Presentación del libro: Mariátegui antifascista de Víctor Mazzi Huaycucho.
martes, 30 de junio de 2026
Invitación a presentación del libro: Mariátegui antifascista
sábado, 27 de junio de 2026
LEONCIO BUENO BARRANTES, UN EJEMPLO DE LUCHA
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| Afiche de homenaje por el Ministerio de Cultura |
Discurso pronunciado el viernes 26 de junio de 2026, en el Ministerio de Cultura del Perú, que otorga reconocimiento a Leoncio Bueno Barrantes.
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| Discurso de reconocimiento a Leoncio Bueno Barrantes |
Muy buenas noches: señores embajadores del Estado de Qatar y República de Portugal, señor Viceministro de Interculturalidad, directivos del Ministerio de Cultura, asistentes a este magno evento, señoras y señores:
Hoy se brinda un
merecido reconocimiento a don Leoncio Bueno Barrantes, nacido en 1921 en la
Hacienda La Constancia de Trujillo, que hoy ya cuenta con 105 años de vida.
Agradeciendo a su hija Sara Bueno Román hija de su primer
compromiso con Andrea Avelina Román Pimentel y la familia política Román
Zevallos; a Gladys Vargas Machuca hija política, con su hermano Samir y
hermanas de su segundo compromiso con Blanca Rojas Zevallos por designarme como
representante para recibir en nombre de la
familia Bueno, el merecido reconocimiento que hoy le concede el Ministerio de
Cultura con la Orden de los Grandes Maestros de la Cultura, en este día que
de clausura del mes de celebración de la cultura afroperuana.
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| Entrega de reconocimiento a Leoncio Bueno por Viceministro de Interculturalidad, sr. Percy Barranzuela, junto a Gladys Vargas Machuca, hija política. |
No ha sido tan fácil recordar todos los avatares que nos unen a nuestro poeta y escritor afrodescendiente, a quien conozco desde los cinco años y, por su gran amistad con mi padre, el escritor proletario don Víctor Mazzi Trujillo, siendo bautizados por don Leoncio Bueno junto a mi hermana Lila Mercedes como sus ahijados.
Es gran honor rendirle este mensaje de agradecimiento,
rememorando su trayectoria y obra cultural que ha desarrollado, muy a pesar de
tormentas y embates que atravesó para dejar huella inconfundible en su
trayectoria cultural en el Perú desde la segunda mitad del siglo XX.
Hoy toca reconocerle nuevamente sus aportes a nuestra
cultura nacional desde su posición de clase, lo cual requiere evocar su labor como
obrero, poeta, periodista, actor y creador.
Su vida significa un ejemplo de denodada lucha. Desde su adolescencia
mostró simpatías por el pensamiento y acción del anarquismo y luego por el partido
aprista de fuerte influencia en las haciendas cañeras, motivado por su repulsa
a la brutal masacre a su población ocurrida en Trujillo en 1932. Ser aprista en
aquellos años significó rebeldía, desobediencia e incesante búsqueda de
justicia social. En la hacienda La Constancia creció bajo el influjo de la
cadencia rítmica de los jornaleros golondrinos y de sus décimas que, de vez en cuando,
suele recordar como el ritmo musical primigenio que le formó y consolidó la
harmonía de su escritura poética.
Junto a Víctor Mazzi Trujillo y otros poetas obreros, el 7 de julio de 1956 fundaron el Grupo Intelectual Primero de Mayo. Los escritores obreros formados bajo autodidactismo se atrevieron a crear poesía y propuestas que aún resuenan como el acto de rebeldía que erosionaba la rígida frontera establecida entre la exclusividad de la academia y quienes no pertenecían a ella. Los únicos títulos que posee son los que exhiben las portadas de sus libros publicados. Su poesía, refinada y combativa, ha brillado con luz propia por sus originales propuestas que encumbran el goce estético en las letras peruanas, solo baste mencionar sus dos poemas “sinfonía roja” o “Carta a mi hijo de cinco años” publicados en Al pie del yunque, para entrar en razón de lo profundo, tierno y humano que su obra poética proyecta.
