sábado, 17 de diciembre de 2011

GAMALIEL CHURATA

Perspectivas de Churata. Diseño del autor del artículo.

I: El autor y su obra
La obra y pensamiento de Gamaliel Churata (seudónimo de Arturo Peralta Miranda), causa sorpresa y desencuentros cuando se trata de ubicarlo en algún canon literario : desde la primera edición del Qori challwa (Pez de oro) y la última edición realizada por José Luis Ayala (AFA Editores), y la Resurrección de los muertos edición de Ricardo Badini (ANR Editores) nos muestran a un autor que ha decidido adoptar el propio canon a partir de su pertenencia con su mundo andino, escrito cerca al lago Titicaca, donde confluyen tres universos idiomáticos distintos: runsasimi, aymara y español.

El pez de oro muestra la ruptura del canon literario: no se puede tipificar El Pez de Oro dentro de algún genero literario, en esta obra se integran: oralidad, prosa, ensayo, poesía y novela. Puede considerarse como hipertexto cuyos temas abordan: mito, magia, religión, ciencia y filosofía. Está escrita a manera de una crónica contemporánea, donde se recogen todas las informaciones que el autor va consignando e interpretando, muy cercana a la Nueva Corónica y Buen Gobierno de Felipe Guamán Poma de Ayala.

A pesar de que aún se conocen sólo dos de sus catorce obras inéditas, permite saber y conocer el universo de una propuesta que muchas veces se le denominó “indigenista” (una literatura creada por quienes simpatizaban y defendían sus causas y universo cultural, sin ser nativos). Churata hablaba con voz propia, como parte de ese maravilloso universo que es el mundo andino. Desde temprana edad, su forja autodidacta le permitió publicar artículos, narración poesía en distintas revistas de Lima y Bolivia, incluyendo las de la región Puno donde participó activamente hasta su exilio en Bolivia.

La parte biográfica de Gamaliel Churata destaca un rasgo distintivo de la década de veinte del siglo pasado: el autodidactismo. Fue esta condición de autodidacta la respuesta por adquirir formación educativa, como educación alternativa de adquisición de cultura. Gamaliel Churata sólo estudió hasta el tercer grado de primaria, en el Centro Escolar 881, de Puno, cuyo Director fue el ilustre educador don José Antonio Encinas. De formación iconoclasta, comprometido con los ideales socialistas de Mariátegui y pluma versada de la racionalidad andina. Churata muestra su proyección de lo que debería causar una buena educación contraria a su función dominante de la escuela de su época, en la introducción del texto: Un ensayo de escuela nueva en el Perú, escrito por su maestro Encinas, narra la fructífera labor y misión de los maestros. Escribe:
"Él [José Antonio Encinas] supo despertar en sus alumnos la simpatía necesaria por el trabajo fecundo, conduciéndolos más allá de los programas escolares con evidente propósito de suscitar la manifestación de personalidades vivas."

El influjo de Encinas marcará la vida intelectual de Gamaliel Churata. Su trabajo cultural la realiza fuera de los claustros universitarios. Trabaja como bibliotecario del Municipio de Puno, aprovechando eficientemente su acceso a una actualizada y variada bibliografía. Su epistolario se expande a distintos departamentos del Perú y hacia el exterior: Colombia, Costa Rica, Cuba, México, Argentina, Chile, Francia. Motivada por el intercambio de publicaciones, y el intercambio de opiniones intelectuales.

Si algún rasgo distintivo debemos apreciar de la intelectualidad puneña del siglo XX y de este siglo, es su cosmopolitismo. Manuel Pantigoso ha denominado ultraorbicismo a esta peculiar característica de la identidad puneña: ser considerados ciudadanos del mundo. Muchos intelectuales puneños que residieron y residen en Europa y Norteamérica lograron destacar en ambiente cultural extranjero muy distinto al propio. Churata no escapó a esta condición. Autoexiliado en Bolivia, desarrollará una labor intelectual que despertará admiración y receptividad por sus propuestas y ensayos periodísticos que expondrá en diferentes periódicos y revistas. La reivindicación del universo cultural y social nativo aymara-quechua muestra la creatividad de los “otros” quienes escribían sobre sus propios problemas y generaban propuestas desde su propia condición. El mensaje de Churata encajaba perfectamente en este ambiente intelectual boliviano, menos pro-hispanista y más nacionalista.


