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| Trazo a lápiz de Piero Gobetti en Centro de Estudios Piero Gobetti, Torino |
ste año 2026 se han celebrado dos centenarios muy
significativos tanto en Perú como en Italia: El centenario de la revista Amauta,
fundada por José Carlos Mariátegui y, en febrero de 1926, el centenario del deceso
de Piero Gobetti, acaecido durante su exilio en París, después de la
persecución y la cobarde agresión que sufrió ordenada por el jefe del partido
fascista: Benito Mussolini. Ambas fechas conmemorativas se han celebrado con
apoteósicas conmemoraciones tanto en Perú como en Italia.
Las celebraciones del centenario de la revista Amauta han sido y son múltiples, la fecha no podía pasar desapercibida para muchos mariateguistas. Por nuestra parte, en el afán de no incurrir en discursos iterativos, decidí recorrer la ruta que Mariátegui siguió en Italia, indagando sus influencias de las revistas de su época que tomó para Amauta, todas ellas publicados en el reino de Italia entre 1920 a 1922. Además, para conmemorar los cien años de la revista Amauta, como novedad editorial lanzamos nuestra publicación Mariátegui antifascista.
También, durante el recorrido, visitamos la tumba de Antonio Gramsci, cuyos restos descansan en el cementerio acatólico, en el barrio de Testaccio (Roma). Aun la presencia de Mariátegui en Italia pasa como episodio y anécdota entre pensadores italianos -salvo la intensa labor que desarrolló Antonio Melis-, lo que percibimos durante nuestro recorrido en Italia es saber que aún Mariátegui es poco conocido entre los pensadores de Italia.
En busca de Piero Gobetti
En diversos artículos de Mariátegui surge la figura de Piero
Gobetti, siempre nos preguntamos que representaba el pensador italiano respecto
a la influencia que causó en Mariátegui y cuáles son sus propuestas que se
recogieron en la revista Amauta y en sus artículos en la revista
Mundial.
Para calmar nuestra sed de saber, partimos desde Milán a Torino con la finalidad de visitar el Centro de Estudios Piero Gobetti, situado en Vía Antonio Fabro, 6, 10122 Torino. Recordemos que Mariátegui testimonió que a finales del mes de julio de 1920 junto a César Falcón y Palmiro Macchiavello viajaron a Torino con la finalidad de conocer la redacción del semanario cultural socialista L’Ordine nuovo, dirigido por Antonio Gramsci ―dicho local, después de la Segunda Guerra Mundial, sufrió modificaciones―. El hogar familiar donde creció Piero Gobetti se encontraba a corta distancia del semanario socialista.
En dicha visita, Mariátegui testimonió que conocieron y
parlaron con los líderes socialistas Antonio Gramsci, Amadeo Bordiga y Umberto
Terracini, quizás entre ellos también se encontraba el redactor de la sección
de crítica teatral, Piero Gobetti.
Mariátegui en su artículo “La influencia de Italia en la
cultura hispanoamericana”, publicado en Variedades n.° 1069 (25 de
agosto de 1928), realizó un recuento de la influencia de la cultura italiana de
su época tanto en Sudamérica como en el Perú. Su amigo y contertulio Abraham
Valdelomar estuvo en Italia en 1914, trabajando en la embajada de Perú en Roma.
A su retorno al Perú le narró a Mariátegui su experiencia italiana y la
influencia que le causó la obra literaria de D’Anunnzio, Pirandello, Papini entre
otros muchos.
Al inicio del segundo gobierno de Augusto B. Leguía, en
julio de 1919, Mariátegui fue “invitado” al exilio para desempeñarse como “agente
de propaganda del Perú” en Italia, mientras que César Falcón fue enviado a
Madrid. El reino de Italia tras la Primera Guerra Mundial, atravesaba una conmoción
social y económica, el tratado de Versalles la desfavorecía del botín de guerra
logrado tras la derrota del imperio Austrohúngaro y Alemania. Este corto
periodo fue conocido como “bienio rosso”, con tomas de fábricas por los obreros
de la FIAT en Torino y la ascensión del fascismo en Milán.