Su actividad poética se nutrió también con otros escritores que formaban parte del Movimiento Social Progresista, entre ellos, Sebastián y Augusto Salazar Bondy, Alberto Ruiz Eldredge, Santiago Agurto Calvo, Francisco Moncloa, José Matos Mar, Abelardo Oquendo entre otros. En esos años militaba en el socialismo peruano y con Víctor Mazzi Trujillo trabajaron como regentes en su local del jirón Chincha, cercado de Lima.
| En el recibimiento al poeta paraguayo Elvio Romero. Leoncio Bueno, Elvio Romero, Teodoro Stucchi y Víctor Mazzi Trujillo. Cortesía: Jesús Ángel García. |
Sufrió prisión en la isla penal el Frontón a raíz de la
represión de las luchas campesinas que dirigió el líder trotskista Hugo Blanco
Galdós, años después fue indultado. Su simpatía por las propuestas e ideas del
pensamiento del líder soviético León Trotski tornaron el motivo de su vida e
ideales durante una época muy convulsionada.
Para ganarse la vida, fundó su taller de reparación de baterías El Tungar en Breña, lugar donde los noveles poetas lo visitaban y buscaban siempre un motivo orientador para sus escrituras poéticas. Suele narrarse las famosas tardes de frugal bohemia en El Tungar, invariablemente alimentado con harta poesía, acompañado con té y pan “con soledad”, que jocosamente los noveles aspirantes a poetas solían referirse parafraseando el famoso eslogan “pan con libertad”. Distintos poetas, posteriormente “consagrados”, narran sus experiencias de lo que significó participar en El Tungar y leer sus poemas ante un exigente jurado de poetas obreros autodidactas.
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| Portada Al pie del yunque con hoja de dedicatoria a Víctor Mazzi Trujillo. |
Su inicial obra poética se puede leer en los Cuadernos del
Grupo Intelectual Primero de Mayo. Su primera obra personal es Al pie del
yunque (1966) que publicó bajo el sello editorial del GIPM, luego vendría Pastor
de truenos (1968) bajo el sello Ediciones Tungar, posteriormente Invasión
poderosa (1970), Rebuzno propio (1976), La guerra de los runas
(1980). Su producción poética que no se ha detenido como su último Memoria
de mi desnudez (2014), una antología de sus poemas y obras publicadas. La cultura
peruana debe sentir el orgullo de sus letras que proponen un universo estético
alternativo y muy creativo.
| Acompañando a Manuel Scorza en evento literario, acompañados de estudiantes de literatura de la Universidad de San Marcos. Aproximadamente en 1967. |
Leoncio Bueno también incursionó en la cinematografía. En 1982 actuó en la película alemana Fitzcarraldo dirigida por Werner Herzog, al lado de Klaus Kinski, Claudia Cardinale, el músico brasileño Milton Nascimiento y el Rolling Stone Mick Jagger. Experiencia que nos mostró la amplitud de su acción estética.
También ha ejercido como periodista, siendo fundador de la
Federación de Periodistas del Perú, obteniendo su membresía activa por sus
artículos y ensayos críticos sobre temas culturales y políticos. Participó en
la revista Marka (1975) y luego en El diario de Marka (1980),
cuando ésta aún representaba a las distintas voces que interpretaban al Perú
como diverso y con la necesidad de un cambio sobre las condiciones de
injusticia reinantes.
Muchas veces se pregunta por sus virtudes y cualidades como
persona y creador de raíz afrodescendiente. A mi parecer, es su espíritu
combativo y resiliente. La adversidad de su prisión no lo amilanó ni lo
derrotó, creó en él un profundo desafío para construir un Perú mucho más justo.
Su obra publicada es muestra de tal reto.
Su generosidad con poetas y escritores de extracción obrera
y popular va más allá de todo exclusivismo como “sociedad cerrada”, brindó a
muchos sus consejos y orientaciones estéticas, nutriéndose del gran escritor de
habla francesa y padre del pensamiento decolonial y perenne luchador contra el
racismo, Frantz Fanon y de autores marxistas muy en boga.
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| Libro de Frantz Fanon con dedicatoria para Víctor Mazzi Trujillo |
Si hay un reconocimiento de su obra en la cultura peruana es por su amplitud y creatividad que generó en poetas, habidos en aprender de su experiencia creativa como obrero autodidacta.
En sus cien años de existencia, Leoncio Bueno ha recibido
las siguientes distinciones:
2016: Premio Casa
de la Literatura Peruana.
2023: Personalidad Meritoria de la Cultura otorgado
por el Ministerio de Cultura.
2025: Premio FIL Lima, otorgado por la Cámara Peruana
del Libro.
Y esta noche, merecidamente el Ministerio de Cultura le
otorga la Orden de los Grandes Maestros de la Cultura Peruana.
El legado de su obra cultural pertenece a todos los peruanos
sin distinción discriminatoria de estatus económico, credo, filiación política
o condición “racial” y proyecta al Perú en la órbita de la integración cultural
desde su obra poética muy original y expresiva, también desde su condición de
afrodescendiente.
