domingo, 15 de junio de 2014

Los Intelectuales en la Historia y Destino del Perú*

Edgar Montiel.

Hablar hoy de "Intelectuales", de "Historia" y de "Destino del Perú" tiene algo de diagnóstico, de pronóstico y de propuesta. Ayer se hablaba en términos de "problema y posibilidad" ¿Cuál es el rol de los intelectuales en los destinos del Perú? ¿Cuál es el lugar del pensador, el creador y el productor en la sociedad peruana? ¿Cómo abordar los retos del futuro desde un Perú intercultural, inmerso en un mundo global y complejo? ¿Con qué visión? ¿Con qué conceptos?

Inka Garcilaso de la Vega durante la redacción de Los
Comentarios Reales de los Inkas. Pintura de Francisco Gonzáles Gamarra.
biquémonos en la Historia. Volver inteligible una realidad histórica, geográfica y cultural como la peruana, de una urdimbre densa y antigua —que no es lineal en nada— fue un enorme desafío que surgió en las azarosas circunstancias de la Conquista, cuando se inicia la implantación del nuevo orden andino. A pesar de la adversidad, en medio de la desestructuración del mundo incaico provocado por la instauración violenta del orden colonial, surgieron mentes preclaras que se esforzaron por entender, mediante el logos escrito y las imágenes, lo que iba a ser esa entidad emergente llamada Perú. Así surgió, desde el principio de la Conquista una preocupación prospectiva por esa realidad naciente. Como se sabe, los Comentarios Reales del Inca Garcilaso de la Vega no fueron comentarios sobre la realeza nobiliaria sino "comentos de la realidad" social y política circundante, para rectificar a los cronistas españoles que no hablaban quechua. Otro esfuerzo, con otro lenguaje, fue el del entrañable Guamán Poma de Ayala con el Primer Nueva Corónica y Buen Gobierno, quien se propuso objetivos semejantes: saber y dar a conocer como era la sociedad que surgía de los cambios y cómo servirse de las instituciones del pasado para la gobernanza del presente. Así el Inca Garcilaso, Guamán Poma de Ayala y Juan Santa Cruz Pachacuti conformaron el primer corpus intelectual que, desde la mirada andina, avizoró la nación surgente, un mensaje "a los tiempos venideros, que es cuando más sirven las historias", como resumió Garcilaso.
Guamán Poma por él mismo. Dibujo
donde se autoretrata caminando
por los Andes del Perú.
Hoy en día —horas antes del mundial de futbol en Brasil- impulsados por la comunicación satelital y un mercado globalizado, todos los pueblos del mundo estamos embarcados en un viaje civilizatorio sin retorno, que tiene como destino una ciudadanía intercultural planetaria. Nuestra Historia ha dejado registro de personas que con su vida y sus obras han anticipado este escenario. En el caso del Inca Garcilaso, cuzqueño, mestizo de la primera hora, migrante, poliglota, traductor, escritor y soldado con la pluma y con la espada. Reivindicó temprano su condición de mezclado (Montaigne), por pertenecer a la generación fundadora nacida en la Conquista: "me llamo yo a boca llena y me honro con el" dijo el mestizo cusqueño. Sobre la obra de Garcilaso queda todavía mucho por hacer.

El mundial de futbol del Brasil, que en unas horas inmovilizará ante sus televisores a dos mil millones de personas, podría constituir la metáfora óptima de la modernidad extrema. Una muestra de lo que el conocimiento, la ciencia, la tecnología ha logrado para construir una economía global, un turismo de masas y una comunicación planetaria. También es una muestra de la alienación masiva por la vía del espectáculo, la reducción de la capacidad crítica, donde cualquier patada pasada en cámara lenta adquiere una dimensión lirica...