Es curioso saber que Mariátegui, en sus artículos
periodísticos sobre el pensamiento político en Italia de 1919 a 1930, en sus
referencias sobre pensadores italianos de izquierda, ofrezca opinión extensa sobre
el pensamiento de Antonio Gramsci y, sin embargo, nos brinde comentarios más
elaborados sobre el pensamiento y la obra de Piero Gobetti, considerándole como
el valor intelectual y político más importante de la cultura italiana. La
respuesta sobre aquella escasa alusión, fue que Mariátegui no contaba con libro
alguno publicado por Antonio Gramsci entre 1920 a 1922, sin embargo, lo seguía atentamente
con la lectura de sus artículos en L’Ordine nuovo, incluso después de su
retorno a Perú en 1923, obtenía el semanario mediante los envíos que le hiciera
Palmiro Macchiavello, hasta su clausura por el encarcelamiento del diputado
Gramsci en 1926.
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| Visita a la tumba de Antonio Gramsci, Roma. Cementerio acatólico |
Piero Gobetti en su juventud contaba con obra publicada. Ensayos: a filosofía política di Vittorio Alfieri (1923, Piero Gobetti Editore); La frusta teatrale (Milan,1923, Corbaccio editor); Felice Casorati. Pittore (1923); Dal bolscevismo al fascismo. Note di cultura politica (1923). Libros: La rivoluzione liberale. Saggio sulla lotta politica in Italia (Bolonia 1924, Cappelli) y Risorgimento senza eroi (1926). Además, destacó como editor de La rivoluzione liberale y Il Baretti y como fundador de la editorial. «Pietro Gobetti Editore”.
Como reseñamos líneas arriba, visitamos el Centro Studi Piero
Gobetti en Torino, siendo recibidos amablemente por Antonio La Porta, vínculo
brindado gentilmente por Gonzalo Jara Townsend (Valparaíso). Nuestra sorpresa
fue encontrar un Centro de Estudios, muy bien organizado que brinda servicios
gratuitos para la consulta del archivo que Gobetti mantuvo en su hogar, preservados
a pesar del asedio y la persecución que le impuso el fascismo.
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| Entregando mi último libro Mariátegui antifascista a Antonio La porta del Centro de Estudios Piero Gobetti (Torino, septiembre 1926). |
Antonio La Porta nos mostró los libros y revistas originales que se preservan desde 1919 en los diferentes pisos del Centro de Estudios. Además, cuenta con el archivo íntegro de la biblioteca personal del filósofo Norberto Bobbio. Los ejemplares de La rivoluzione liberale y Il Baretti se encuentran íntegros y muy bien preservados. Entendimos que Mariátegui al consultarlos, orientó el diseño de la revista Amauta, con los patrones editoriales que ambas revistas y L’Ordine nuovo mostraban, dirigidos a un público lector específico: la clase obrera. En nuestra visita pudimos revisar los textos de Karl Marx y Lenin en la traducción al italiano, textos que Mariátegui también consultó y poseía en su biblioteca personal.
El horizonte Gobetti explicado por Mariátegui
Mariátegui
valoró a Piero Gobetti y lo consideró como brillante, original y sustancioso
pensador italiano, en “sincronía intelectual” con su propia formación.[1]
Gobetti fue percibido como un teórico fundamental por su brillante capacidad de
pensamiento para entender la modernidad, la reforma liberal y su lucha contra
el fascismo. Refirió que es un “ensayista de brillante talento y de rica
cultura, [que] se clasificó [desde] muy joven entre los primeros valores de la
crítica italiana”. Por sus inteligentes artículos publicados, gozaba de una
sólida fama como crítico literario, tanto así que Giuseppe Prezzolini, en su
obra La cultura italiana lo refiere “con deferencia y encomio”.