Es costumbre en estos agradecimientos desear el éxito futuro,
sin embargo, con más de cien años de fulgurante existencia, queda pedir que su
brillo no se apague y aun perdure alumbrando el camino para todos, teniendo
como meta esa condición difícil y difusa en el horizonte que hoy buscamos como
“felicidad”, “bienestar”, “belleza”, “justicia” y el “bien común”.
Agradeciendo en nombre de las familias Bueno Román, Zevallos
Román, Vargas Machuca, este merecido reconocimiento que otorga el Ministerio de
Cultura del Perú a Leoncio Bueno Barrantes, imponiéndole la Orden de los
Grandes Maestros de la Cultura Peruana, solicito a nuestra amable
concurrencia ponerse de pie y rendirle un merecido reconocimiento con sus
fuertes aplausos.
Muchas gracias y muy buenas noches.
Víctor Mazzi Huaycucho
martes, 10 de marzo de 2026
Tras las huellas de la reflexión originaria
Junto al exitoso libro 𝐼𝑛𝑘𝑎𝑠 𝑦 𝑓𝑖𝑙𝑜́𝑠𝑜𝑓𝑜𝑠, el educador Víctor Mazzi Huaycucho es autor, además, de 𝐶𝑎𝑖𝑡𝑎 𝑦𝑢𝑦𝑎𝑐ℎ𝑖ℎ𝑢𝑎𝑦 ℎ𝑎𝑚𝑢𝑡𝑎𝑐ℎ𝑖ℎ𝑢𝑎𝑦. 𝐻𝑢𝑒𝑙𝑙𝑎𝑠 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑟𝑒𝑓𝑙𝑒𝑥𝑖𝑜́𝑛 𝑜𝑟𝑖𝑔𝑖𝑛𝑎𝑟𝑖𝑎, volumen que reúne ensayos y entrevistas sobre el conocimiento y sabiduría en el Tawantinsuyo, basándose en textos históricos como el Manuscrito de Huarochirí y el gran legado de Guaman Poma de Ayala y del amauta Juan Yunpa; prestando atención, asimismo, a sistemas comunicativos como los tukapus y khipus. Mazzi aborda aquí contenidos que dan forma al desarrollo de esta preocupación reflexiva: el análisis de la semántica autóctona, los intereses de dominación por parte del discurso eurocéntrico y los conflictos culturales y sociales que perviven en este contexto; tópicos con los cuales busca ser amplio y preciso en la interpretación histórica y lingüística de una de las más grandes civilizaciones del mundo como fue el Antiguo Perú, fomentando así nuestra tan necesaria conciencia de identidad. Sobre este y otros temas relacionados con sus motivaciones personales y su labor intelectual, Mazzi nos habla en la presente entrevista.
Mi agradecimiento a Virginia Vílchez (librosperuanos.com) y a Ricardo Ayllón.
domingo, 26 de octubre de 2025
Mariátegui: un creador que repensó la tradición marxista
Patricio Gutiérrez Donoso.
Director del Centro de Estudios del Pensamiento Ibericoamericano (CEPIB). Universidad de Valparaíso.
Texto leído en la presentación del libro El encuentro Arico y Mariátegui en el marxismo Latinoamericano. Editado por Yuri Gómez. Editorial LOM. 2025
omo bien sabemos José Carlos Mariátegui
(1894–1930) es una de las figuras más originales y profundas del pensamiento
latinoamericano del siglo XX. Su lectura del marxismo no fue la de un simple
intérprete de teorías europeas, sino la de un creador que buscó repensar
críticamente la tradición marxista desde la realidad histórica, cultural y
social del Perú desde su particularidad nace su universalidad. En un tiempo
dominado por la ortodoxia y el determinismo económico, Mariátegui propuso un
marxismo vivo, no dogmático, receptivo al mito soreliano, a la cultura y como
se han señalado muchos autores a la “herejía”. Desde sus Siete ensayos
de interpretación de la realidad peruana (1928) pasando por su Defensa
del marxismo (1929), su obra representa un intento de traducir en el
sentido gramsciano el marxismo a las condiciones concretas de América Latina,
incorporando las dimensiones indígenas, comunitaria y de la vida social del
Perú, esta manera de abordar el problema del marxismo por Mariátegui es lo que
Aricó va a relevar del olvidado al Peruano, ve en el su potencialidad crítica
de la ortodoxia, se identifica con él, mismo impulso que realiza Arico después
de la salida del PCA y su lucha contra la ortodoxia.En este escenario, Mariátegui, autodidacta formado
en el periodismo, fue construyendo una visión crítica a partir de su
experiencia con las luchas obreras y campesinas. Su estadía en Europa entre
1919 y 1923 fue decisiva: allí conoció el marxismo en su fuente italiana,
asistió a la efervescencia del movimiento socialista, a las secuelas de la
Primera Guerra Mundial y al surgimiento del fascismo. En Italia entró en
contacto con el mundo cultural y político de comienzos de la década del 20 ahí
donde refuerza sus ideas y su fe marxismo.
