdos (p. 77), de José Castillo Matos, recurre nuevamente al tema nostálgico, con alta dosis de intimismo que permiten incluirnos en la construcción vital de un romanticismo cercado por las circunstancias y el olvido.
En Palabras de estímulo (p.63), de M. Herminio Cisneros Z, Director de El Diario de Cerro de Pasco, presenta las condiciones del trabajo periodístico de la época y alienta a Blanco a seguir con los principios de un periodismo objetivo y veraz.
También en este panorama intelectual tenemos textos del género poético. Las cualidades estéticas del lenguaje poético mostrado se asocian dentro de un realismo ingenuo, asociado a un discurso ecunémico e intimista. La influencia de la vanguardia es débil, los tanteos temáticos van por el verso libre antes que el soneto. La unidad temática es la vida minera. En este marco podemos leer Cristo en el Ande (p. 61), de Arturo Bravo; Ciudad muerta (p.75), de Luis A. Rivero; Cuadro minero” (p. 75), de Tomás Miro Quesada; y, finalmente, El hijo del Ande (p. 72), de Gamaniel Blanco, cuya construcción difiere en calidad con su poema Cuadro minero que escribió como letra de una muliza que se recitaba en el Centro Escolar Obrero.
El tema amoroso y romántico, bajo una débil influencia del modernismo, puede leerse en los poemas: Ofrenda (p. 62), de Enrique Díaz; Deja tranquilo… (p. 71), de Alcides Hurtado de Mendoza; Meditación y Nostalgia (p. 74), de César Augusto Palacios; Charleston (p. 75) y Amor (p. 64), de Clodoaldo Espinoza.
En Charada científica (p. 66), de Luis E. Pinto, se rompe con el esquema poético propuesto, sus versos se conducen bajo una construcción lúdica y el cultivo del conocimiento es el fin mismo del poema. Las charadas son un pasatiempo en el que se trata de encontrar una palabra mediante una indicación que hay sobre su significado. Se la descompone en partes, y estas partes forman otras palabras.
Este panorama intelectual representa una muestra de las condiciones culturales que el autor supo registrar en 1930, la presencia de ideas socialistas de sus protagonistas y sus perspectivas personales.
Llama nuestra atención que en Apuntes Monográficos hay notables ausencias en esta sección, pues no figuran textos de Augusto Mateu Cueva, quien ya en 1929 había publicado en la revista Amauta Nº 23 El factor económico de la delincuencia. Tampoco figura Miguel de la Matta, que en esta época ya pergueñaba su novela En la noche infinita, y de Abelardo Solís, cuyo texto El problema agrario en el Perú, publicado en 1932, es reconocido por el nivel de las propuestas que formula. Ellos fueron muy cercanos a Gamaniel Blanco, es probable que surgieran distancias de apreciación del autor, habida cuenta que Blanco fue muy dinámico al momento de lograr la edición de sus Apuntes Monográficos de Morococha.
Si comparamos Lampadas del minero de Augusto Mateu y Apuntes Monográficos de Morococha de Gamaniel Blanco, encontraremos temas comunes descritos sincrónicamente por ambos autores. Los personajes y situaciones descritas son coincidentes, las perspectivas y la estructura de ambos textos guardan unidad discursiva. El nexo y la síntesis entre el ensayo monográfico de Gamaniel Blanco y la narrativa de Augusto Mateu, permite comprobar la propuesta de Ana María Portugal sobre literaturas de no-ficción. El realismo literario se erige como la forma creativa de una literatura proletaria, cuyas motivaciones temáticas son las condiciones de trabajo en las minas durante la consolidación del capital foráneo en 1920.
V. Instrucción
En esta sección Blanco (94) hace un registro minucioso de las escuelas de Yauli- Oroya y del distrito de Morococha. Pone énfasis en la importancia del tema educativo cuando dice: “Este es uno de los puntos que requiere mayor atención dentro del marco de la realidad”. Presenta, también, las denominaciones de las escuelas y los preceptores que laboran en cada una de ellas.


Gamaniel Blanco (derecha, último de pie) y los docentes del Centro Escolar Obrero. Agosto de 1930.