Pero en esta hora cumbre de la modernidad extrema hay que recordar —porque a veces se silencia interesadamente- la contribución de América a la Modernidad. Repasar y repensar la genealogía de la modernidad. Tener presente que el siglo XVIII produjo mucho y América tuvo, en el ámbito de la política y de las nacientes Ciencias Sociales, una capacidad de experimentación. Así, hay que reclamar para nuestra región una contribución al humanismo renacentista, y en general al surgimiento de la Modernidad. La primera prueba de esta contribución es el crucial debate que se dio en 1551 entre dos grandes figuras: Fray Bartolomé De las Casas -que se esfuerza por hacer legible los saberes de la América lejana y desconocida- y el Padre Juan Ginés de Sepúlveda -el mejor tratadista y filósofo político europeo de ese momento—, nada menos que para contender sobre la condición humana o no del hombre originario de América. Detrás de las tesis de Las Casas se encontraba la Escuela de Salamanca -encabezada por Francisco de Vitoria— quien elaboró las primeras bases conceptuales de lo que serían el Derecho Natural, Derecho Internacional y Derecho de Gentes. Estos principios iban a servir dos siglos después, para generar toda la teoría del Derecho Natural que sirvió para el proceso de Independencia en las Américas y las ideas de Libertad e igualdad individual en la Revolución Francesa.

A la luz del efecto desencadenante que juegan las fuerzas productivas en las Ideas y las acciones de los hombres, hagamos un repaso del proceso independentista. El movimiento de independencia de las Américas se gesta a lo largo del siglo XVIII y tiene su periodo cimero en 1776 con la Declaración de la Independencia de los Estados Unidos y la guerra de Independencia de 1780 a 1783, exactamente en el mismo periodo en que se produce una rebelión separatista en el sur, liderada por José Gabriel Túpac Amaru. El levantamiento se inicia en Tungasuca con una Declaración que pone al Bien común al centro del movimiento, proclama la libertad de los esclavos, la reducción de los impuestos y el respeto a los pueblos originarios, e invita a la concordia entre los pueblos del común. Una rebelión fundada en conceptos modernos, donde se advierte la huella de los círculos intelectuales del Cusco y Lima, donde José Gabriel anudó compromisos con comerciantes indios nobles, mestizos y criollos interesados en el desarrollo de las fuerzas productivas. Este levantamiento fue atrozmente reprimido, siguiendo los protocolos de la dinastía borbónica cuando se atenta contra el Rey. El castigo fue extremadamente violento, traumático. El Rey decretó que había que desaparecer a todos los Túpac Amaru a quienes se aplicaron severas penas, y decretó una revolución contracultural, contra todo el legado inca: vestidos, pinturas, fiestas, músicas, ceremonias; se dispuso desaparecer los ritos y las fiestas "paganas", se prohibió la circulación de los Comentarios Reales. De todo esto fue testigo un niño de once años. Fernandito Túpac Amaru, llevado a la fuerza a Cádiz, donde se educó en las escuelas pías. Estaba interesado por lo que pasaba en Paris y siguió de cerca los acontecimientos de la Revolución Francesa y el proceso de la Independencia.

El acceso a nuevas fuentes documentales y la conceptualización de nuevos enfoques historiográficos permitirían una seria revisión del relato histórico. La historia de la Independencia merece volver a ser replanteada a la luz de documentos provenientes de Inglaterra, Francia, España y de Norteamérica, como son los papeles de los embajadores norteamericanos en París y Londres, como Benjamín Franklin, Thomas Jefferson, Governeur Morris, John Adams, Rufus King. Entre estos papeles están los informes de Juan Pablo Vizcardo y Guzmán, el joven jesuita expulsado a Italia. Cuando se produjo el levantamiento de Túpac Amaru, se convirtió en informante y consejero de la Corte Inglesa sobre los alcances del movimiento tupacamarista. En 1781-1783, los ingleses ya disponían de un informe detallado de lo que había sido este levantamiento gracias a la visión estratégica y la experiencia de Vizcardo y Guzmán. Era lo que ahora se podría llamar un "agente de inteligencia", tenía una visión intelectual y operacional de los procesos.

