miércoles, 7 de octubre de 2026

La autocensura

 

George Grosz, la ciudad en llamas


Víctor Vich

Ensayista y crítico cultural. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Perú.

Publicado con la autorización expresa del autor.

    A la censura la conocemos bien: en el sector cultural la hemos sufrido en varias oportunidades. Sabemos de dónde viene, por qué se realiza y cuál es el interés para volver invisible aquello que no puede tolerar. La censura es el arma de los fuertes que, a razón de alguna debilidad, necesitan performar su supuesta fortaleza.

    Durante la última década ha venido ocurriendo de diversas maneras en Perú y se ha desplegado sin vergüenza alguna. En un documento de indispensable lectura,1 Guillermo Valdizán ha registrado las permanentes violaciones a los derechos culturales en lo que llama ‘políticas culturales de excepción’: un contexto de vigilancia y control, un momento de permanente represión sobre el sector cultural que no para de multiplicarse.

    El documento enumera diversas acciones como destituciones de cargos directivos (en IRTP, en el LUM); elaboración de leyes sin ninguna consulta con los gremios de artistas (como la ley anti-cine de la congresista Adriana Tudela o como la absurda creación de un colegio de artistas profesionales); permanentes acosos a la libertad de creación como los sufridos por Lola Estrada, Chillico, Carlín, Ruth Ingaluque y José Carlos Condori, entre muchos más; cancelación de eventos sin explicación, como el que ocurrió con el dúo José María Arguedas en el Gran Teatro Nacional o como (en uno de los casos más vergonzosos de la historia), a presión del fujimorismo, no se le entregó el premio de la Casa de la Literatura Peruana a Juan Acevedo.

    Sin embargo, la situación es mucho más grave que la enumeración de hechos como los anteriores: en un acto de increíble anacronismo con las políticas culturales que hoy se promueven a nivel mundial, la actual gestión de la Municipalidad de Lima dejó sin efecto el programa «Cultura Viva Comunitaria» y todo lo que hoy realiza es impuesto tutelarmente. La aceptación de Alberto Beingolea como Ministro de Cultura no sólo da cuenta, una vez más, de los intereses de los tradicionales políticos peruanos (aceptar cualquier cosa con quien sea), sino del fracaso de quienes nos dedicamos, de una u otra manera, a la gestión cultural y seguimos sin poder hacer más visible la especialización del campo.

    En realidad, no son exactamente los conservadores quienes han promovido la censura en Perú sino, curiosamente, los neoliberales criollos. Tal como hace más de cien años lo describió Mariátegui, hoy observamos cómo los liberales terminan siendo absorbidos por los conservadores sin problemas en entrar en su juego autoritario y en un mismo proyecto común. Contra lo que fue una de las mayores conquistas de la humanidad, conservadores y neoliberales han convertido a los Derechos Humanos, en el Perú, en una mala palabra.

    ¿Por qué ocurre en nuestro país? ¿Por qué un medio como The Economist, es completamente diferente al portal Lampadia? ¿Qué hay en la historia peruana para que algo así pueda existir? ¿Por qué liberales y reaccionarios se han vuelto hermanos en estos tiempos? ¿Se trata de una complicidad racial? ¿Es la pura defensa de una clase social compartida? No lo sabemos, pero lo que resulta claro es que en las últimas décadas lo ocurrido en Perú es una franca recomposición oligárquica, vale decir, la reagrupación de un sector social conservador, que justifica un modelo de país que no quiere cuestionamientos, y ‘terruquea’ todo aquello que lo perturba.

    En un muy buen libro (Nueva historia del Perú Republicano. Tomo 6. Lima: Derrama Magisterial, 2021), el historiador Jesús Cosamalón y el sociólogo Francisco Durand han denominado ‘República empresarial’ al momento que vivimos, al que caracterizan como un periodo de absoluta subordinación del Estado a los intereses privados. La ‘República empresarial’ privilegia el individualismo como la única marca de progreso, pues la vida es solamente entendida como una competencia de individualidades atomizadas. Todo lo público es sistemáticamente abandonado y degradado bajo esta lógica feroz de la que en el Perú sobran ejemplos muy concretos. Sin embargo, no son esas las características únicas que la definen. La ‘República empresarial’ se destaca por los altos índices de corrupción que deja en todos los niveles de la vida social y por la producción de una sociedad profundamente deteriorada, sumida en la delincuencia y el crimen.

    Como la antigua ‘República Aristocrática’ (1895-1919), descrita antes por Jorge Basadre, la ‘República empresarial’ de hoy (1992-), genera nuevas élites económicas que son funcionales a la reagrupación conservadora que controla las decisiones públicas, más allá de quién gobierne. Curiosamente, esta República no se tiñe de liberalismo sino, más bien, de un patrón colonial (limeño, patriarcal, claramente racista) que continúa estructurando diferentes dimensiones de la sociedad peruana.

    Desde ahí, vale decir desde la constatación de ese nuevo bloque hegemónico, me atrevo a hacerlo, que lo que se nos viene en los próximos años, es algo mucho peor que la censura. Me refiero a la autocensura. La autocensura surge del miedo que se le tiene al poder y consiste en una acción voluntaria de silencio y represión. Se expande y se interioriza cuando existe un poder que ha tomado casi todo el control social y que ha llegado, incluso, a controlar las más profundas convicciones personales. Aunque la mitad del país no votó por el fujimorismo, lo cierto es que ellos ya controlaban buena parte de las instituciones del país y controlaban, además, algo peor: un sentido común que ha naturalizado el conservadurismo, el autoritarismo y el individualismo más antisocial, mercantilizado y corrupto.