Gamaliel Churata y Aída Castro. Archivo fotográfico de
Pedro Pinedo Aragón, nieto del escritor arequipeño.
II: Aproximaciones y alcances reflexivos

La principal motivación de este artículo es abordar una primera aproximación sobre la peculiar reflexión filosófica de Churata expuesta en El Pez de Oro.

Gamaliel Churata viene a representar el primer intento orgánico por ubicar su obra dentro de un discurso auténtico, original, planteándose la construcción de un sistema de categorías de reflexión y creación basada en la propia cosmovisión andina. Toma distancia respecto a la adecuación de sistemas y categorías de reflexión, surgidas en realidades distintas a la propia, inicia la problematización de su propia condición colectiva, peculiar, de gran riqueza mítica, mágica (Laykakota, es el lugar de los “curanderos” hampicamayuq o laykas), y la dialéctica.

Al leer El Pez de Oro queda la impresión de haber leído un texto donde el autor «atropella» las normas gramaticales del español, y plantea el diálogo autor lector bajo los propios signos comunicativos, apelando al quechua y aymara. Con esto logra demostrarnos la lejanía en que vivimos de nuestras propias identidades nacionales y la comunicación con aquellas, indica Gamaliel Churata que hemos seguido una historia signada por la hegemonía de la reflexión hispanista.

La originalidad del mensaje que emana de El Pez de Oro es plantearnos la presencia del habla propia frente al discurso que hegemoniza el canon, en un claro rechazo al dominio colonial que hemos sufrido en el Perú. El uso del idioma nativo se utilizó como un valioso instrumento de resistencia y a la vez permitía representar una estructura reflexiva de alcances insospechados y rica en categorías y conceptualizaciones para pensar la propia condición, una de sus funciones flexibles fue el de apropiarse de lo mejor de la cultura europea para complementar el propio discurso, y mostrarnos modelos de pensamiento originales y auténticos

En la homilía (a modo de discurso religioso) que sirve de introducción en el Qori Challwa, Churata expone sus motivos de originalidad:

«...conservar así las creaciones específicamente literarias - (...)- en que no raquítico el ingenio de sus poetas y filósofos. El caso es que nos empeñamos en tenerla valiéndonos de una lengua no kuika: la hispana. Y en ella borroneamos como «indios», aunque no en indio, que es cosa distinta. Y aun así esto será posible sólo si resultamos capaces de hacer del español- solución provisional y aleatoria- lo que el español hizo de nosotros: mestizos para España también aleatoria y provisional solución-, pero un mestizo puede germinar en nueve meses y salirse toreando. Un idioma no.»

El mestizaje que alude, refiere a la condición a nuestra identidad cultural como enajenación, no nos hemos reconocido dentro de la alteridad como “el otro”, ese otro son los “indios”, aquellos que están lejanos de nosotros y los consideramos como extraños en un universo que hemos construido para alejarnos de ellos, sin comprender que los “otros” somos nosotros mismos. Hemos cultivado una cultura cuyos representantes, no son los propios nativos, hemos creado una cultura que los margina y los hace sentir extraños en su propio terruño.

Considera Churata que la reflexión europea marcadamente logocéntrica, se aferra a sus orígenes griegos, a su mitología y cosmogonía como principio único universal aplicable a las demás civilizaciones del mundo, en respuesta a esta visón estrecha de la filosofía, propone retornar a nuestros propios mitos y cosmovisión, reflexionar integrando todas las calidades morales, mágicas, y de ciencia andina, esto es lo que hoy se conoce como perifilosofía. (filosofía realizada por otras sociedades distintas a la griega).