El marxismo, -piensa Mariátegui- para ser
verdaderamente revolucionario, debe ser reinterpretado a la luz de la historia
y la cultura de cada pueblo. La revolución socialista en América Latina no
podía seguir los mismos caminos que en Europa, porque la estructura de clases,
la composición étnica y las formas culturales del continente eran profundamente
distintas. La tarea, por tanto, no consistía en aplicar mecánicamente las
categorías del materialismo histórico, sino en traducirlas creadoramente, en un
ejercicio de pensamiento situado y crítico labor que realiza en la revista
Amauta y Arico en pasado y presente.
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| Los 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana también fue publicada en Chile en 1955 (Editorial Universitaria), acompañada con el prólogo de Guillermo Rouillón. |
En los Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, su análisis del Perú revela una mirada totalizante que articula economía, política y cultura. Mariátegui identifica en el latifundio la base material del atraso nacional: una estructura feudal que impide el desarrollo capitalista autónomo y mantiene a las masas indígenas en la servidumbre. El problema indígena, señala, no es racial ni cultural, sino económico. La opresión del indígena se explica por la concentración de la tierra y por la supervivencia del orden colonial en la República. La liberación del indígena, por tanto, solo puede realizarse a través de una revolución social que transforme las relaciones de propiedad y restituya el principio comunitario como fundamento del nuevo orden.
A partir de estos diagnósticos, Mariátegui formula
la idea de un “socialismo indoamericano”. Con esta expresión se refiere a un
proyecto revolucionario que, sin renunciar a los principios universales del
marxismo, se enraíce en las tradiciones colectivas de los pueblos originarios
(atención planteamiento demasiado hereje para el momento ese es eje dé
desencuentro). Para él, las comunidades andinas conservaban una forma de
comunismo agrario pre-capitalista, una organización basada en la reciprocidad y
la cooperación que podría servir de base moral y económica para el socialismo
el Ayllu. En esta clave, el socialismo no es una importación europea, sino una
reactivación consciente de la memoria histórica de los pueblos. La revolución
no se construye sobre la negación del pasado, sino sobre su reapropiación.
Mariátegui veía en las comunidades indígenas no un vestigio arcaico, sino una
semilla de futuro. El socialismo debía nacer de esa continuidad, de la alianza
entre campesinos, obreros e indígenas en una misma lucha por la justicia social
y la soberanía nacional.
Uno de los aspectos más originales de su
pensamiento es la integración del mito en la teoría marxista. A diferencia de
la lectura racionalista y cientificista de muchos marxistas de su época,
Mariátegui comprendió que toda transformación profunda exige una dimensión
espiritual. La revolución, decía, necesita de un mito, de una fe, de una
esperanza colectiva que movilice las energías morales del pueblo. En Defensa
del marxismo (1929) escribió que “el mito mueve al hombre en la
historia. El mito de nuestra época es el mito de la revolución social”. Así, la
revolución socialista es, para Mariátegui, tanto un acto político como una
creación cultural. Requiere de una nueva sensibilidad, de una nueva forma de
ver el mundo.
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| Defensa del marxismo de José Carlos Mariátegui, publicado en Chile en 1934, fue reimpreso por el Instituto de Filosofía de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Valparaíso (2015) |
La originalidad de Mariátegui radica también en su comprensión dialéctica del marxismo. Rechaza tanto el economicismo que reduce la historia a leyes objetivas como el idealismo que desconoce la base material de la vida social. En su pensamiento, lo material y lo espiritual no se oponen, sino que se integran en una totalidad dinámica. Esta perspectiva lo aproxima a Gramsci, con quien comparte la idea de que la revolución debe ser también una “reforma intelectual y moral”. Aunque no tuvo acceso directo a los Cuadernos de la cárcel, -por obvias razones- sus intuiciones son paralelas: ambos piensan la hegemonía como una síntesis entre estructura y superestructura, entre poder económico y dirección cultural.