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| Dos publicaciones recientes del Centro de Estudios de la obra de Piero Gobetti. |
Consideró que, “por su espíritu, por su modernidad, por sus muchos admirables aspectos” su obra publicada merecía ser difundida en Hispanoamérica, a pesar de que se muestre “deficiencia de la asimilación de lo mejor de Italia”. Fue contrario a la imposición de “ciertos italianistas superficiales”, que priorizan el éxito instantáneo y el espectáculo en detrimento de la difusión de ideas, y que pretenden imponerle al lector del continente americano a literatos reclamistas que forman parte del “cortejo de Mussolini”, presentados como “exclusivos representantes” de la intelectualidad italiana. Mariátegui destacó la ausencia de justicia al imponerse oficialmente a Curzio Malaparte, mientras que “se ignora absolutamente a Piero Gobetti”. Reclamó que, pese a haber “muerto en la juventud en ardiente batalla, [aún] permanezca completamente desconocido”.
Gobetti
(Turín, 1901) estudió y se graduó en Derecho en la Universidad de Turín. Estuvo
influido por la filosofía de Benedetto Croce ―Mariátegui lo ubicó como un
“crociano de izquierda”―. A los diecisiete años, fundó la revista Energie Nove (1918),
para luego, en febrero de 1922, editar los cuadernos La Rivoluzione Liberale y,
finalmente, Il Baretti, revista de crítica literaria y artística. Destacó que
“dio vida en Turín a una de las más interesantes empresas editoriales de la
Italia moderna, con la publicación de los cuadernos de ‘La Revolución
Liberal’”. La editorial de Gobetti publicó, además, artículos filosóficos de
Benedetto Croce y La libertá (1925), de John Stuart Mill, y Ossi di seppi
[‘Huesos de sepia’] (1925), de Eugenio Montale (nobel de Literatura, 1975),
entre otros.
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| Piero y Ada Gobetti. Imagen proveniente del Centro de Estudios Piero Gobetti. Ada Gobetti lideró la lucha antifascista en Italia. |
Mariátegui enfatizó que Gobetti fue un militante antifascista muy connotado, al punto de que Mussolini lo consideraba “un insulso enemigo del fascismo”, por lo que ordenó al prefecto de Turín “que hiciera imposible en esa ciudad la permanencia de Gobetti”. La orden se efectivizó con una brutal agresión a mansalva por hordas fascistas, y se tuvo que exiliar en Francia, desde donde gestionó el traslado de su casa editorial a París, hasta que al poco tiempo “Encontró la muerte en el destierro”. Falleció en París el 15 de febrero de 1926, en la versión que recogió Mariátegui, “atacado de bronconeumonía”, e incidió en que aún “no había cumplido siquiera los treinta años” y “era ya una gran figura del pensamiento italiano”.
Tres
años después del deceso de Gobetti, Mariátegui publicó una nota conmemorativa
en Amauta. n.° 24 (1929), en la que escribió: “Amauta’, revista
revolucionaria, cumple con un deber al rendir homenaje en Hispano-América a la
memoria de Piero Gobetti y ofrecer a sus lectores tres breves ensayos del gran
escritor italiano” (p. 22). Estos son: “El perseguidor de anárquicos”, “Nuestro
protestantismo” y “Doménico Giuliotti”.[2]
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| Nota redactada por José Carlos Mariátegui en la revista Amauta. |
Mariátegui consideró que su obra “quedó íntegramente por hacer”, ya que en vida “no tuvo tiempo de desarrollar[la] en los libros planeados”. Gobetti se caracterizó por su temperamento hiperactivo: “mientras fundaba una revista, imponía una editorial, renovaba la crítica e infundía un potente aliento filosófico en el periodismo político”, así como por una intensa actividad en la que el tiempo le era insuficiente para culminar sus propias empresas literarias. Tras su deceso quedaron inéditos y dispersos “artículos, apuntes varios, esquemas conceptuales”. Señaló Mariátegui que “la obra de Gobetti ha sido recogida con profunda devoción por sus admiradores y amigos”. El trabajo estuvo dirigido por Santiago Caramella, que compiló y organizó sus escritos inéditos, que póstumamente se publicaron.
Mariátegui
conservó, en su biblioteca personal, “los cuatro nutridos y preciosos volúmenes
de su obra completa” editada en italiano. Es posible que personalmente conociese
a Gobetti durante su visita ala redacción de L’Ordine Nuovo ubicado en Torino. Escribió: “He leído los cuatro
primeros volúmenes de la obra de Piero Gobetti”. Comentó que en todos ellos
existía “una originalidad de pensamiento, una fuerza de expresión, una riqueza
de ideas” que muchos autores italianos “están muy lejos de alcanzar, en libros
prolijamente concluidos y retocados”, muy a pesar del patrocinio del circuito
literario internacional.