Los textos filosofantes que aborda resultan una toma de conciencia desde el mundo andino para la creación de una propia reflexión frente al predominante eurocentrismo de la cultura oficial. Su propuesta anti-metafísica, su oposición al racionalismo de Renato Descartes, citada en la frase: “No soy porque pienso, soy porque duelo”, nos conduce a construir un dialogo de oposición similar a la dualidad de un universo que se ha destruido y cuya posibilidad de rescatar resultaría en mostrar las heridas históricas de la desestructuración del Tawantinsuyu.

Siguiendo el método de argumentación de Sócrates, Churata dialoga con Platón y otros filósofos griegos, demostrándoles que desde el mundo andino, es posible generar un pensamiento muy distinto a la de ellos, pero que al final confluyen en nueva dimensión de reflexión.

Su reflexión siguiendo un esquema yanantín (“dialéctica” andina) abordaría un criterio de desarrollo entendiendo que el universo pequeño, contiene al macrocosmos. Escribe:

«¿El verdadero cosmos no será la célula? ¿El concepto de espacio habrá de ser rectificado, pues se ve que la «idea» de magnitud se concibe sólo en sentido inverso al volumen; así cuanto mayor su espacio menor? Y esto porque es la célula el individuo que posee la cualidad de permanencia, del poder estar, si las formas a que concurre, son susceptibles de desintegración y ella no conoce otro estado que el estar. ¿Este cuerpo u organismo, mínimo, constituye la sola realidad? ¿Al último, los sistemas complejos que rigen el movimiento astral determinan el suyo, o del suyo parte la rítmica cósmica? Contesta, Plato.

El lenguaje reflexivo al cual apela, sirve como pretexto para reflexionar sobre temas antropológicos abordados bajo la visión de un yatiri (sabio) o la de un kallahuaya (médico andino) que imparte salud utilizando la herbolaria y el análisis de lo psíquico que se antepone como problematización. Cuando hace referencia a Sigmund Freud, aborda la discusión sobre el subconsciente, lo onírico se torna racionalista, y dicha reflexión apela al argumento de identificar subconsciente con Wayñusiña:

«La ciencia nos debe una respuesta más allá de las resecas conclusiones estadísticas que hacen de la ciencia del espíritu una meta psíquica metabólica. ¿De qué elementos se compone lo que se llama el subconsciente? ¿Podrá decidir de la conducta y de las ideas y concepciones del hombre? Sí, así, ¿En qué punto de la personalidad radica? Experimento en mí la presencia de naturaleza extraña, no obstante, afín, de cuyas manifestaciones recibo a veces deleitosos efluvios, como otros me desconcierta con su inaprensible ser. Estoy convencido que esa extraña naturaleza es ella, mi wayñusiña; es la flor que a partido el movimiento de instilación que la ha llevado a aposentarse en mi personalidad. Y esto me ha inducido a pensar que aquello que llamamos subconsciente acusa, simplemente, la presencia de consciencias que se albergan en la personalidad humana; y constituyen nó una consciencia subyacente, sino una consciencia múltiple.

En todo momento la voluntad del hombre se forma de acumulación de voluntades; esto es, el hombre actúa en representación de una multivoluntad, casi universal.»

La discusión precede a desestructurar todo lo racional, bajo un volitismo que recurre a un esquema antropológico, antes que antropocéntrico. La voluntad precede al individuo, su conciencia puede representarse como multiplicidad.


José Luis Ayala acaba de reeditar el Pez de Oro (AFA Editores)
Esta reflexión, cercana a una ontogénesis que limita con el sentido discursivo de la muerte [Wayña o thanatos], lo que muere, debe trastocar en semilla que vuelve a nacer, se asocia con la palabra en runasimi «mallqui» que a su vez significa muerto y semilla:

«...en la célula está el cosmos; por tanto su potencialidad genésica resulta absoluta. Al relajarse infundirá a su módulo individual en célula femenina, y, transfundida por ese medio, rebrotará. Esto es, que no puede morir quien ya vive. Mirado así el proceso de la arquitecturación celular es una permanente germinación; a medida que vivimos perdemos cáscara más no células. Cuando muere el individuo -animal o planta- hizo más que penetrar en el óvulo de que tornará a nacer. Morir será solo Nuevo Nacimiento»

Esta idea de muerte como semilla sigue un discurso tan antiguo que podemos leer en la crónica de Joan Santa Cruz Pachacuti Yamqui Salcamaygua, perecer sólo significa renacer como semilla en las futuras generaciones.