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| José Aricó |
Décadas más tarde, el intelectual argentino José Aricó desempeñó un papel fundamental en la recuperación del pensamiento de Mariátegui (el valor de la entrevista inédita es que aborda estos puntos centrales del pensamiento de Mariátegui) dentro del campo marxista latinoamericano. En su libro Mariátegui y los orígenes del marxismo latinoamericano (1978), Aricó sostiene que el pensador peruano había sido injustamente marginado por la ortodoxia comunista, que lo consideraba un heterodoxo. Aricó descubre en Mariátegui una de las primeras expresiones de un marxismo latinoamericano autónomo, que, sin abandonar el universalismo del marxismo, lo traduce en clave nacional y popular. Gracias a la lectura de Aricó, Mariátegui dejó de ser un pensador local o precursor aislado, para convertirse en el punto de partida de una tradición teórica propiamente latinoamericana. Aricó destacó la capacidad de Mariátegui para vincular el análisis marxista con las formas de organización social preexistentes, y para articular la dimensión política con la cultural, anticipando debates que décadas después ocuparían a Gramsci y a los teóricos de la dependencia. En esta relectura, Aricó reivindica el carácter creador del marxismo mariateguiano y su distancia tanto del positivismo como del economicismo soviético. Al hacerlo, contribuye a situar a Mariátegui en el centro de la discusión sobre la modernidad periférica y las posibilidades de una revolución desde el Sur.
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| El estudio de Osvaldo Fernández sobre el pensamiento y la obra de José Carlos Mariátegui es muy importante. |
Las resonancias del pensamiento mariateguiano se extienden hasta el presente. Su crítica al eurocentrismo y su defensa de un socialismo enraizado en las tradiciones latinoamericanas anticipan muchas de las preocupaciones del pensamiento decolonial contemporáneo. Autores como Aníbal Quijano (1988) reconocen en Mariátegui el primer esfuerzo por pensar una modernidad alternativa desde América Latina, basada en la heterogeneidad histórica y en la descolonización del poder y del saber. Enrique Dussel (1990) y Michael Löwy (2011) lo consideran el fundador de un marxismo latinoamericano propiamente dicho, capaz de dialogar con lo popular y con las resistencias culturales frente al capitalismo (el imperialismo en su época). En ese sentido, Mariátegui no solo fue un marxista peruano, sino un pensador universal que hizo del marxismo una herramienta dé análisis dé la realidad rescatando el espíritu del método de la economía de Marx pasar de lo abstracto a lo concreto, para construir un concreto determinado.
En tiempos de crisis, el legado de Mariátegui adquiere una fuerza renovada. Su llamado a un socialismo creador, frente al desencanto neoliberal y la fragmentación cultural contemporánea. Su marxismo no es una ortodoxia, sino un método para pensar críticamente la historia y abrir caminos nuevos.
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| Libro publicado por Patricio Gutiérrez ubicando la influencia del pensamiento de José Carlos Mariátegui en Chile |
José Carlos Mariátegui fue, en definitiva, un pensador que comprendió que la revolución no es solamente una cuestión económica, sino también una cuestión espiritual. Su marxismo, profundamente herético, articula razón y poesía, análisis y fe, ciencia y mito. Su obra no cierra, sino que abre caminos: nos enseña que pensar críticamente América Latina implica no copiar modelos, sino crear heroicamente, con nuestras propias manos, un socialismo que brote de la tierra y del sentido de nuestros pueblos. Termino señalando que la idea central en la búsqueda dé Mariátegui es que la herejía fortalece el dogma. En este sentido este libro recupera seguir pensando el dogma marxista como herejía radical.
Valparaíso, octubre de 2025
Patricio Gutiérrez Donoso.
Magíster en Historia
de Chile y de América por la Universidad de Valparaíso, Chile. Licenciado en
Historia, Licenciado en Educación y Profesor de Enseñanza media en Historia y
Ciencias Sociales por la Universidad de Valparaíso.
Director del Centro de Pensamiento Iberoamericano (CEPIB) del Instituto de Filosofía de la Facultad de Humanidades, Universidad de Valparaíso. Miembro del núcleo de estudios de Historia Social y Cultural del Mundo del Trabajo, Instituto de altos estudios (IDAES, UNSAM).
domingo, 1 de junio de 2025
Leoncio Bueno: «Los verdaderos poetas son los que no han podido cumplir sus sueños»
«Ya no hay poetas, solo periodistas. Al sistema no le interesa la poesía. Eres inteligente, sabes escribir, tienes vocación, ¿qué haces? vas a un periódico. Y con tu talento, el talento de que generalmente está dotado el poeta, te conviertes fácilmente en periodista. El sistema utiliza a los creativos con fines comerciales. Toda la vida los ha utilizado, desde la época de Homero.» En un viaje de hace unos meses a Perú nuestro corresponsal y amigo, Gian P. Codarlupo cumplió la misión secreta de entrevistar al poeta leoncio, bueno, en exclusiva por el Suplemento Cultural.