    Muchos hemos sido testigos sobre cómo hoy en las instituciones públicas, y en muchas privadas, se ha prohibido hablar de grupos de poder, de desigualdad social o de relaciones de dominación social. La llamada injusticia social ha quedado olvidada en el vocabulario político e inclusive en el imaginario católico que la propuso a lo largo de todo el siglo XX en varias encíclicas papales. Toda crítica al poder es hoy prohibida y permanentemente excluida de distintos circuitos de la esfera pública. La conquista histórica de la cátedra libre que la Reforma Universitaria latinoamericana produjo en 1911, impulsada por Haya de la Torre, ha quedado en el olvido. En muchas universidades peruanas, los profesores no pueden salirse de lo institucionalmente ‘aprobado’, no pueden decir lo que piensan y la producción de conocimiento se encuentra restringida por los intereses ideológicos de los dueños.

    Hoy, en efecto, en las escuelas públicas, los docentes peruanos sienten miedo de abordar muchos temas: no se puede hablar de opciones sexuales, ni de racismo o de hechos que revelen dinámicas centrales del pasado, como la violencia histórica del Estado peruano contra la población, la sistemática explotación que la empresa privada realiza a sus propios trabajadores (respecto a la precarización del trabajo formal y a la permanente pérdida de derechos sociales), así como la destrucción del medio ambiente por mafias ilegales, muchas veces articuladas con las legales. La injerencia empresarial en los contenidos de la educación peruana se hace cada vez más visible, mientras que las comunidades indígenas siguen siendo violentadas en sus derechos territoriales por las grandes corporaciones, además de cosificadas por el Estado en función del turismo más ramplón.

    En ese contexto, es claro que la autocensura ha comenzado a diseminarse entre nosotros. La autocensura, en efecto, es mucho peor que la censura. Hoy, al decir de Foucault, ya no se hace necesaria la presencia de un poder explícito que se dedique a prohibir lo que decimos y lo que hacemos, porque lo cierto es que ese poder ha quedado ya básicamente internalizado en nosotros mismos, en las instituciones a las que pertenecemos y en el sentido común generalizado. El peor impacto que nos pueden dejar nuestros neoliberales, enajenados por el fujimorismo, es la instauración de esa especie de panóptico interior: una mirada autovigilante que evita nombrar las cosas como son y que despolitiza permanentemente la realidad social.

    Frente a la posibilidad del silencio interiorizado, debemos salir del miedo e intentar sustraernos de todo aquello que busca inmovilizarnos. ¿Será la línea dura de Fernando Rospigliosi o Ernesto Álvarez la matriz de todo el quinquenio? ¿Será entonces la autocensura la acción más visible de los tiempos que vienen? ¿Será la autocensura la ‘política cultural’ más efectiva del fujimorismo? Hace unos meses los estudiantes de la Universidad Católica protestaron con fuerza ante una reforma económica a todas luces elitista y excluyente. Estos estudiantes no buscaron su propio interés y lucharon por una causa colectiva que no los afectaba a ellos mismos. Su victoria fue asombrosa y creo que fueron dos los legados que volvieron a poner sobre la mesa: que sin organización colectiva no hay victoria y que ésta solo se consigue con una lucha permanente. En el actual contexto que vivimos, las instituciones y las plataformas culturales, los artistas, los académicos y los activistas, no podemos ceder al silencio inducido. La autocensura no puede convertirse en el signo de nuestra última derrota. Valeria Román Marroquín escribió hace unos años estos versos, con los cuales concluyo este artículo:

Ana, piensa en la labor que te sujeta

¿En qué piensas cuando

toca lo que toca hacer?

(Ana C. Buena. Lima, La Balanza Taller Editorial, 2021)

  1. Cronología de las vulneraciones a los derechos culturales de la coalición dictatorial en Perú, 2022-2025

El autor ha publicado los siguientes libros:

Lejos de la tierra. Arte y naturaleza en el Perú contemporáneo.

Poetas peruanos del siglo XX. Lecturas críticas.

Políticas culturales y ciudadanía. Estrategias simbólicas para tomar las calles.

Poetas peruanos del siglo XX. Lecturas críticas.

Poéticas del duelo. Ensayos sobre arte, memoria y violencia política en el Perú.

Voces más allá de lo Simbólico. Ensayos de poesía peruana.

Culturas en América latina y el Perú: Luchas, Estudios Críticos y Experiencias.

Contra el sueño de los justos: la literatura peruana ante la violencia política.
Políticas culturales.

El Estado está de vuelta: desigualdad, diversidad y democracia.

El discurso de la calle: los cómicos ambulantes y las tensiones de la modernidad en el Perú.
El caníbal es el otro. Violencia y cultura en el Perú contemporáneo.

César Vallejo: un poeta del acontecimiento.

Del viento, el poder y la memoria. Materiales para una lectura crítica de Miguel Gutiérrez (Coautoría con Cecilia Monteagudo)


domingo, 2 de agosto de 2026

LEONCIO BUENO BARRANTES:1920-2026

 

Fotografía tomada en febrero de 2026, en su domicilio en Tablada de Lurín.


¿Quién dijo que todo está perdido?
Yo vengo a ofrecer mi corazón
Tanta sangre que se llevó el río
Yo vengo a ofrecer mi corazón

Como abrir el pecho y sacar el alma
Una cuchillada de amor

Luna de los pobres siempre abierta
Yo vengo a ofrecer mi corazón
Como un documento inalterable
Yo vengo a ofrecer mi corazón

Y uniré las puntas de un mismo lazo
Y me iré tranquilo, me iré despacio
Y te daré todo, y me darás algo
Algo que me alivie un poco más

Y hablo de países y de esperanzas
Hablo por la vida, hablo por la nada
Hablo de cambiar ésta, nuestra casa
De cambiarla por cambiar, nomás.

                                Fito Páez, yo vengo a ofrecer mi corazón.

Hoy domingo 2 de agosto, ya a estas horas los restos del poeta proletario, Leoncio Bueno Barrantes, estarán cremados a su propia solicitud. A los 106 años partió a ese viaje sin retorno, allí donde toda razón fenece y reside la absoluta inconsciencia. Lo conocí cuando yo tenía cinco años, bautizado junto a mi hermana, por un escritor autodidacta, lleno de mundo y esperanzas.