La reflexión de Churata resulta un modelo para rearmar, de los textos publicados hasta ahora se vislumbra un universo andino que integra diversos elementos culturales, que van desde los propios hasta los ajenos, todos en perfecta armonía y componiendo un discurso que no es una “vuelta al pasado”, sino un presente que explica lo que somos como “cultura hibrida”, una consecuencia de una dominación colonial que en quinientos años no pudo destruir no saquear el tesoro más importante del Tawantinsuyu: su cultura.

A continuación presento un texto de nuestro autor, que resume parte de su reflexión original.


Foto de Churata en la decada del 30 del siglo pasado.

Dialéctica del Realismo Psíquico *
                                                                             Gamaliel Churata

Tomado del libro: "Simbología de El Pez de Oro" (Badini-Churata-Ayala). Editorial San Marcos, 2006.

Dos cuestiones previas. Mis buenos camaradas de Orko-pata me manifestaron ayer, después de mi primera conferencia, que a ellos más les habría complacido oírme discurrir sobre el tema de la Dialéctica del realismo psíquico, Alfabeto del incognoscible, que dar lectura de las treinta páginas de ella. Ciertamente, eso habría sido inclusive más placentero. Pero yo soy devoto contrito de toda norma disciplinaria. Y los Chaskis tienen establecido que toda conferencia en su seno debe ser previamente conocida por sus miembros directivos; sin que esto importe limitar la libertad de expresión del conferenciante. Esa es la razón por la que en esta misma operación de exégesis, yo me someto con agrado a la norma. Y otra, la más importante. Una dama hermosa y gentil se me allegó ayer y me dijo que, lamentablemente, ella no estuvo a la altura de los temas tratados, y que de la conferencia había entendido poco. Es necesario que yo exprese con todo afincamiento que reconozco tales temas abstrusos, y que darles expresión asequible al demos mayoritario, no es tarea propia y menos factible. Pero, es que aquí estamos frente a otra cuestión grave en suma medida. Los hechos -y yo pretendo discurrir con ellos y en su materia- no son discutibles: tienen que poseer la rotunda verticalidad de la vida y cuando no se entiende la fraseología dialéctica, el hombre que oye debe buscar si oye con el sentimiento. Es decir, si en la conciencia se le hace sensible la materia de la exposición.

Cuando digo los muertos no están muertos, he, reciamente, lanzado una proposición insólita. Y cómo lo demuestra usted, se me dice. La palabra humana no da para estas demostraciones. Entonces respondo: tienen que responder ellos –los muertos- ¿Y cómo? ¿Cómo? Hablando. Si están vivos pueden y deben hablar. Oímosles pero no con los oídos de la inteligencia, sino con los de la entraña. Si están en parte alguna, digo yo que es en nosotros donde están, porque es en nosotros que los sentimos. ¿Dónde nos duelen? ¿Dónde lloramos lo que fue nuestra adoración? En el corazón. ¿O no es en el corazón que sentimos la ausencia de nuestros muertos? Sí, en él es. Entonces, digo yo a la dignísima señora que me honró con su amable confidencia: de qué le serviría, señora, haberme entendido, si siente usted que es como yo afirmo, que es en su noble entraña donde los muertos se hacen manifiestos. Ya estamos acá frente a un problema gnoseológico subitáneo. El verdadero conocimiento de la realidad no puede venir de la inteligencia, sino del sentimiento, es decir de la capacidad sensorial de la naturaleza humana. Transportémonos a Alejandría, ese foco del África de donde parten las irradiaciones del misticismo cristiano, y vemos en los desiertos la tragedia del místico. Él se recluye en una cueva y en ella sufre las torturas del Demonio que le asedia en la figura del Súcubo, el alma torturada por las psicosis genitales, y ya es la hurí de floral epidermis, la niña desnuda que se le ofrece. Y el asceta concibe que son formas demoníacas del enemigo del alma que trata de sumirlo en los vertiginosos abismos del mal… Pero, allí hay un filósofo que siente el mismo asedio, y ve las mismas figuras infernales que ya le arrastran al delirio de la locura. Pero tiene la suficiente serenidad y objetivismo para comprender que esas naturalezas son individuos de un orden genético, y se aplica la medicina más grotesca, si se quiere pero la única acorde con la realidad sensorial: se yugula. Y las visiones y tormentos desaparecen. Esto entiendo yo por la Dialéctica del realismo psíquico. Proclo se llama ese filósofo, como el de la Tesalia se llama el famoso Antonio de cómo. Si San Antonio hubiese poseído el sentido realista del teólogo que fue Proclo habría curado de su mal como este lo logró.