Por: Gian P. Codarlupo
01 de junio de 2025
Tomado de: https://www.abc.com.py/edicion-impresa/suplementos/cultural/2025/06/01/leoncio-bueno-los-verdaderos-poetas-son-los-que-no-han-podido-cumplir-sus-suenos/
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| El poeta Leoncio Bueno en su casa de la Tablada de Lurín, Lima, 11 de agosto de 2024 |
Leoncio Bulmaro Bueno Barrantes nació el 2 de enero de 1920 en la Hacienda La Constancia, en el distrito de Chocope, departamento de La Libertad. Su recorrido vital incluye la fundación de revistas como Marka (1975) y diarios como El diario de Marka (1980), la militancia política, la cárcel y principalmente la poesía. Ha sido mensajero desde niño de dirigentes anarquistas, peón, periodista, actor de cine, etc. Entre sus libros más importantes tenemos Al pie del yunque (1966), Pastor de truenos (1968), Invasión poderosa (1970), Rebuzno propio (1976) y, La guerra de los runas (1980). A sus 105 años, el maestro, más lúcido que nunca, tuvo la amabilidad de recibirnos en su casa de la Tablada de Lurín, Lima, donde tuvimos esta conversación en exclusiva para El Suplemento Cultural.

El poeta Leoncio Bueno en su taller El Tungar en el distrito de Breña, Lima.
Quisiera empezar esta entrevista preguntándole por su relación con Víctor Mazzi Trujillo y la fundación del grupo intelectual Primero de Mayo
Eso yo lo fundé en mi taller El Túngar, cuando
salí de la cárcel. Estuve condenado cinco años en El Frontón. Teníamos un grupo
de intelectuales y dirigentes obreros y fundamos un equipo de basketball. Había
comunistas, apristas y trotskistas. Yo estaba en el grupo trotskista. Entonces,
cuando salí de la cárcel quise continuar, porque ya me había olvidado de la
poesía. Yo ya no leía poesía, me dedicaba a mi trabajo de hacer baterías, las
baterías de Túngar Battery Company, que era mi compañía. El taller lo convertí
en el lugar del Grupo Intelectual Primero de Mayo. Saqué varias revistas con mi
plata. Ahí les sacaba sus poemas a todos los amigos, hasta que me cansé, y
entonces mi compadre, ―yo he sido padrino de sus hijos― Víctor Mazzi Trujillo tomó el mando. Volvió
a su tierra, ahí tenía su casa, su chacra, sus hijos, alquilaba cuartos. Vivía
muy pobremente. Pero le dieron una oportunidad en la universidad para que
vendiera libros de segunda mano. Y los vendía en el suelo. Hasta que llegó uno
de los grandes empresarios y dijo: «¿Cómo puede estar el poeta ahí con sus
libros en el suelo? No puede ser. Hay que darle un sitio y hay que pagarle».
Y entonces lo acomodaron y pudo resistir hasta que se murió, pero su hijo vivió.
Él quedó con el recuerdo del padre, pero tuvo mala suerte, se desbordó el río y
se llevó casi todas sus cosas. Mandamos dos o tres periodistas ahí para
intervenir y ayudarlo. Esa es la historia con el compadre Mazzi.
¿En los años 60 participó en la
expropiación de bancos?
No, yo no participé. En lo que yo participé
fue en la fuga de los ladrones que me dijeron que venían de Cuba y que los
perseguían. Entonces les dije: «yo lo llevo al Cuzco para que se junten
como Hugo Blanco».

El guerrillero y líder campesino peruano de filiación trotskista Hugo Blanco Galdós (Cuzco, 15 de noviembre de 1934 Upsala, 25 de junio de 2023
Nació en la Hacienda La Constancia. ¿Cuáles son los recuerdos de esos años con su madre?
Yo sí
recuerdo la infancia. En primer lugar, que era un niño lleno de enfermedades. Cuando
tenía dos años me dio una fiebre perniciosa. Casi me muero. Y me curó mi abuela,
que era curandera.