Quizás, para muchos, su obra escrita y acción se resuma en la canción de Fito Páez, “yo vengo a ofrecer mi corazón”. No lo sé, quizás un buen canto de afrodescendiente, pudo resumir su vida y obra. Sus poemas, profundos y humanos, aún no figuran en las “antojolías” que suelen publicarse entre los grandes circuitos comerciales de la escritura. Su canto emerge con fuerte sonido para que nuevas generaciones de vates escuchen lo que significa vivir y escribir con el alma en las letras.

Con autorización de Gladys Vargas-Machuca, su hija política hago publica su último deseo escrito para después de ocurrida su muerte.


Testamento de Leoncio Bueno

Hace poco el Ministerio de Cultura del Perú le rindió un gran homenaje y lo reconoció como personalidad meritoria de la cultura peruana, este discurso es el que ofrecí hace pocas semanas, cuando Leoncio convalecía con un marcapasos en su querido hogar, en Tablada de Lurín, al sur de Lima. Aquí el texto:

LEONCIO BUENO BARRANTES, UN EJEMPLO DE LUCHA

Muy buenas noches.

 Hoy se brinda un merecido reconocimiento a don Leoncio Bueno Barrantes, nacido en 1920 en la Hacienda La Constancia en Trujillo, que hoy ya cuenta con 106 años de vida.

Agradeciendo a su hija Sara Bueno Román hija de su primer compromiso con Andrea Avelina Román Pimentel y la familia política Román Zevallos; a Gladys Vargas-Machuca hija política, con su hermano Samir y hermanas de su segundo compromiso con Blanca Rojas Zevallos por designarme como representante para recibir en  nombre de la familia Bueno, el merecido reconocimiento que hoy le concede el Ministerio de Cultura con la Orden de los Grandes Maestros de la Cultura, en este día que de clausura del mes de celebración de la cultura afroperuana.

No ha sido tan fácil recordar todos los avatares que nos unen a nuestro poeta y escritor proletario, a quien conozco desde los cinco años y, por su gran amistad con mi padre, el vate proletario don Víctor Mazzi Trujillo, siendo bautizados por don Leoncio Bueno junto a mi hermana Lila Mercedes como sus ahijados.

Es un gran honor rendirle este mensaje de agradecimiento, rememorando su trayectoria y obra cultural que ha desarrollado, muy a pesar de las tormentas y embates que logró atravesar para dejar una huella inconfundible en su trayectoria cultural en el Perú desde la segunda mitad del siglo XX.


Hoy toca reconocerle nuevamente sus aportes a nuestra cultura nacional desde su posición de clase, lo cual requiere evocar su labor como obrero, poeta, periodista, actor y creador.

Su vida significa un ejemplo de denodada lucha. Desde su adolescencia mostró simpatías por el pensamiento y acción del anarquismo, luego por el partido aprista con fuerte influencia en las haciendas cañeras del norte, motivado por su repulsa a la brutal masacre a su población ocurrida en Trujillo en 1932. Ser aprista en aquellos años significó rebeldía, desobediencia e incesante búsqueda de justicia social. En la hacienda La Constancia creció bajo el influjo de la cadencia rítmica de los jornaleros golondrinos y de sus décimas que, de vez en cuando, suele recordar como el ritmo musical primigenio que le formó y consolidó la armonía de su escritura poética.

En su obra Pastor de truenos en la contraportada adjuntó la información de la fundación del GIPM

El 7 de julio de 1956, en conjunto con Víctor Mazzi Trujillo, Carlos Loayza Gómez, José Guerra Peñaloza, Víctor Ladera Prieto y otros poetas obreros, fundaron el Grupo Intelectual Primero de Mayo. Los escritores obreros forjados bajo autodidactismo se atrevieron a crear poesía y propuestas que aún resuenan como el acto de rebeldía que erosionaba la rígida frontera establecida entre la exclusividad de la academia y quienes no pertenecían a ella, la división entre trabajadores manuales e intelectuales se borró con la presencia del GIPM entre la generación del 50. Los únicos títulos que poseían eran los títulos que exhibían eran las portadas de sus libros publicados. La poesía de Leoncio Bueno, refinada y combativa, ha brillado con luz propia por sus originales propuestas que encumbran el goce estético en las letras peruanas, solo baste mencionar sus dos poemas “sinfonía roja” o “Carta a mi hijo de cinco años” publicados en Al pie del yunque, para entrar en razón de lo profundo, tierno y humano que su obra poética ha proyectado.


Su actividad poética se nutrió también con la influencia de otros escritores que formaban parte del Movimiento Social Progresista, entre ellos, Sebastián y Augusto Salazar Bondy, Alberto Ruiz Eldredge, Santiago Agurto Calvo,  Francisco Moncloa,  José Matos Mar,  Abelardo Oquendo entre otros muchos. En esos años militaba en el socialismo peruano y con Víctor Mazzi Trujillo trabajaron como regentes en su local institucional del jirón Chincha, en el Cercado de Lima.

Sufrió prisión en la isla penal el Frontón a raíz de la represión de las luchas campesinas que dirigió el líder trotskista Hugo Blanco Galdós, años después indultado. Su simpatía por las propuestas e ideas del pensamiento del líder soviético León Trotski tornaron el motivo de su vida e ideales durante una época muy convulsionada.

Para ganarse la vida, fundó su taller de reparación de baterías El Túngar en el distrito de Breña. Aquel lugar donde los aspirantes a poetas lo visitaban y siempre le solicitaban un motivo orientador para sus escrituras poéticas. Son inolvidables las tardes de frugal bohemia en El Túngar, invariablemente alimentado con harta poesía, acompañado con té y pan cortado a la mitad sin ningún acompañamiento, ante el reclamo que algo le faltaba al pan, Leoncio Bueno afirmaba que el pan venía con poesía, que jocosamente los noveles aspirantes a poetas solían referirse a las tardes de “pan con poesía”. Distintos poetas, posteriormente  “consagrados”, narran sus experiencias de lo que significó participar en El Túngar y leer sus poemas ante el exigente jurado de dos poetas obreros autodidactas: Leoncio Bueno Barrantes y Víctor Mazzi Trujillo.