Lo que surge de estos materiales es que los procesos de Independencia de América del Sur y el de América del Norte forman parte de un mismo proceso de Independencia continental, que arrancó temprano, desde 1750, con levantamientos y proclamaciones. Llama la atención que la guerra de Independencia de los Estados Unidos se diese en el mismo momento en que Túpac Amaru estaba luchando en el Sur. Los españoles estaban preocupados de una eventual injerencia inglesa, pues ya estaban presentes en el Río de la Plata. En Arequipa hay un documento que menciona la Independencia de las colonias del Norte. En 1780 en Filadelfia se editaban muchos libros revolucionarios y fue donde se juntaron los expulsados de los virreinatos de México y Perú con Thomas Paine, Thomas Jefferson, John Adams, George Washington. En París se lee al Inca Garcilaso, autor de referencia gracias a la edición de los enciclopedistas (1744, conocida como edición Jardin du Roi), edición leída por Condorcet, Voltaire, Montesquieu. También hubo un circulo revolucionario que se hizo llamar Pachacútec, el "reformador del mundo", donde se encontraban los amigos de Jacques Pierre Brissot, el "americano", cabeza de los girondinos y decapitado en la época del Terror, hispano­-hablante, cercano a Francisco de Miranda, había estado en los Estados Unidos y conocía bien la situación de las colonias ibero-americanas.

En el Perú el Inca Garcilaso y Guamán Poma sentaron temprano las bases de una tradición interpretativa que luego seguirían Juan Pablo Vizcardo y Guzmán, José Sánchez Carrión, Manuel Lorenzo Vidaurre, Hipólito Unanue, Manuel González Prada, Luis E. Valcárcel, Víctor Raúl Haya de la Torre, Víctor Andrés Belaunde, los hermanos García Calderón, Raúl Porras Barrenechea y Jorge Basadre. Todos ellos participaron en la construcción de las bases conceptuales para el surgimiento de grupos intelectuales consistentes, y es en este contexto que se explica el surgimiento de hombres como José Carlos Mariátegui, herederos de los pensadores e intérpretes de primera hora, quienes lograron avances fundacionales muy importantes. En la construcción colectiva del conocimiento en las Ciencias Sociales y humanas, Mariátegui ha jugado un papel de primer orden, gracias a sus 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana. Aportó una nueva visión por la realidad americana, suficiente para generar una ruptura epistemológica: los enfoques pre-mariateguistas quedaron como "arcaicos", y al mismo tiempo se abrían las puertas para entrar en el post-mariateguismo.

El primer avance que se logró con Mariátegui es su método: fue un marxista, pero no ortodoxo y repetidor, sino con una visión hermenéutica de la historia. Fue a su modo, un cientista social que leía, citaba sus fuentes, investigaba, daba cifras, interrogaba a los diferentes actores sociales: campesinos, obreros, estudiantes o científicos. Mariátegui se desmarcó de cierta prosa dispersa, de los años 30, por su elegancia, exactitud, frases cortas, y sus propuestas programáticas. Esa tradición han seguido ensayistas como Carlos Fuentes, Eduardo Galeano, Ernesto Sábato y Mario Vargas Llosa. La obra de Mariátegui ha tenido un impacto en el ámbito intelectual y menos en el ámbito político, porque lleva una propuesta, un programa de cambios. En los años 60 y 70 Perú ha experimentado un notorio desarrollo del pensamiento social y filosófico, y se puede afirmar que hay una escuela de Ciencias Sociales en el país. Pero en contrapartida, desde el punto de vista político, de Estado, no se ha traducido significativamente en la práctica. Hemos creado todo este cuerpo de ideas, sin embargo, en términos de acceso al poder e influencia en el Estado y el Gobierno, no ha habido grandes progresos. De modo que el programa de Mariátegui y de sus herederos en el trabajo de diagnóstico y propuesta nacionales sigue pendiente de realización.