En
“Presentación de Piero Gobetti”, afirmó que tiene “un sentido de justicia, una
acendrada simpatía por el hombre y la obra”, e incidió en quien brilla con luz
propia por su originalidad reflexiva, desafío que él mismo tendría como un
referente muy importante para su propio desarrollo intelectual. Encumbró sus
aportes teóricos políticos en sus propuestas sobre la revolución liberal como
un “mílite de L’Ordine Nuovo”, en sincronía con el pensamiento de Antonio
Gramsci.
Mariátegui,
en su segundo artículo ”La economía y Piero Gobetti”, indicó que, a pesar de no
mostrar pericia en economía, integró, sin embargo, “el peso de sus juicios
morales, políticos, filosóficos, estéticos e históricos en el análisis de la
economía”. Distante de la reducción del análisis a un “homo œconomicus” de su
época, aquellos que supeditaban al puro estudio económico el análisis de un
proceso integral, su perspectiva interdisciplinaria integró todos los contextos
concurrentes para el estudio económico.
Gobetti
no fue formado mediante una rígida tradición marxista, ejerció cierta autonomía en su
pensamiento. Acogió las influencias filosóficas del liberalismo de Stuart Mill y de Benedetto Croce. Comprendió la
teoría económica de Marx al investigar el proceso ideológico-político y
religioso desde mediados del siglo XIX y las primeras décadas del XX, en
particular, sobre las condiciones económica-políticas en el Reino de Italia, y
redefinió la formación del pensamiento filosófico de su tiempo.
Para la
comprensión del proceso económico, tomó en consideración el estudio de la
teoría del valor tanto en la economía liberal como marxista, concatenándola con
problemas de lógica, estética y política. La metodología que empleó Gobetti se
traduce como “el examen del fondo económico de los hechos”, para lo cual
analizó el proceso de la economía en contacto directo con el movimiento obrero
turinés.
Gobetti
destacó la función esencial de la economía en la creación de nuevos valores
ético-morales en el surgimiento de un nuevo orden político. El interés del
análisis económico se acrecentó “con su acercamiento a Gramsci y su
colaboración en L’Ordine Nuovo”, que basó sus edificaciones teóricas en “la
experiencia actual y directa”. Comprendió que la formación de una nueva clase
dirigente no podía constituirse sino en el campo social de la producción, en el
que un idealismo concreto debía nutrirse normalmente de la disciplina y
dignidad del productor.
Gobetti
sustentó que el capitalismo europeo se sustentaba en la reforma protestante,
mientras que, en el Reino de Italia, el proceso religioso y social católico fue
contrario a toda reforma, y el artesano y el mercader no lograron transformarse
en una nueva burguesía, además de que el poder político y económico de la
Iglesia católica generó pauperismo, que “se acompañó con la miseria de las
conciencias”. Esto determinó el retraso en su economía, impidiéndole “acompasar
su avance al de los grandes Estados capitalistas de Europa”, por lo que
presentaba una agricultura atrasada, carente de modernidad, y persistían los
procesos de servidumbre feudal.
Gobetti
refería que este atraso económico mostró que la aristocracia industrial y la
clase obrera italiana apenas estaban en nacimiento, y no lograban vencer el
pauperismo y diletantismo impuestos, cimentados sobre una plebe muy creyente,
en un contexto en que la religión oprimía la mente de la población bajo
condiciones de miseria, la transformaba en parásitos, y la pobreza impedía la
lucha política, ya que se buscaba piedad antes que trabajo de productor. La
batalla liberal para el desarrollo del capitalismo en Italia aún carecía de una
vigorosa clase obrera.