Su inicial obra poética se puede leer en los Cuadernos del Grupo Intelectual Primero de Mayo. Su primera obra personal es Al pie del yunque (1966) que publicó bajo el sello editorial del GIPM, luego vendría Pastor de truenos (1968) bajo el sello Ediciones Tungar, posteriormente Invasión poderosa (1970), Rebuzno propio (1976), La guerra de los runas (1980). Su producción poética que no se ha detenido como su último: Memoria de mi desnudez (2014), una antología de sus poemas y obras publicadas. La cultura peruana debe sentir el orgullo de sus letras que proponen un universo estético alternativo de justicia social y creatividad estética.

Leoncio Bueno también incursionó en la cinematografía. En 1982 actuó en la película alemana Fitzcarraldo dirigida por Werner Herzog, al lado de Klaus Kinski, Claudia Cardinale, el músico brasileño Milton Nascimiento y el Rolling Stone Mick Jagger. Experiencia que nos mostró la amplitud de su faceta en la creación estética.

También ha ejercido como periodista, siendo fundador de la Federación de Periodistas del Perú, obteniendo su membresía activa por sus artículos y ensayos críticos sobre temas culturales y políticos. Participó en la revista Marka (1975) y luego en El diario de Marka (1980), cuando ésta aún representaba a las distintas voces que interpretaban al Perú como diverso y con la necesidad de un cambio sobre las condiciones de injusticia reinantes.

Muchas veces se ha preguntado por sus virtudes y cualidades como persona y creador de raíz afrodescendiente. A mi parecer, es su espíritu combativo y resiliente. La adversidad de su prisión política no lo amilanó ni lo derrotó, creó en él un profundo desafío para construir un Perú mucho más justo. Su obra poética publicada es la muestra de tal reto.

Su generosidad con poetas y escritores de extracción obrera y popular va más allá de todo exclusivismo como “sociedad cerrada”, brindó a muchos sus consejos y orientaciones estéticas, nutriéndose del gran escritor de habla francesa y padre del pensamiento decolonial y perenne luchador contra el racismo, Frantz Fanon y de otros autores marxistas muy en boga.

Si hay un reconocimiento de su obra en la cultura peruana es por su amplitud y creatividad que generó en poetas, habidos en aprender de su experiencia creativa como obrero autodidacta.

En sus cien años de existencia, Leoncio Bueno ha recibido las siguientes distinciones:

 2016: Premio Casa de la Literatura Peruana.

2023: Personalidad Meritoria de la Cultura otorgado por el Ministerio de Cultura.

2025: Premio FIL Lima, otorgado por la Cámara Peruana del Libro.

Y esta noche, merecidamente el Ministerio de Cultura le otorga la Orden de los Grandes Maestros de la Cultura Peruana.

El legado de su obra cultural pertenece a todos los peruanos sin distinción discriminatoria de estatus económico, credo, filiación política o condición “racial” y proyecta al Perú en la órbita de la integración cultural desde su obra poética muy original y expresiva, también desde su condición de afrodescendiente.

Es costumbre en estos agradecimientos desear el éxito futuro, sin embargo, con más de cien años de fulgurante existencia, queda pedir que su brillo no se apague y aun perdure alumbrando el camino para todos, teniendo como meta esa condición difícil y difusa en el horizonte que hoy buscamos como “felicidad”, “bienestar”, “belleza”, “justicia” y el “bien común”.

Agradeciendo en nombre de las familias Bueno Román, Zevallos Román, Vargas Machuca, este merecido reconocimiento que otorga el Ministerio de Cultura del Perú a Leoncio Bueno Barrantes, imponiéndole la Orden de los Grandes Maestros de la Cultura Peruana, solicito a nuestra amable concurrencia ponerse de pie y rendirle un merecido reconocimiento con sus fuertes aplausos.

                                                                                        Muchas gracias y muy buenas noches.

Ahora solo queda un sentido adiós, el último poeta de la generación del 50 en Perú. La nueva generación de poetas debe saber quien era Leoncio Bueno Barrantes y como su obra está entre la esperanza y la ilusión de alcanzar un mundo mejor.

                                                                                Chosica, 2 de agosto de 2026

jueves, 9 de julio de 2026

Entrevista en El buen librero

Entrevista en el Podcast El buen librero que conduce Gianfranco Hereña acerca de mi última publicación: Mariátegui Antifascista.



martes, 30 de junio de 2026

Invitación a presentación del libro: Mariátegui antifascista

 Presentación del libro: Mariátegui antifascista de Víctor Mazzi Huaycucho.

En el marco de nuestras actividades académicas y culturales, los invitamos a la presentación del libro Mariátegui antifascista, del reconocido investigador Víctor Mazzi. Esta publicación revela la firme postura antifascista de José Carlos Mariátegui a partir del análisis de sus artículos periodísticos escritos durante su estancia en Italia (1920-1922) y tras su regreso al Perú (1923-1930).
La obra ofrece una valiosa reflexión sobre el pensamiento político e intelectual de Mariátegui frente al ascenso del fascismo, contribuyendo a una mejor comprensión de su legado y vigencia en la actualidad.
📖 Actividad dirigida a estudiantes, investigadores y público interesado en el pensamiento de José Carlos Mariátegui y la historia política contemporánea.
📆 Lunes 6 de julio
⏰ 6:00 p. m.
📌 Museo José Carlos Mariátegui
👉🏻 Jr. Washington 1946, Cercado de Lima
🚨 ¡El ingreso es libre!
🔖 Coorganizado: Heraldos Editores y Museo José Carlos Mariátegui



sábado, 27 de junio de 2026

LEONCIO BUENO BARRANTES, UN EJEMPLO DE LUCHA

Afiche de homenaje por el Ministerio de Cultura

Discurso pronunciado el viernes 26 de junio de 2026, en el Ministerio de Cultura del Perú, que otorga reconocimiento a Leoncio Bueno Barrantes.