Esas son tareas pendientes que Mariátegui no tenía por qué haberlas pensado porque actuó en una época diferente. Por eso es preferible, cuando se trata de ponderar el aporte de un pensador, de hacerlo en términos de contribución cognoscitiva a la construcción del proyecto nacional, y no en términos de "vigencia" en el tiempo. Gracias a Mariátegui y la herencia de los pensadores que lo precedieron se produjo un cambio cualitativo en el análisis de la realidad. En esta tradición se inscriben intelectuales contemporáneos que han proseguido este esfuerzo hermenéutico: Augusto Salazar Bondy, Gustavo Gutiérrez, Francisco Miró Quesada, José Matos Mar, Aníbal Quijano, Alberto Flores Galindo, David Sobrevilla, Sinesio López, Hugo Neira, Ricardo Melgar, Nelson Manrique, Hernando de Soto, y una fecunda generación emergente de científicos sociales que despunta hoy en día. Estos intelectuales forjaron, generación tras generación, una tradición de pensamiento estratégico preocupada por elaborar exámenes de la realidad que les permitieran responder a los retos de su tiempo. Pusieron de este modo el Conocimiento al servicio de la Política —nótense las mayúsculas— como la contribución propia de los intelectuales a la construcción colectiva de la nación. Los monumentos heredados del pasado por si solos no fundan una nación. No habría nación peruana, como concepto cultural y político, sin un discurso de esta identidad colectiva, y un relato de su actuación histórica. Esta construcción fue y es obra de los intelectuales. Hay que reconocer esta contribución capital de los intelectuales -como categoría social- a la construcción del proyecto de vida nacional, y atribuirles un rol relevante en las funciones de Estado y de Gobierno. Por ahora esta categoría social, cuyo oficio es conocer y pensar el Perú, está excluida de las funciones de Estado.

Los intelectuales tienen un rol de primer orden para enfrentar los desafíos de hoy. Útil seria adoptar la misma actitud de Mariátegui ante González Prada, cuando se trató de hacer un balance: "Hay que emular al maestro en el espíritu y no en la letra". El espíritu de José Carlos Mariátegui fue el de la creación, ante los desafíos de su época. José Carlos supo ser innovador en sus métodos, enfoques y propuestas. Al respecto, vale la pena anotar que en ciertas prácticas intelectuales de hoy se advierte la ausencia de una visión estratégica en los temas que se abordan: muchos estudios de micro-realidades que no se inscriben en una visión de conjunto, abundan diagnósticos de los problemas sociales que no aportan las propuestas remediadoras, como si estuviéramos lisiados para la inventiva social y política. Vemos por Historia que tenemos una tradición en materia política, de creatividad, pero no le damos el debido valor. En contraste, vemos que en la región se están dando procesos sociales innovadores y alternativos, de gran interés para los pueblos, avances que se consagran en sus Constituciones (Bolivia, Ecuador, Chile). Las nuevas generaciones debemos estudiar estos fenómenos propios de la región, como la institucionalización de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe, CELAC, y de Suramérica, UNASUR, como entidades rectoras del autogobierno continental. La participación de Brasil en el BRIC, junto con Rusia, India y China. Hay una preocupación por responder a las realidades latinoamericanas, ser creativos en el plano de la política, la tecnología, del saber y generar propuestas políticas. Debemos forjar los puentes entre el conocimiento y el ejercicio de la política. El personal político del Gobierno no cuenta con visiones estratégicas, prospectivas, hermenéuticas y no están en sincronía con la necesidad de innovación, reforma; hay poca creatividad política, social y tecnológica. Hay poca honradez. En este escenario, la Universidad primera del Perú tendría mucho que decir y hacer.