Este hecho de la realidad está señalando que el verdadero conocimiento de la realidad íntima del mundo interior de la conciencia humana no puede ser abarcado por los inteligibles, puesto que estos son el idioma de entes enfermos que crean en la naturaleza conciencial del hombre, un mundo ficticio del cual se valen para dominar a prójimos ya como Súcubos o Incubes, y es lo mismo decir Demiurgos o Daimones. Revisar esto en centón de las teodiceas de todos los pueblos es encontrar en los símbolos de la demonología arábiga o helénica la confirmación de que la realidad del mundo interior humano está constituida por la presencia de los muertos en la sangre y la naturaleza medular de los vivos. Cuando tenga yo la suerte de lanzar al conocimiento de mis amigos el texto del libro Resurrección de los muertos, estoy seguro de que estas breves anticipaciones serán definitivamente comprendidas.

Pero, no sólo la hagiografía, esto es la biografía de los santos, nos revelará la realidad, sino el análisis de la Metafísica, y el análisis metafísico de la poesía de los hombres, demostrará que los muertos no sólo existen en nosotros, sino que se han estado expresando a través de los milenios sin que se llegase a entenderlos por no saber sentirlos. Entre esas expresiones recientes, tenemos que tomar en cuenta unas del filósofo francés Sastre, quien en su biografía, de la cual ha entregado ya una primera parte, manifiesta que él no morirá; mas permanecerá entre los hombres convertido en un corpúsculo magnético, un estallido microscópico de estrella, viviendo con ellos, dueño de una conciencia viva, actual, filosófica y política. Así es en efecto. Pero es que el ateo Sastre, materialista de cátedra, juzga que su Yo, su ego, es la forma en esencia de su materia, y no obstante repudiar las especulaciones místicas, que son de la misma índole, ignora que ese Yo, es sólo le genes, la semilla del hombre, como reveló Proclo sin haberlo entendido.

Es, pues, la simbología de El Pez de Oro nada más que la dramatización de ese individuo genital al que se ha dado el nombre de alma, y es el principio dinamogénico de la naturaleza germinal del Universo, y es su naturaleza de conciencia, de eternidad de fruto. El Pez de Oro es el genes del Hombre del Tawantinsuyu; la Sirena, su madre, el símbolo de la naturaleza germinal del agua; su padre, el Khori-Puma, la raíz animal del hombre. Y ya tengo que decir a ustedes que la abuela de El Pez de Oro es la Pacha-Mama, que nosotros los orkopatas llamamos, la Mama-Khamak, la tierra fecunda que constituye la gleba universal de la vida. Entonces se verá fácilmente que, desde los versículos del primer capítulo hasta las puntualizaciones de los restantes, hay sólo la dramática de la raíz animal del hombre que lucha por recuperar la semilla de su hijo El Pez de Oro, a quien la muerte intelectual le había amputado de la carne. Y si ese decurso se refiere no ya al problema universal e histórico del hombre, sino a los episodios del homicidio del Tawantinsuyu, se comprenderá que la batalla del Puma se dirige a levantar de la tumba el alma de la patria.