Discurso de reconocimiento a Leoncio Bueno Barrantes


Muy buenas noches: señores embajadores del Estado de Qatar y República de Portugal, señor Viceministro de Interculturalidad, directivos del Ministerio de Cultura, asistentes a este magno evento, señoras y señores:

 Hoy se brinda un merecido reconocimiento a don Leoncio Bueno Barrantes, nacido en 1921 en la Hacienda La Constancia de Trujillo, que hoy ya cuenta con 105 años de vida.

Agradeciendo a su hija Sara Bueno Román hija de su primer compromiso con Andrea Avelina Román Pimentel y la familia política Román Zevallos; a Gladys Vargas Machuca hija política, con su hermano Samir y hermanas de su segundo compromiso con Blanca Rojas Zevallos por designarme como representante para recibir en  nombre de la familia Bueno, el merecido reconocimiento que hoy le concede el Ministerio de Cultura con la Orden de los Grandes Maestros de la Cultura, en este día que de clausura del mes de celebración de la cultura afroperuana.

Entrega de reconocimiento a Leoncio Bueno por Viceministro de Interculturalidad, sr. Percy Barranzuela, junto a Gladys Vargas Machuca, hija política.

No ha sido tan fácil recordar todos los avatares que nos unen a nuestro poeta y escritor afrodescendiente, a quien conozco desde los cinco años y, por su gran amistad con mi padre, el escritor proletario don Víctor Mazzi Trujillo, siendo bautizados por don Leoncio Bueno junto a mi hermana Lila Mercedes como sus ahijados.

Es gran honor rendirle este mensaje de agradecimiento, rememorando su trayectoria y obra cultural que ha desarrollado, muy a pesar de tormentas y embates que atravesó para dejar huella inconfundible en su trayectoria cultural en el Perú desde la segunda mitad del siglo XX.

Hoy toca reconocerle nuevamente sus aportes a nuestra cultura nacional desde su posición de clase, lo cual requiere evocar su labor como obrero, poeta, periodista, actor y creador.

Su vida significa un ejemplo de denodada lucha. Desde su adolescencia mostró simpatías por el pensamiento y acción del anarquismo y luego por el partido aprista de fuerte influencia en las haciendas cañeras, motivado por su repulsa a la brutal masacre a su población ocurrida en Trujillo en 1932. Ser aprista en aquellos años significó rebeldía, desobediencia e incesante búsqueda de justicia social. En la hacienda La Constancia creció bajo el influjo de la cadencia rítmica de los jornaleros golondrinos y de sus décimas que, de vez en cuando, suele recordar como el ritmo musical primigenio que le formó y consolidó la harmonía de su escritura poética.

Detalle de foto. Reunión del Grupo Intelectual Primero de Mayo (GIPM), Aproximadamente 1958.
De pie: José Guerra Peñaloza, Víctor Ladera Prieto, Víctor Mazzi Trujillo, Leoncio Bueno, dos personas no reconocidas. Sentados: Hugo Pesce Pescetto, Marco Gutiérrez y esposa de Hugo Villanueva.

Junto a Víctor Mazzi Trujillo y otros poetas obreros, el 7 de julio de 1956 fundaron el Grupo Intelectual Primero de Mayo. Los escritores obreros formados bajo autodidactismo se atrevieron a crear poesía y propuestas que aún resuenan como el acto de rebeldía que erosionaba la rígida frontera establecida entre la exclusividad de la academia y quienes no pertenecían a ella. Los únicos títulos que posee son los que exhiben las portadas de sus libros publicados. Su poesía, refinada y combativa, ha brillado con luz propia por sus originales propuestas que encumbran el goce estético en las letras peruanas, solo baste mencionar sus dos poemas “sinfonía roja” o “Carta a mi hijo de cinco años” publicados en Al pie del yunque, para entrar en razón de lo profundo, tierno y humano que su obra poética proyecta.

Su actividad poética se nutrió también con otros escritores que formaban parte del Movimiento Social Progresista, entre ellos, Sebastián y Augusto Salazar Bondy, Alberto Ruiz Eldredge, Santiago Agurto Calvo,  Francisco Moncloa,  José Matos Mar,  Abelardo Oquendo entre otros. En esos años militaba en el socialismo peruano y con Víctor Mazzi Trujillo trabajaron como regentes en su local del jirón Chincha, cercado de Lima.

En el recibimiento al poeta paraguayo Elvio Romero. Leoncio Bueno, Elvio Romero, Teodoro Stucchi y Víctor Mazzi Trujillo. Cortesía: Jesús Ángel García.


Sufrió prisión en la isla penal el Frontón a raíz de la represión de las luchas campesinas que dirigió el líder trotskista Hugo Blanco Galdós, años después fue indultado. Su simpatía por las propuestas e ideas del pensamiento del líder soviético León Trotski tornaron el motivo de su vida e ideales durante una época muy convulsionada.

Para ganarse la vida, fundó su taller de reparación de baterías El Tungar en Breña, lugar donde los noveles poetas lo visitaban y buscaban siempre un motivo orientador para sus escrituras poéticas. Suele narrarse las famosas tardes de frugal bohemia en El Tungar, invariablemente alimentado con harta poesía, acompañado con té y pan “con soledad”, que jocosamente los noveles aspirantes a poetas solían referirse parafraseando el famoso eslogan “pan con libertad”. Distintos poetas, posteriormente  “consagrados”, narran sus experiencias de lo que significó participar en El Tungar y leer sus poemas ante un exigente jurado de poetas obreros autodidactas.