Mariátegui,
en su último artículo “Piero Gobetti y el risorgimento” destacó su visión crítica
respecto al estudio histórico sobre la unificación italiana de 1861. Consideró
que este ocupó un “sitio solitario”, muy individual entre historiadores y
críticos sobre el tema, al señalar que corresponde a la visión de los
heréticos, y no de los “profesionales”.[3]
Gobetti planteó un análisis muy original sobre los hechos históricos, al margen
de una crónica esquemática y lineal de la unificación y conversión de Italia en
un Estado.[4]
Se desprende que, en cátedras y cursos que narraban la “historia oficial de la
unificación italiana”, solo se alude a la acción de sus próceres y héroes;
Gobetti, en cambio, examinó a los “próceres vencidos”, propuso un discurso
alternativo -que hoy se conoce como “la historia alterna” o “la otra historia”,
la que conduce a estudiarla “a contra luz” de “sus oscuras aspiraciones, de sus
problemas insolubles y sus desesperadas esperanzas”- y planteó una visión del
Risorgimento “sin héroes”.[5]
En el Risorgimento, el norte piamontés desempeñó un importante protagonismo para instaurar un Estado unificado con instituciones democráticas bajo un régimen de libertad y laicismo, separado de la tutela de la Iglesia católica, en búsqueda de la unidad de Italia como expresión de un ideal victorioso de modernidad y profunda reforma estatal. Para lograr dicha unificación, se buscó asimilar el sur, muy renuente a la reforma y al progreso industrial que presentaba el norte.
La
instalación del Estado demoliberal fue fruto de un acuerdo entre la mentalidad
realista concomitante con la europea que presentaban las regiones industriales
del norte frente a las costumbres cortesanas de provincias rurales en el sur, a
cuyo atraso económico se sumaba la sequía y el descontrol de la malaria entre
su población. El norte de Italia “entonaba absolutamente” económica y
mentalmente con la Europa capitalista protestante, a diferencia del sur, “más
provincial, güelfa y papista”.
Con la
unidad de Italia, se estableció la casa real de los Saboya, y, aunque no se
convirtió en república, la monarquía adoptó un esquema demoliberal con un
fuerte ideario político basado en la propia identidad cultural, y proveyó de
funcionarios muy capaces, administradores y estadísticos competentes, desde
Camillo Benso, conde de Cavour, hasta Giovanni Giolitti.
En la
década de 1920, en Turín surgió la posibilidad de instaurar la democracia
obrera bajo la guía de L’Ordine Nuovo, que formaba a los “cuadros de la
revolución proletaria”. Al instalarse la democracia parlamentaria, el
socialismo italiano puso al descubierto su superficie deformada, aunque, sin
embargo, estos, con su retórica esfumante, también la debilitaban,
estableciendo una clientela electoral y la agitación en plazas, con una pobreza
en el entendimiento y acerca de la actividad propia y genuina del Partido
Socialista.
La
tragedia del legado del ideal del Risorgimento se vio en los días posteriores a
la toma de las fábricas en el norte, en 1920, cuando, derrotados los consejos
de gestión obrera, sucedió la revancha de la reacción a través del fascismo,
que soliviantaba a las fuerzas negativas de la Italia pequeño-burguesa contra
el Estado demoliberal. El fascismo representó “la liquidación reaccionaria del
Estado”, de su actividad demoliberal. El fascismo tuvo como propósito destruir
toda institución que permitiera un respiro de democracia, y tanto la burguesía
como la pequeña burguesía no se identificaron con el sacrificio de líderes y
precursores de la unificación de Italia.
| Tarjeta conmemorativa al centenario del deceso de Piero Gobetti |
Gobetti sostuvo que, tras la instalación del gobierno fascista, el Risorgimento quedaba inconcluso: no se sentaron las bases para la real unidad del pueblo como nación. La conquista de la independencia con el Risorgimento no se internalizó en la vida de la nación. El liberalismo italiano no estaba propenso a adoptar los ideales de la reforma protestante europea,[6] y esta se expresó como demoliberalismo católico para mantener la hegemonía de la Iglesia en las decisiones de gobierno, con lo que, así, quedaba imposibilitado de liderar un movimiento que diera o propiciara la creación de un nuevo Estado: el mecanismo del Estado liberal se fundaba en una vieja osamenta heredada.