Actualmente, el Perú y América latina pasan por un periodo memorial marcado por las solicitudes historiográficas del Bicentenario de la Independencia. En ese contexto se inscribe la próxima conmemoración del cuarto centenario del fallecimiento del Inca Garcilaso (2016) y la celebración el 2017 del cuarto centenario de la publicación de la Segunda parte de los Comentarios Reales (publicado post-mortem con el título no autorizado de "Historia General del Perú"). A pesar de esta notable carga memorial el Estado peruano no cuenta todavía con una Política Pública de la Memoria, que se ocupe de manera sistemática y concertada — con Ministerios, Universidades y Sociedad Civil — de la gestión democrática de la memoria histórica, su apropiación cognoscitiva por la sociedad, y su necesaria transmisión a las nuevas generaciones, vía la educación y los medios de comunicación. Los pueblos necesitan alimentar su memoria, eso los cohesiona y refuerza su sentido de pertenencia como comunidad (Ver al respecto El poder de la cultura, FCE, 2010).

Por ahora, la agenda de Gobierno no incorpora los intangibles de la Historia y la Cultura en la canasta básica de la conciencia ciudadana, sin los cuales se dificulta construir día a día la Nación, la Sociedad, y la República. Efectos visibles de ésta ausencia es concebir la celebración del Bicentenario de la Independencia como día totémico, el 28 de julio de 1821. Así se silenciaría injustamente los movimientos sociales que en el siglo XVIII se rebelaron primero contra el imperio colonial, cuya expresión mayor fue la rebelión liderada por José Gabriel Túpac Amaru. Esto se tomaría como una negación al Derecho de Memoria de los pueblos andinos y una adhesión a una visión parcial, limeña y criolla, de la independencia. La historiografía continental reconoce esta Rebelión como el primer movimiento sudamericano de independencia del poder colonial (ver Porras Barnechea, Bodislao Lewin, Carlos Daniel Valcárcel, Charles Walker, Scarlet O'phelan).

A pesar de la atonía oficial, hay una actividad efervescente del lado de la sociedad como de Universidades y Facultades; frecuentes debates que, desde enfoques históricos, discute temas literarios, políticos, económicos, filosóficos y propiamente históricos.

Honorable Señor Rector:

Si en el pasado fue en San Marcos donde se pensaba el Perú y de donde egresaron los equipos dirigentes de la Sociedad y el Estado, la pregunta es cómo hacer hoy para que San Marcos retome su misión esencial de pensar y estructurar la nación peruana de nuestros días y poder incidir con eficacia en los destinos del país. Honrado por este Reconocimiento como Profesor Honorario de la Universidad Decana de América, habituado como estoy a pensar y actuar, permítame hoy plantear un Plan de Trabajo a realizar en San Marcos en los próximos años:
1.       Cumplir con algunas deudas pendientes con los intelectuales indígenas y mestizos de la primera hora como el Inca Garcilaso de la Vega, Guamán Poma, Juan Santa Cruz Pachacuti. Ver dónde están sus textos originales. Identificar quienes los han leído y qué influencia tienen sobre ellos. Hay grandes autores que han sido lectores del Inca. Identificar que autores les han influido.
2.       Crear un Premio Nacional de Ensayo para autores jóvenes, menores de 30 años, que con un enfoque innovador aborden los temas cruciales de la realidad peruana de nuestro tiempo.
3.       Para incidir en las políticas de Estado, recomiendo crear en San Marcos una Escuela Nacional de Gobierno, ENGO, donde se formen los cuadros intelectuales y técnicos que se incorporen al trabajo del Estado, en la capital y los departamentos. No hay Reforma del Estado, Descentralización y Gobiernos Regionales si no se forman esos tejidos dirigentes honrados y capaces para la gobernanza a nivel local y nacional. Dejo en sus manos, Honorable Rector, la creación de esta Escuela. (Ver nuestro libro "Gobernar es saber. Formar Hombres y Mujeres de Estado para la Nación" FCE Lima 2006).
4.     Complementario del punto 3, promover una línea de investigación y de acción en materia Intercultural, de modo que este concepto sea operacional en las políticas públicas de la Educación, la Salud, la Seguridad, la Ciudadanía, la Economía la Publicidad, la Diplomacia, la Memoria. La interculturalidad es una característica de la globalización actual, y es nuestro deber gobernar este concepto en favor del desarrollo armónico y durable del Perú.