Portada Al pie del yunque con hoja de dedicatoria a Víctor Mazzi Trujillo.


Su inicial obra poética se puede leer en los Cuadernos del Grupo Intelectual Primero de Mayo. Su primera obra personal es Al pie del yunque (1966) que publicó bajo el sello editorial del GIPM, luego vendría Pastor de truenos (1968) bajo el sello Ediciones Tungar, posteriormente Invasión poderosa (1970), Rebuzno propio (1976), La guerra de los runas (1980). Su producción poética que no se ha detenido como su último Memoria de mi desnudez (2014), una antología de sus poemas y obras publicadas. La cultura peruana debe sentir el orgullo de sus letras que proponen un universo estético alternativo y muy creativo.

Acompañando a Manuel Scorza en evento literario, acompañados de estudiantes de literatura de la Universidad de San Marcos. Aproximadamente en 1967.

Leoncio Bueno también incursionó en la cinematografía. En 1982 actuó en la película alemana Fitzcarraldo dirigida por Werner Herzog, al lado de Klaus Kinski, Claudia Cardinale, el músico brasileño Milton Nascimiento y el Rolling Stone Mick Jagger. Experiencia que nos mostró la amplitud de su acción estética.

También ha ejercido como periodista, siendo fundador de la Federación de Periodistas del Perú, obteniendo su membresía activa por sus artículos y ensayos críticos sobre temas culturales y políticos. Participó en la revista Marka (1975) y luego en El diario de Marka (1980), cuando ésta aún representaba a las distintas voces que interpretaban al Perú como diverso y con la necesidad de un cambio sobre las condiciones de injusticia reinantes.

Muchas veces se pregunta por sus virtudes y cualidades como persona y creador de raíz afrodescendiente. A mi parecer, es su espíritu combativo y resiliente. La adversidad de su prisión no lo amilanó ni lo derrotó, creó en él un profundo desafío para construir un Perú mucho más justo. Su obra publicada es muestra de tal reto.

Su generosidad con poetas y escritores de extracción obrera y popular va más allá de todo exclusivismo como “sociedad cerrada”, brindó a muchos sus consejos y orientaciones estéticas, nutriéndose del gran escritor de habla francesa y padre del pensamiento decolonial y perenne luchador contra el racismo, Frantz Fanon y de autores marxistas muy en boga.

Libro de Frantz Fanon con dedicatoria para Víctor Mazzi Trujillo


Si hay un reconocimiento de su obra en la cultura peruana es por su amplitud y creatividad que generó en poetas, habidos en aprender de su experiencia creativa como obrero autodidacta.

En sus cien años de existencia, Leoncio Bueno ha recibido las siguientes distinciones:

 2016: Premio Casa de la Literatura Peruana.

2023: Personalidad Meritoria de la Cultura otorgado por el Ministerio de Cultura.

2025: Premio FIL Lima, otorgado por la Cámara Peruana del Libro.

Y esta noche, merecidamente el Ministerio de Cultura le otorga la Orden de los Grandes Maestros de la Cultura Peruana.

El legado de su obra cultural pertenece a todos los peruanos sin distinción discriminatoria de estatus económico, credo, filiación política o condición “racial” y proyecta al Perú en la órbita de la integración cultural desde su obra poética muy original y expresiva, también desde su condición de afrodescendiente.

Es costumbre en estos agradecimientos desear el éxito futuro, sin embargo, con más de cien años de fulgurante existencia, queda pedir que su brillo no se apague y aun perdure alumbrando el camino para todos, teniendo como meta esa condición difícil y difusa en el horizonte que hoy buscamos como “felicidad”, “bienestar”, “belleza”, “justicia” y el “bien común”.

Agradeciendo en nombre de las familias Bueno Román, Zevallos Román, Vargas Machuca, este merecido reconocimiento que otorga el Ministerio de Cultura del Perú a Leoncio Bueno Barrantes, imponiéndole la Orden de los Grandes Maestros de la Cultura Peruana, solicito a nuestra amable concurrencia ponerse de pie y rendirle un merecido reconocimiento con sus fuertes aplausos.

Muchas gracias y muy buenas noches.

Víctor Mazzi Huaycucho

martes, 10 de marzo de 2026

Tras las huellas de la reflexión originaria

Junto al exitoso libro 𝐼𝑛𝑘𝑎𝑠 𝑦 𝑓𝑖𝑙𝑜́𝑠𝑜𝑓𝑜𝑠, el educador Víctor Mazzi Huaycucho es autor, además, de 𝐶𝑎𝑖𝑡𝑎 𝑦𝑢𝑦𝑎𝑐ℎ𝑖ℎ𝑢𝑎𝑦 ℎ𝑎𝑚𝑢𝑡𝑎𝑐ℎ𝑖ℎ𝑢𝑎𝑦. 𝐻𝑢𝑒𝑙𝑙𝑎𝑠 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑟𝑒𝑓𝑙𝑒𝑥𝑖𝑜́𝑛 𝑜𝑟𝑖𝑔𝑖𝑛𝑎𝑟𝑖𝑎, volumen que reúne ensayos y entrevistas sobre el conocimiento y sabiduría en el Tawantinsuyo, basándose en textos históricos como el Manuscrito de Huarochirí y el gran legado de Guaman Poma de Ayala y del amauta Juan Yunpa; prestando atención, asimismo, a sistemas comunicativos como los tukapus y khipus. Mazzi aborda aquí contenidos que dan forma al desarrollo de esta preocupación reflexiva: el análisis de la semántica autóctona, los intereses de dominación por parte del discurso eurocéntrico y los conflictos culturales y sociales que perviven en este contexto; tópicos con los cuales busca ser amplio y preciso en la interpretación histórica y lingüística de una de las más grandes civilizaciones del mundo como fue el Antiguo Perú, fomentando así nuestra tan necesaria conciencia de identidad. Sobre este y otros temas relacionados con sus motivaciones personales y su labor intelectual, Mazzi nos habla en la presente entrevista. 