¿Cómo? Mi abuelo fue y cazó un pajarito, y me dijeron que comiera ese pajarito
ya tostado y después que jalará un plátano con una soga de noche. Me pasearon
por toda la frontera de la única cuadra que tenía la hacienda La Constancia. Está
hacienda, La Constancia tenía un lote grande que se llamaba Casablanca donde
había mucho pino y algarrobo. Y Casa Grande siempre necesitaba madera y leña
especial sabe Dios para qué. Entonces mis padres y mi tío, que también llevaba
su mujercita, se fueron huyendo ahí a trabajar cortando leña para la Hacienda
Casa Grande. Cuando yo nací, como mi mamá no tenía leche, creían que era ya un
chico muerto. Entonces empezaron a excavar un pozo para enterrarme. Esta
historia es real. Pero de repente dio a luz mi mamá Carmen, la chica que había
llevado mi padrino Segundo Barrantes, una hermosa cajamarquina. Eso me salvó,
porque si no, claro, ahí me enterraban. Esa chica fue mi nodriza porque mi mamá
no tenía leche, ni una gota.

Leoncio Bueno: “Rebuzno propio” (1976).
¿En qué momento llegó la poesía? Sé que su abuela compraba revistas.
La poesía llega a mí porque mi abuelo era poeta y se encontraba
con mi papá, que era guitarrista. Y los dos se hicieron muy amigos en esas
fiestas que hay en las haciendas y los pueblos. Mi abuelo tocaba el acordeón. Mi
papá tocaba la guitarra y cantaba los versos de la época, como ese que dice: «Cuando
era joven, nunca me olvido, vivía en un rancho, bajo el sauzal»,
etcétera, etcétera. Eso cantaba mi papá. Y era un gran bailarín. Bailaba
marinera con una botella de chicha en la cabeza. Y hubo un enganche, una
presión de emoción de lo que eran estos dos compañeros que se habían convertido
en amigos. Mi papá no tenía más que 20 años, ni siquiera tenía papeles, porque
en esa época los papeles te los daban a los 21. También era amansador de
caballos, igual que mi abuelo. Los dos amansaban caballos y andaban en yeguas,
con reloj y con guitarra y todo. Por eso huyeron de la hacienda La Constancia a
Casablanca porque mi abuela la curandera tenía mal genio y se metió una chaira
en el pecho y comenzó a buscar a mi papá para tirarle unos cuantos cortes. No
digamos para matarlo, pero si malograrle la cara. Mi abuela era jodida.
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| Leoncio Bueno: “La guerra de los runas” (1980). |
¿Cómo se siente que su vínculo con los jóvenes poetas del Perú?
¿De ahora? No tengo ningún vínculo. Yo soy de
una generación muy antigua, de la generación del 40. Después viene la
generación del 50 y luego vienen los muchachos que hicieron Hora Zero. Ahora ya
no hay poetas, hay periodistas. Un famoso escritor español dijo eso hace poco. Es
una manera de joder, pero es cierto. Todas las universidades tienen la carrera
de periodismo. Antes el periodista se hacía en la calle, igual que el poeta. El
poeta se hacía solo. No había una carrera para poetas, ni ahora tampoco. Pero
para ser periodistas
si hay. Este mundo… Este mundo se está haciendo polvo con el cambio climático.
No creo que dure mucho. En fin, usted sí va a llegar, porque todavía está joven
¿Y cómo era en sus tiempos?
En mis tiempos sí había poetas. Yo he conocido
a poetas antiguos que son inmortales. Vallejo es mi paisano, de un pueblito del
departamento de La Libertad. Eso es una señal. También en Lima había poetas muy
buenos que se dedicaban a la poesía. Después vino la política. Don Víctor Raúl Haya
de la Torre metió a todos los poetas en su partido, ya no son poetas, son
periodistas, son cualquier cosa: oradores, luchadores, pero no poetas. Es muy
difícil ahora, viendo cómo está el mundo y cómo está el Perú que haya una
generación como la generación del 50, la generación del 40. No lo creo, ya no. Esas
generaciones se han perdido.
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| El poeta en una escena del cortometraje “Cien años de Leoncio Bueno” (2019) del cineasta hispanoamericano Javier Corcuera. |
¿Porque
sucede eso?
Porque al sistema no le interesa la poesía. La
gente lo que quiere es plata. Tú eres inteligente, sabes escribir, tienes
vocación, ¿qué haces? Vas a un periódico o agarras la carrera de periodista. Y
con tu talento, el talento del que generalmente está dotado el poeta, te conviertes
fácilmente en periodista. El sistema utiliza a los creativos con fines
comerciales. Toda la vida los ha utilizado, desde la época de Homero.