En el mundo vivimos hoy, entretenidos por la imagen — las cámaras convierten todo en espectáculo somos parte de los 1,200 millones de viajeros anuales y aportamos a esa fusión de culturas que sirven a la configuración de identidades múltiples. Testigos de la erosión de los epistemes hegemónicos nos interesan más los pensamientos alternativos, interdisciplinarios, postcoloniales, que sirvan a repensar a fondo los procesos históricos (se acabó la matriz única, la razón surge de todas partes: China, India, América, Europa, etc). Todo esto conduce a una revisión raigal de los modelos de vida, de convivencia con la naturaleza, de hábitos de pensar, de participar en la economía, la política y la sociedad.

Para gobernar esa nueva ola de conflictividad socio-cultural que surgen con los cambios — como la exclusión y el racismo — la interculturalidad resulta un medio suave — softpower— para desactivar los miedos, pues conociendo a nuestros semejantes, compartiendo nuestras culturas, música, comidas, nuestros modos de pensar, trabajar, bailar, orar y amar, nos preparamos colectivamente a una interacción cordial, fraterna y provechosa para la colectividad toda. Este es el sentido de la Declaración Universal de la UNESCO sobre la Diversidad Cultural, aprobada en el 2001, de orientar los apremiantes cambios socio-culturales del mundo. En su artículo primero reconoce que "la diversidad cultural es un patrimonio cultural de la humanidad" y que al ser "fuente de intercambios, de innovación y de creatividad, la diversidad cultural es, para el género humano, tan necesaria como la diversidad biológica para los organismos vivos".

Esto es ciertamente un tremendo reto para los gobiernos y los ciudadanos. Necesitamos aprender nuevas formas de gobernanza, a eso deberán servir las políticas inclusivas en lo social e innovadoras en sus enfoques, la incorporación de la dimensión intercultural en los servicios de salud y de justicia, el debido respeto a las memorias, el fomento de una educación intercultural, y la práctica de una comunicación social respetuosa de la diversidad. Acciones que reducen la conflictividad. Por fortuna no estamos solos, podemos contar con la sabiduría colectiva y con la poderosa experiencia de intelectuales heroicos como el Inca Garcilaso, Guamán Poma de Ayala, Juan Pablo Vizcardo y Guzmán, Hipólito Unanue, Flora Tristán, Manuel Gonzáles Prada, José Carlos Mariátegui, Raúl Porras Barrenechea, Jorge Basadre, José María Arguedas, a quienes convocamos aquí y ahora. Ante este cambio de época, no invocamos sus nombres en vano.

Sala Capitular, Antigua Casona de San Marcos. Lima, 12 de junio 2014

*Conferencia en Ceremonia de Reconocimiento como Profesor Honorario de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Reproducido con autorización expresa del autor, con su agradecimiento al cuerpo docente y autoridades de la Facultad de Letras, quienes propusieron al Rector de San Marcos conceder dicha distinción académica.

Edgar Montiel. Economista, filósofo, ensayista y funcionario internacional. Doctor en Desarrollo Económico y Social, y Diplomado de Estudios Avanzados en Filosofía Política, por la Universidad de París I, Pantheón-Sorbone. Como ensayista es autor de los siguientes textos: El humanismo Americano (FCE, 2001); El Nuevo Orden Simbólico (SECIB, Madrid, 2002); Hacía una mundialización Humanista (UNESCO, París, 2003); Gobernar es Saber, Formar Hombres y Mujeres de Estado (FCE, 2005) y, El Poder de la Cultura. Recurso estratégico del desarrollo durable y la gobernanza democrática. (FCE,2010).