Menciona, además, a la Comisión Escolar Obrera como ente representativo de los trabajadores mineros, quienes ejercían la administración de sus Centros Escolares Obreros a través de la autogestión. Estos trabajadores fueron los primeros en experimentar una educación alternativa en la formación de sus hijos. Destaca Blanco que sostenían sus escuelas mediante el descuento obligatorio de cuarenta centavos del salario que percibían.
Este Centro Escolar Obrero fue fundado en 1924 por un grupo de trabajadores mineros asociados al Club Movilizables Nº 1. Aquellos trabajadores eran empleados por la Cerro de Pasco Copper Corporation y la negociación Puquio-Cocha, de Lizandro Proaño. Funcionó en la antigua Casa Hacienda Pflücker, y solo obtuvo reconocimiento oficial del Ministerio de Justicia e Instrucción en 1926 y fue clausurado en noviembre de 1930. Blanco presenta fotografías del cuerpo docente en 1930, del personal de auxiliares y alumnos y de Ramón D. Azcurra, Presidente de la Comisión Escolar Obrera. Estas imágenes permiten interpretar la participación de sus protagonistas y ubicarlos en el contexto histórico de la época.
Hasta aquí la información brindada resulta un testimonio de parte de Gamaniel Blanco. Lo que no nos informa, pero luego se ha investigado, es que la labor de dichos maestros y trabajadores mineros fue una experiencia educativa marxista inédita en el Perú, que permitió operar cambios en la formación de los hijos de los trabajadores mineros.[5]
Víctor Mazzi Trujillo (2006:5-6), quien estudió en los Centros Escolares Obreros, hace el siguiente testimonio:
“Buena parte de mi infancia transcurrió en el campamento minero de Natividad (Morococha), y la calle comercio de Morococha Nueva, entre el ruido de las compresoras y los días nevados. En 1929 ingresé al Centro Escolar Obrero que, por entonces, no recibía subvención del Estado ni de ninguna empresa minera, ya que solamente se mantenía en base a las aportaciones de los trabajadores. Allí hice el aprendizaje de mis primeras letras bajo el cuidado de los escritores y dirigentes sindicales Augusto Mateu Cueva y Gamaniel Blanco, quienes a la vez habían sido cofundadores, junto a Adrián Sovero y Ramón Azcurra, de la Sociedad Procultura Nacional. Pero en 1930, fueron presos y/o perseguidos por socialistas y por conducir la protesta del movimiento obrero que terminó con la masacre de los trabajadores en Malpaso y, como consecuencia de la represión, murió en 1931, Gamaniel Blanco con las entrañas destrozadas en la carceleta Guadalupe del Callao.“
Testimonio que será referido también por Emilio Morillo (1985:201-202) en un artículo sobre el mismo tema.[6] Asimismo, tenemos el estudio de Eduardo Pacheco y Jesús Raymundo (2005:10-15) sobre el mismo tema. Las noticias sobre el apresamiento de Gamaniel Blanco permiten comprender porqué no se arriesgó a publicar con detalle toda la experiencia educativa, pues la Gerencia de la Cerro de Pasco Copper Corporation vigiló con desconfianza y recelo, tanto sus actividades sindicales como su labor pedagógica. En el diario El Comercio (1931:16) se informa que “éste fue injustamente detenido, junto con varios líderes obreros a raíz de ciertas actividades proletarias en distintas ciudades del citado departamento; extrayéndolo violentamente de su puesto que era el de director del Centro Escolar Obrero de Morococha, desde el cual -es cierto, nos han dicho- que hizo campaña contra los yanquis.” Gamaniel Blanco, quizás, avizoró que esta experiencia educativa duraría poco tiempo debido a su constante confrontación con la poderosa trasnacional norteamericana, la que finalmente impuso la clausura de estos Centros Escolares Obreros.
Esta experiencia educativa mereció todo el esfuerzo y sacrificios por parte de maestros y líderes mineros de Morococha. Gamaniel Blanco (96) indica lo meritorio de su funcionamiento hasta esa fecha. Al respecto dice: “El sostenimiento de estas escuelas, por la clase trabajadora, sin apoyo de ninguna otra entidad, es un timbre de honor y de orgullo para el elemento conciente. Su ejemplo debe ser imitado en todas partes. Loor y gloria a sus fundadores y bendición eterna a los que laboran por su sostenimiento…” Gamaniel Blanco finaliza esta sección con un llamamiento a que esta experiencia educativa debía ser imitada por los trabajadores mineros de Malpaso, Gollarizquisga, Cerro de Pasco y Oroya.
Augusto Mateu (29-37) narra el funcionamiento de los Centros Escolares Obreros, presenta una crítica favorable de dicha experiencia. Ese mismo año (1930), Augusto Mateu Cueva, -siguiendo la propuesta de Gamaniel Blanco-, en el asentamiento minero de Gollarizquisga trató de convertir una escuela fiscal en Escuela Obrera administrada por los trabajadores mineros del lugar, experiencia que fue impedida por la maestra de dicha escuela y por el Prefecto de Junín.
VI. Viabilidad
Aquí Blanco registra las distancias de recorrido desde el Distrito hacia Yauli y Ticlio, los puntos de referencia para la circulación vial, y menciona que al amparo de la redención vial se construirá la carretera Morococha- Casapalca. Esta carretera formará después la Carretera Central. Brinda, además, información sobre llegadas y salidas de trenes de Morococha a Ticlio, como de Morococha a La Oroya, habida cuenta que el servicio ferroviario se cubría de Lima a La Oroya y viceversa.
VII. Otros aspectos
Aquí Blanco menciona a los teatros y cinemas Reborí y Los Andes, donde se proyectaban películas traídas de la capital. Hace también el reconocimiento del Estudio Fotográfico Pecho-Luna. Lo que destaca es la ausencia de un vocero periodístico digno de merecimiento, pues reconoce que un diario permite un vínculo comunicativo con la población del Distrito. Deja pendiente muchos aspectos que deberían consignarse en la publicación, y entrever que en el futuro la monografía deberá incrementarse, hecho que no sucedió al fallecer su autor en abril de 1931.
VIII. Visión histórica de la provincia de Yauli
En esta última parte, Blanco presenta una descripción de la evolución y cambios territoriales de la provincia de Yauli. Indica que hasta 1839 perteneció a la provincia de Huarochirí y en 1876 fue dividida en dos partes, creándose el distrito de Chacapalpa y ambas pasaron a ser parte de la provincia de Tarma, a la que perteneció hasta 1906, con sus cuatro distritos, creándose Morococha en 1907 como el quinto distrito. Desde 1907 pasa a formar parte de la provincia de Junín. Hace referencia a la contribución de su población a la causa patriótica que lideraban el general José de San Martín y su ministro Monteagudo contra las tropas realistas asentadas en su jurisdicción.