Es claro que las imágenes de los retablos del Laykhakuy no todas infieren a morfologías zoóticas, y algunos vemos que son meramente esqueletos homines; pero para la buena comprensión de sus formas se debe entender que allí donde aparece el hombre es porque está viviendo su naturaleza humana, y allí donde aparece humano está viviendo su naturaleza animal.

¿Esto se dirigirá, pues, a deprimir la dignidad del hombre? Nunca. No puede deprimir al hombre su realidad; porque es su realidad cuanto puede suministrarle salud orgánica y acuidad de conciencia; ya que pretender que el hombre sea sólo posible en una proposición silogística es borrarle del orden de la vida, la cual es en lo que es y no en lo que el alma enloquecida de los espíritus sostiene que sea.

Creo que con las puntualizaciones que he brindado ayer y las de ahora, ya el lector de El Pez de Oro se hallará en condiciones de entender las simbiologías de su dramática. Mas debo responder a la observación que se me ha formulado con mucha sindéresis. ¿Por qué –me dijeron nuevos amigos- pudiendo usted exponer la trama de su libro las cosas como ahora plantea, optó por dejar el acertijo para la fatiga de quienes se interesan por su obra?

Mi respuesta es simple, y creo que honesta. Porque El Pez de Oro es para mí también una experiencia, La experiencia de encontrar una escritura en el momento que está diciendo Yo, en el momento que está expresando su ego. Los temas que él trata no son nuevos, aunque sí muy viejos. Y su presentación simplemente dialéctica y sus conclusiones no habrían arribado sino a conclusiones silogísticas, felices en el mejor de los casos. Y hoy no se trata de la fortuna de un libro literariamente juzgado, sino de buscar demostraciones en la experiencia. No es esta un hazaña proselitista, ni vengo a buscar la formación de una capilla teúrgica; vengo a decirle al hombre, a descubrir en él la realidad de su conciencia, y conocer allí si los hechos pueden determinar la realidad de su naturaleza, o las ideas, esa creación espirita de la filosofía que acabó haciendo del hombre un ente de razón sin raíces en la biología y con un infierno en el corazón, en el cual fermentan todas las pasiones abyectas, lacerando la carne humana actual y ahogando en detrimento y vaciedad y odios a las conciencias nobles de nuestros muertos que sufren ese infierno.

Pero, hágaseme el honor de entenderme que esta planificación empírica de la realidad del subconsciente, que llamaba el psicólogo Yung, no se dirige a sectarismo alguno, ni pretende ponerse frente a las religiones y la fe de las gentes. Es un llamado, sin apostolado alguno, al hombre para que, por su cuenta, sin valerse ya de agentes condicionados, se resuelva a su conciencia, no responda a dinamogénicas teúrgicas, sino a leyes propias a todos los seres de la Naturaleza. Y enfrentado a ese problema responderán los hechos, aunque el Verbo de los inteligibles enmudezca para siempre…

Y ahora, soy todo oídos para responder al compromiso de la mesa redonda que inaugurará el señor secretario de los Chaskis, a quienes rindo mi más profundo agradecimiento por la oportunidad que me brindaron de hablar desde este altoplano del Titikaka, a los míos y al hombre, al hombre que vemos y al que nos vemos, aquel que desde nuestros ojos está mirando el decurso de este carromato desvencijado, que conduce el Diablo, y que se llama la Historia del Hombre.

Puno, febrero 1965.

* Ricardo Badini encontró esta conferencia entre los escritos inéditos de Churata Fue publicada recientemente con comentarios de José Luis Ayala y el mismo Badini.

[1] Véase Miguel Ángel Huamán: Fronteras de la escritura: Discurso y utopía en Churata. A este magnifico estudio se agrega una cantidad apreciable de artículos publicados por distintos autores en diferentes medios periodísticos.