Mi agradecimiento a Virginia Vílchez (librosperuanos.com) y a Ricardo Ayllón.

https://youtu.be/9PQ52SZjAyQ?si=CXjHEtFSWzgsGkcA

domingo, 26 de octubre de 2025

Mariátegui: un creador que repensó la tradición marxista

 




Patricio Gutiérrez Donoso. 

Director del Centro de Estudios del Pensamiento Ibericoamericano (CEPIB). Universidad de Valparaíso.

 Texto leído en la presentación del libro El encuentro Arico y Mariátegui en el marxismo Latinoamericano. Editado por Yuri Gómez. Editorial LOM. 2025

omo bien sabemos José Carlos Mariátegui (1894–1930) es una de las figuras más originales y profundas del pensamiento latinoamericano del siglo XX. Su lectura del marxismo no fue la de un simple intérprete de teorías europeas, sino la de un creador que buscó repensar críticamente la tradición marxista desde la realidad histórica, cultural y social del Perú desde su particularidad nace su universalidad. En un tiempo dominado por la ortodoxia y el determinismo económico, Mariátegui propuso un marxismo vivo, no dogmático, receptivo al mito soreliano, a la cultura y como se han señalado muchos autores a la “herejía”. Desde sus Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana (1928) pasando por su Defensa del marxismo (1929), su obra representa un intento de traducir en el sentido gramsciano el marxismo a las condiciones concretas de América Latina, incorporando las dimensiones indígenas, comunitaria y de la vida social del Perú, esta manera de abordar el problema del marxismo por Mariátegui es lo que Aricó va a relevar del olvidado al Peruano, ve en el su potencialidad crítica de la ortodoxia, se identifica con él, mismo impulso que realiza Arico después de la salida del PCA y su lucha contra la ortodoxia.


El libro El encuentro: Aricó y Mariátegui en el marxismo Latinoamericano explora las tensiones en la recepción del marxismo, La tesis central que presenta el libro es la relación del marxismo y la realidad nacional en esa tención se daría un desencuentro. El texto se centra a su vez en el desencuentro de Aricó con la política del PCA y la de Mariátegui con el komintern. El horizonte que articula el texto en este sentido, es la afinidad de Aricó con Mariátegui, o más bien el marxismo que pensó Arico (como editor difusor e interprete) y su vehículo de expresión de su construcción critica es Mariátegui, lo planteo como hipótesis a discutir. (marxismo leninismo, heterodoxia, ortodoxia, mito en fin lo que está dé fondo es volver a Marx ).

Libro publicado por José Aricó en 1978

Desde esta perspectiva se puede aproximar al texto en dos niveles de análisis: Mariátegui como el encuentro problemático con la ortodoxia que no permite pensar en una realidad concreta, es decir el marxismo con lo nacional y segundo Arico en su desencuentro con el Partido Comunista Argentino partido que a los ojos de Aricó es un órgano que reproduce los lineamiento acríticamente de la komintern es decir la ortodoxia, es el juego de espejos complementarios entre Aricó y Mariátegui que se van articulando en el texto. 

En este escenario, Mariátegui, autodidacta formado en el periodismo, fue construyendo una visión crítica a partir de su experiencia con las luchas obreras y campesinas. Su estadía en Europa entre 1919 y 1923 fue decisiva: allí conoció el marxismo en su fuente italiana, asistió a la efervescencia del movimiento socialista, a las secuelas de la Primera Guerra Mundial y al surgimiento del fascismo. En Italia entró en contacto con el mundo cultural y político de comienzos de la década del 20 ahí donde refuerza sus ideas y su fe marxismo. 

El marxismo, -piensa Mariátegui- para ser verdaderamente revolucionario, debe ser reinterpretado a la luz de la historia y la cultura de cada pueblo. La revolución socialista en América Latina no podía seguir los mismos caminos que en Europa, porque la estructura de clases, la composición étnica y las formas culturales del continente eran profundamente distintas. La tarea, por tanto, no consistía en aplicar mecánicamente las categorías del materialismo histórico, sino en traducirlas creadoramente, en un ejercicio de pensamiento situado y crítico labor que realiza en la revista Amauta y Arico en pasado y presente.

Los 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana
también fue publicada en Chile en 1955 (Editorial Universitaria), acompañada 
con el prólogo de Guillermo Rouillón.

En los Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, su análisis del Perú revela una mirada totalizante que articula economía, política y cultura. Mariátegui identifica en el latifundio la base material del atraso nacional: una estructura feudal que impide el desarrollo capitalista autónomo y mantiene a las masas indígenas en la servidumbre. El problema indígena, señala, no es racial ni cultural, sino económico. La opresión del indígena se explica por la concentración de la tierra y por la supervivencia del orden colonial en la República. La liberación del indígena, por tanto, solo puede realizarse a través de una revolución social que transforme las relaciones de propiedad y restituya el principio comunitario como fundamento del nuevo orden. 

A partir de estos diagnósticos, Mariátegui formula la idea de un “socialismo indoamericano”. Con esta expresión se refiere a un proyecto revolucionario que, sin renunciar a los principios universales del marxismo, se enraíce en las tradiciones colectivas de los pueblos originarios (atención planteamiento demasiado hereje para el momento ese es eje dé desencuentro). Para él, las comunidades andinas conservaban una forma de comunismo agrario pre-capitalista, una organización basada en la reciprocidad y la cooperación que podría servir de base moral y económica para el socialismo el Ayllu. En esta clave, el socialismo no es una importación europea, sino una reactivación consciente de la memoria histórica de los pueblos. La revolución no se construye sobre la negación del pasado, sino sobre su reapropiación. Mariátegui veía en las comunidades indígenas no un vestigio arcaico, sino una semilla de futuro. El socialismo debía nacer de esa continuidad, de la alianza entre campesinos, obreros e indígenas en una misma lucha por la justicia social y la soberanía nacional.