Agradecimientos
Finalmente, deseo culminar esta introducción de la edición facsimilar de los Apuntes Monográficos de Morococha, agradeciendo el noble esfuerzo de Luis Pajuelo Frías, notable intelectual cerreño y de las autoridades de la Universidad Daniel Alcides Carrión de Cerro de Pasco por haber puesto en circulación nuevamente este texto, documento básico para entender una parte de la historia regional del Centro del Perú (Junín y Cerro de Pasco) y de uno de sus personajes más representativos del sindicalismo peruano.
Mi agradecimiento a Jesús Crisólogo Galván, por la corrección del texto y sus valiosas sugerencias.
A esta parte final agrego las fuentes y literatura que me han servido para concatenar el texto, que me permiten presentar un panorama y visión integral del autor y su obra.


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NOTAS FINALES
* Apuntes Monográficos de Morococha se publicó en1930, cuyo autor es el insigne maestro Gamaniel Blanco Murillo. Está en curso la impresión facsimilar del texto al cuidado de Luis Pajuelo Frías. El distrito de Morococha y toda su infraestructura está próxima a ser trasladada a otro lugar, para ejecutarse el tajo abierto “Toromocho”, cuya concesión se ha otorgado a la transnacional Chinalco, de capitales chinos. Parte de la historia del sindicalismo minero peruano está por desaparecer, este texto es un estudio crítico de la Monografía de Morococha, escrita por uno de los adalides del sindicalismo peruano, olvidado incluso por los mismos maestros del Perú.
[1] Podemos leer la siguiente noticia del diario El Comercio: «Minutos antes de la una de la madrugada del jueves 16, [abril, 1931] dejó de existir en el hospital Dos de Mayo -(...)- don Gamaniel E. Blanco, quien desde hacía 5 meses se encontraba detenido en la colonia penal El Frontón, acusado de actividades comunistas en el departamento de Junín. / Los parientes del extinto nos han manifestado que éste fue injustamente detenido, junto con varios líderes obreros a raíz de ciertas actividades proletarias en distintas ciudades del citado departamento; extrayéndolo violentamente de su puesto que era el de director del Centro Escolar Obrero de Morococha, desde el cual -es cierto, nos han dicho- que hizo campaña contra los yanquis. / Asimismo nos han expresado que en la isla de El Frontón, contrajo al poco tiempo de ser internado en ella, una grave afección pulmonar, sin que se le prestara ninguna atención médica durante el curso de su enfermedad y sólo cuando estuvo en estado agónico se le remitió al hospital en que ha fallecido a consecuencia de lo avanzado de su mal; y por último que no es cierto que estuviese afiliado al Partido Comunista. / El cadáver de Gamaniel E. Blanco fue sepultado ayer en el cementerio general de esta capital.»

[2] “Plata en piñas” forma natural con que podía encontrase el mineral conteniendo plata, en forma parecida a una piña o anona.