Usted conoció a Werner Herzog y participó en algunos cortometrajes
Claro,
claro. Yo he hecho varias películas en el Perú. Cuando llegó Herzog hubo grandes
artistas que se ofrecían gratis. Y él dijo: «No, yo
quiero uno que no sea actor.» Y fue entonces que le dijeron: «El
hombre que usted busca es Leoncio Bueno». Eran mis amigos, trabajaban y proveían
en el sector intelectual de la cultura. Fue así que conocí a Herzog,
conversamos y me dijo que estaba contratado.
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| Foto 7: De izquierda derecha poetas Enrique Verástegui, Carmen Oye y Leoncio Bueno en algún lugar del siglo XX. |
No, nunca he creído en una utopía. Yo siempre
he sido realizador, por eso he estado preso un montón de veces. He sido luchador,
he sido obrero textil. Mira mi primera prisión fue porque insulté al presidente
de la República. Dije que era un sirviente de imperialismo yanqui y me metieron preso.
¿Te das cuenta? Y después vino Odría. Estuve seis meses en prisión. Esa es mi
vida. A cada rato preso. Por eso yo, por ejemplo, acá estoy feliz. Mi hija me
dice que ya no debo salir ni a la esquina, sobre todo porque pueden cargar
conmigo los rateros y asaltantes. Dice que soy un hombre ya de edad, que ya no
tengo la fuerza que tenía antes y que me pueden asaltar creyendo que tengo
plata. Y yo digo, bueno, mejor para mí, porque como yo soy un pensador, un
escritor, como yo soy un soñador, me pone mi televisión, me pone mi radio. ¿Para
qué quiero más? Estoy feliz de la vida.
¿Sigue escribiendo maestro?
Yo todos los días escribo. Ven, mira, este es
mi cuaderno. Aquí está el poema que le he escrito a Carlos Germán Belli,
que murió ayer.* Uno de los grandes poetas latinoamericanos.
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| El poeta peruano Carlos Germán Belli, Lima 15 de septiembre de 1927 - surquillo 10 de agosto de 2024 |
¿Por qué seguir creyendo en la fuerza de la poesía?
La poesía no tiene fuerza. La poesía tiene
dulzura. La poesía entra con dulce. ¿Te das cuenta? Después, una vez que estás
adentro y quieres digerir, te amarras. Así es la poesía, es triste. Los
verdaderos poetas son los que no han podido cumplir sus sueños. Como no han
podido llevarlos a la realidad, agarran su cuaderno y comienzan a escribir. Siempre
están soñando, porque el poeta nace. Eso de querer ser poeta, esas son huevadas.
El poeta nace del cuerpo. Todo viene en su cerebro preparado para aportar al
idioma, a la creación, a las palabras, darles otro sentido, un nuevo sentido a
las palabras. De eso está hecho el poeta. Por eso es que la mayoría de los
poetas no llegan, porque de poesía no se vive. Se vuelven periodistas, se
vuelven escritores. Yo te digo una cosa, por ejemplo. Escucha, pon bien paradas
tus orejas: «Sucedía en Megara, arrabal de Cartago, en los jardines de Amílcar.» Es
el principio de Salambó de Flaubert. Un escritor que nunca hizo versos, pero
mira cómo escribía. Y yo lo tengo en la memoria, así como tantas cosas. Pero la
poesía no paga; para que sea buena, tienes que entregarte.
¿Piensa que todavía le queda algo por hacer?
Tú dirás, eso yo no lo voy a decir. tú me
estás viendo, me estás oyendo. Puedes contestarte a ti mismo. ¿Soy un huevón o
un hombre que sabe vivir su vida? Pero tú eres un buen muchacho, carajo; ya
tienes algo que contar.
(Tablada de Lurín, Lima 11 de agosto de 2024)
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| Leoncio Bueno, “Pastor de truenos” (1968). |
Notas
* Carlos Germán Belli de la Torre. Poeta
traductor y periodista peruano de la generación del 50. Falleció el 10 de
agosto de 2024 poco antes de cumplir 97 años.
Gian P.
Codarlupo Alvarado (Paita 1997) es licenciado en Lengua y Literatura por la
Universidad Nacional de Piura, escritor, periodista y miembro del equipo
editorial de la revista cultural chilena Mal de ojo y de la editorial Conunhueno,
de Valparaíso y corresponsal extranjero de El Suplemento Cultural. Ha publicado
el libro de poemas Caída de un pájaro en el mar (Universidad Nacional de
Piura, 2018). Actualmente, vive en Madrid.
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| El poeta Leoncio Bueno y el autor de esta entrevista. Lima 11 de agosto de 2024. |





