Uno de los aspectos más originales de su pensamiento es la integración del mito en la teoría marxista. A diferencia de la lectura racionalista y cientificista de muchos marxistas de su época, Mariátegui comprendió que toda transformación profunda exige una dimensión espiritual. La revolución, decía, necesita de un mito, de una fe, de una esperanza colectiva que movilice las energías morales del pueblo. En Defensa del marxismo (1929) escribió que “el mito mueve al hombre en la historia. El mito de nuestra época es el mito de la revolución social”. Así, la revolución socialista es, para Mariátegui, tanto un acto político como una creación cultural. Requiere de una nueva sensibilidad, de una nueva forma de ver el mundo.

Defensa del marxismo de José Carlos Mariátegui, publicado en Chile en
1934, fue reimpreso por el Instituto de Filosofía de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Valparaíso (2015)

La originalidad de Mariátegui radica también en su comprensión dialéctica del marxismo. Rechaza tanto el economicismo que reduce la historia a leyes objetivas como el idealismo que desconoce la base material de la vida social. En su pensamiento, lo material y lo espiritual no se oponen, sino que se integran en una totalidad dinámica. Esta perspectiva lo aproxima a Gramsci, con quien comparte la idea de que la revolución debe ser también una “reforma intelectual y moral”. Aunque no tuvo acceso directo a los Cuadernos de la cárcel, -por obvias razones- sus intuiciones son paralelas: ambos piensan la hegemonía como una síntesis entre estructura y superestructura, entre poder económico y dirección cultural. 

José Aricó
Intelectual marxista argentino en el simposio
 “América Latina. Democracia y movimiento Social

Décadas más tarde, el intelectual argentino José Aricó desempeñó un papel fundamental en la recuperación del pensamiento de Mariátegui (el valor de la entrevista inédita es que aborda estos puntos centrales del pensamiento de Mariátegui) dentro del campo marxista latinoamericano. En su libro Mariátegui y los orígenes del marxismo latinoamericano (1978), Aricó sostiene que el pensador peruano había sido injustamente marginado por la ortodoxia comunista, que lo consideraba un heterodoxo. Aricó descubre en Mariátegui una de las primeras expresiones de un marxismo latinoamericano autónomo, que, sin abandonar el universalismo del marxismo, lo traduce en clave nacional y popular. Gracias a la lectura de Aricó, Mariátegui dejó de ser un pensador local o precursor aislado, para convertirse en el punto de partida de una tradición teórica propiamente latinoamericana. Aricó destacó la capacidad de Mariátegui para vincular el análisis marxista con las formas de organización social preexistentes, y para articular la dimensión política con la cultural, anticipando debates que décadas después ocuparían a Gramsci y a los teóricos de la dependencia. En esta relectura, Aricó reivindica el carácter creador del marxismo mariateguiano y su distancia tanto del positivismo como del economicismo soviético. Al hacerlo, contribuye a situar a Mariátegui en el centro de la discusión sobre la modernidad periférica y las posibilidades de una revolución desde el Sur.

El estudio de Osvaldo Fernández sobre el pensamiento y la obra 
de José Carlos Mariátegui es muy importante.

Las resonancias del pensamiento mariateguiano se extienden hasta el presente. Su crítica al eurocentrismo y su defensa de un socialismo enraizado en las tradiciones latinoamericanas anticipan muchas de las preocupaciones del pensamiento decolonial contemporáneo. Autores como Aníbal Quijano (1988) reconocen en Mariátegui el primer esfuerzo por pensar una modernidad alternativa desde América Latina, basada en la heterogeneidad histórica y en la descolonización del poder y del saber. Enrique Dussel (1990) y Michael Löwy (2011) lo consideran el fundador de un marxismo latinoamericano propiamente dicho, capaz de dialogar con lo popular y con las resistencias culturales frente al capitalismo (el imperialismo en su época). En ese sentido, Mariátegui no solo fue un marxista peruano, sino un pensador universal que hizo del marxismo una herramienta dé análisis dé la realidad rescatando el espíritu del método de la economía de Marx pasar de lo abstracto a lo concreto, para construir un concreto determinado.

En tiempos de crisis, el legado de Mariátegui adquiere una fuerza renovada. Su llamado a un socialismo creador, frente al desencanto neoliberal y la fragmentación cultural contemporánea. Su marxismo no es una ortodoxia, sino un método para pensar críticamente la historia y abrir caminos nuevos.

Libro publicado por Patricio Gutiérrez ubicando la influencia
del pensamiento de José Carlos Mariátegui en Chile

José Carlos Mariátegui fue, en definitiva, un pensador que comprendió que la revolución no es solamente una cuestión económica, sino también una cuestión espiritual. Su marxismo, profundamente herético, articula razón y poesía, análisis y fe, ciencia y mito. Su obra no cierra, sino que abre caminos: nos enseña que pensar críticamente América Latina implica no copiar modelos, sino crear heroicamente, con nuestras propias manos, un socialismo que brote de la tierra y del sentido de nuestros pueblos. Termino señalando que la idea central en la búsqueda dé Mariátegui es que la herejía fortalece el dogma. En este sentido este libro recupera seguir pensando el dogma marxista como herejía radical.

Valparaíso, octubre de 2025

Patricio Gutiérrez Donoso. 

Magíster en Historia de Chile y de América por la Universidad de Valparaíso, Chile. Licenciado en Historia, Licenciado en Educación y Profesor de Enseñanza media en Historia y Ciencias Sociales por la Universidad de Valparaíso.

Director del Centro de Pensamiento Iberoamericano (CEPIB) del Instituto de Filosofía de la Facultad de Humanidades, Universidad de Valparaíso. Miembro del núcleo de estudios de Historia Social y Cultural del Mundo del Trabajo, Instituto de altos estudios (IDAES, UNSAM).