Si bien
la experiencia de la Comuna de París de 1848 a 1849 coadyuvó a la formación de
una nueva burguesía italiana, esta no devino en revolucionaria ni dio origen
inmediato a un nuevo Estado, y esto expresó la frustración de su misión como
clase dirigente emergente respecto a la Italia fascista, que dio las espaldas a
los ideales del Risorgimento, y representó en Europa la más descarnada reacción
contra el Estado demoliberal.
Vidas truncas, ideas persistentes
Si hay algún paralelo en la vida de ambos, es que
fallecieron a temprana edad (Gobetti a los 26 y Mariátegui a los 36). El legado
de Mariátegui puede constatarse en su estudio sobre la realidad peruana y los
caminos alternativos que bosquejó para seguir una transformación “sin calco ni
copia”. Gobetti ha dejado un legado antifascista muy importante para el pensamiento político contemporáneo.
Gobetti falleció en su exilio en París. El discurso
antifascista que proyectó, guio a la resistencia antifascista en Italia durante
la Segunda Guerra Mundial, fue su esposa Ada Gobetti, quien dirigió la lucha de
los partisanos hasta la caída del fascismo en 1945 y la proclamación de la
república.
Durante mi visita a Roma, Madrid y Barcelona constate que el
movimiento "antifa" (antifascista) se torna fuerte y retoma las ideas de sus pensadores
más primigenios y vigentes. Cien años después, el fascismo resurge bajo distintas caretas, aunque tal discurso encubre su verdadero rostro feroz y sanguinario.
Octubre de 2026
[1] La referencia que el mismo
Mariátegui señaló sobre los textos de Piero Gobetti que poseía en su biblioteca
personal es la siguiente: Risorgimiento senza eroi (1926), Paradosse
dello spirito russo (1926), Opera critica, parte prima (1927) y Opera
critica, parte seconda (1927). Aunque no registre La rivoluzione
liberal: saggio sulla lotta politica in Italia (1924), al parecer, leyó
minuciosamente dicha obra.
[2] Se indicó que fue “traducida
expresamente” por Mariátegui para la revista Amauta la “Opere di Piero
Gobetti”: Opera crítica, parte prima (1927).
[3] Gramsci, sin embargo, en Cuadernos
de la cárcel, cuaderno n.° 9 (1929-1932), y, específicamente en “Notas
sobre el risorgimento italiano”, refiere a dos grandes grupos “provisionales”
de autores sobre dicho tema: por un lado, Alfredo Oriani (1889), Mario Misiroli
-que precedieron a la postura de Piero Gobetti- y Guido Dorso, y, por otro,
Gaetano Mosca (1883) y Giorgio Arcoleo (1884), entre otros.
[4] Antonio Gramsci, en Cuadernos
de la cárcel (2023), “Cuaderno N,°6, critica la obra de Adolfo Omodeo, que,
respecto al Risorgimento, “conserva parte del manual escolar” como un catálogo
sin nexos de necesidad histórica. Omodeo postuló la tesis de que el
Risorgimento fue típicamente un fenómeno italiano, sin nexos con la Revolución
e invasión francesa a la península (p. 428).
[5] Antonio Gramsci (1974) refirió:
“La famosa minoría italiana ‘heroica por definición’ (en estos escritores la
expresión ‘heroica’ tiene un significado puramente ‘estético’ o retórico y se
aplica tanto a don Tazzoli como a como a los nobles milaneses que se humillaron
frente al emperador de Austria, tanto que fue escrito un libro sobre el
Risorgimento como revolución sin héroes” (p. 89). Mariátegui y Gramsci
coinciden en tratar los aspectos políticos más relevantes del proceso de la
unificación de Italia. El primero publicó sus criterios sobre el tema en 1929,
mientras que las apreciaciones del segundo se conocieron después de la Segunda
Guerra Mundial.
[6] Anotó Gramsci (2023): “Uno de
los puntos interesantes es el problema de la ausencia de reforma protestante o
religiosa en Italia, problema que se aborda de modo mecánico y exterior, y
repite uno de los cánones históricos de Masaryk en sus estudios de historia de
Rusia” (p. 431).

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