[3] En el epistolario de Antonio Raimondi, Tomo I p. 112, hay una nota interesante sobre este empresario minero, dice: “Carlos Renardo Pflücker Schmiedel. Comerciante y empresario minero. Nació en Waldenburg, Baja Silesia, Prusia. Fue funcionario de la compañía Gibbs en Guayaquil, Ecuador, donde conoció a Gertrudis Rico Rocafuerte, con quien posteriormente contrajo matrimonio, a mediados de 1834. En ese año, ya era socio de Gibbs, Crawley & Co. y trabajaba en el departamento de ventas en Lima. Con el señor Juan Francisco Izcue fundó la compañía peruana de minas de cobre. En 1842 se asoció con Federico Schulte para criar gusanos de seda. Llegaron a tener más de cincuenta mil gusanos y muchísimos más huevos. Sin embargo, este negocio fracasó. Entre los años 1853-1863 incursionó en la explotación de las minas de cobre de Antamina, cercanas al pueblo de San Marcos, en el departamento de Ancash. Debido a la baja del precio del cobre, se paralizó este tipo de exportaciones. Como él había consignado su material a la Casa Gibbs- Londres y la sucursal de Lima le hacía adelantos sobre el mismo, terminó endeudado por una gran suma de dinero. Habiendo fallecido en 1860 su primera esposa, el 14 de septiembre de 1872 contrajo segundas nupcias con Paula Ampuero. Fue despedido del establecimiento de Gibbs con la excusa de que dedicaba demasiado tiempo a otras actividades, ya que era propietario de asientos mineros donde se encontraban las minas de cobre de Morococha y Quispisiza, además de las de plata de Tuctu. Con los ingresos producidos por los yacimientos de Tuctu logro cancelar todas sus deudas.

[4] Sobre esta catástrofe véase en Amauta Nº 22, p. 82 la carta que envían los trabajadores mineros a su director, José Carlos Mariátegui, fechada el 14 de enero de 1929, texto que determina la culpabilidad de la compañía norteamericana, aunque no percibieron que no fue pérdida económica, sino ahorro en gastos de mantenimiento de máquinas para retirar el agua en las minas. “En efecto, -escriben los mineros de Morococha- las funestas consecuencias de la catástrofe ocurrida en las minas de la Copper Corporation han sido debidas al descuido de los empleados técnicos, a la desmedida ambición en la explotación del mineral y a la economía mal entendida de la compañía. He aquí, pues, las consecuencias que nada o casi nada importa a la compañía, en cuanto se refiere a la vida de los obreros que han sucumbido; pero sí, seguramente, en cuanto toca al capital perdido. Su actitud lo evidencia.”

[5] Para mayor información véase mi texto: Una experiencia alternativa en la educación peruana: los Centros Escolares Obreros de Morococha: 1926-1930.

[6] Morillo, Emilio (1985) Cultura andina y educación popular, en Tierradentro número 3, pp. 201-202. Dice: “Una experiencia educativa poco conocida fue la realizada en los Centros Escolares Obreros de Morococha (1928-1930). Nos relata el poeta obrero Víctor Mazzi quien vivió aquella experiencia como alumno, que estos Centros Escolares fueron organizados y subvencionados por los propios obreros mineros interesados en desarrollar los elementos de una conciencia cultural clasista. Esta actividad de autoeducación obrera con una clara definición revolucionaria pretendía incorporar también los aportes de la Cultura Andina. Los principales sostenedores de los Centros Escolares Obreros fueron Augusto Mateu Cueva (director), Gamaniel Blanco, Adrián Sovero, entre otros; ellos formaron la Sociedad Procultura Nacional y organizaron la Biblioteca Obrera de Morococha.» Visitaron en Lima a José Carlos Mariátegui y lo nombraron Presidente Honorario de la Sociedad Pro Cultura Nacional, lógicamente Mariátegui también impulsó la acción pedagógica de los centros”, nos puntualiza Mazzi. La experiencia culminó con la masacre de Malpaso y la persecución y encarcelamiento de los dirigentes mineros. Mazzi recuerda algunos contenidos educativos que allí estudió estuvieron relacionados con la definición del hombre del Ande, sus motivaciones, la flora, la fauna, temas que motivaron las obras literarias de Mateu Cueva como: Gualda y Rosicler y Lampadas de minero. Asimismo las mulizas y huaynos que cantó y bailó de contenido social, muchos de ellos fueron compuestos por Gamaniel Blanco. Gamaniel publicó en 1930 Apuntes monográficos de Morococha (Simón Camargo Editor) pero su obra teatral Gloria a la madre es inédita. Esta experiencia, creemos, merece un análisis detenido que, ubicándola en las condiciones históricas concretas, la crisis y la situación revolucionaria que se vivió en aquellos años, la confronté con la orientación y contenidos que le dieron sus líderes al movimiento social y a los Centros Escolares Obreros.”

Chosica, octubre de 2008.

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