martes, 13 de octubre de 2026

Horizontes paralelos: José Carlos Mariátegui y Piero Gobetti

 

Trazo a lápiz de Piero Gobetti en Centro de Estudios Piero Gobetti, Torino


ste año 2026 se han celebrado dos centenarios muy significativos tanto en Perú como en Italia: El centenario de la revista
Amauta, fundada por José Carlos Mariátegui y, en febrero de 1926, el centenario del deceso de Piero Gobetti, acaecido durante su exilio en París, después de la persecución y la cobarde agresión que sufrió ordenada por el jefe del partido fascista: Benito Mussolini. Ambas fechas conmemorativas se han celebrado con apoteósicas conmemoraciones tanto en Perú como en Italia.

Las celebraciones del centenario de la revista Amauta han sido y son múltiples, la fecha no podía pasar desapercibida para muchos mariateguistas. Por nuestra parte, en el afán de no incurrir en discursos iterativos, decidí recorrer la ruta que Mariátegui siguió en Italia, indagando sus influencias de las revistas de su época que tomó para Amauta, todas ellas publicados en el reino de Italia entre 1920 a 1922. Además, para conmemorar los cien años de la revista Amauta, como novedad editorial lanzamos nuestra publicación Mariátegui antifascista.

También, durante el recorrido, visitamos la tumba de Antonio Gramsci, cuyos restos descansan en el cementerio acatólico, en el barrio de Testaccio (Roma). Aun la presencia de Mariátegui en Italia pasa como episodio y anécdota entre pensadores italianos -salvo la intensa labor que desarrolló Antonio Melis-, lo que percibimos durante nuestro recorrido en Italia es saber que aún Mariátegui es poco conocido entre los pensadores de Italia.

En busca de Piero Gobetti

En diversos artículos de Mariátegui surge la figura de Piero Gobetti, siempre nos preguntamos que representaba el pensador italiano respecto a la influencia que causó en Mariátegui y cuáles son sus propuestas que se recogieron en la revista Amauta y en sus artículos en la revista Mundial.

Amauta n.° 24 (junio de 1929). En este número Mariátegui difunde el pensamiento de Piero Gobetti en el Perú. Nota al pie: "Traducido expresamente [por José Carlos Mariátegui] para "Amauta" del volumen III de las "Opere di Piero Gobetti; "Opera crítica". Parte prima (Edizione del Baretti, Torino 1927). 

Para calmar nuestra sed de saber, partimos desde Milán a Torino con la finalidad de visitar el Centro de Estudios Piero Gobetti, situado en Vía Antonio Fabro, 6, 10122 Torino. Recordemos que Mariátegui testimonió que a finales del mes de julio de 1920 junto a César Falcón y Palmiro Macchiavello viajaron a Torino con la finalidad de conocer la redacción del semanario cultural socialista L’Ordine nuovo, dirigido por Antonio Gramsci ―dicho local, después de la Segunda Guerra Mundial, sufrió modificaciones―. El hogar familiar donde creció Piero Gobetti se encontraba a corta distancia del semanario socialista.

En dicha visita, Mariátegui testimonió que conocieron y parlaron con los líderes socialistas Antonio Gramsci, Amadeo Bordiga y Umberto Terracini, quizás entre ellos también se encontraba el redactor de la sección de crítica teatral, Piero Gobetti.

Mariátegui en su artículo “La influencia de Italia en la cultura hispanoamericana”, publicado en Variedades n.° 1069 (25 de agosto de 1928), realizó un recuento de la influencia de la cultura italiana de su época tanto en Sudamérica como en el Perú. Su amigo y contertulio Abraham Valdelomar estuvo en Italia en 1914, trabajando en la embajada de Perú en Roma. A su retorno al Perú le narró a Mariátegui su experiencia italiana y la influencia que le causó la obra literaria de D’Anunnzio, Pirandello, Papini entre otros muchos.

Al inicio del segundo gobierno de Augusto B. Leguía, en julio de 1919, Mariátegui fue “invitado” al exilio para desempeñarse como “agente de propaganda del Perú” en Italia, mientras que César Falcón fue enviado a Madrid. El reino de Italia tras la Primera Guerra Mundial, atravesaba una conmoción social y económica, el tratado de Versalles la desfavorecía del botín de guerra logrado tras la derrota del imperio Austrohúngaro y Alemania. Este corto periodo fue conocido como “bienio rosso”, con tomas de fábricas por los obreros de la FIAT en Torino y la ascensión del fascismo en Milán.

Es curioso saber que Mariátegui, en sus artículos periodísticos sobre el pensamiento político en Italia de 1919 a 1930, en sus referencias sobre pensadores italianos de izquierda, ofrezca opinión extensa sobre el pensamiento de Antonio Gramsci y, sin embargo, nos brinde comentarios más elaborados sobre el pensamiento y la obra de Piero Gobetti, considerándole como el valor intelectual y político más importante de la cultura italiana. La respuesta sobre aquella escasa alusión, fue que Mariátegui no contaba con libro alguno publicado por Antonio Gramsci entre 1920 a 1922, sin embargo, lo seguía atentamente con la lectura de sus artículos en L’Ordine nuovo, incluso después de su retorno a Perú en 1923, obtenía el semanario mediante los envíos que le hiciera Palmiro Macchiavello, hasta su clausura por el encarcelamiento del diputado Gramsci en 1926.

Visita a la tumba de Antonio Gramsci, Roma. Cementerio acatólico

Piero Gobetti en su juventud contaba con obra publicada. Ensayos: a filosofía política di Vittorio Alfieri (1923, Piero Gobetti Editore); La frusta teatrale (Milan,1923, Corbaccio editor); Felice Casorati. Pittore (1923); Dal bolscevismo al fascismo. Note di cultura politica (1923). Libros: La rivoluzione liberale. Saggio sulla lotta politica in Italia (Bolonia 1924, Cappelli) y Risorgimento senza eroi (1926). Además, destacó como editor de La rivoluzione liberale y Il Baretti y como fundador de la editorial. «Pietro Gobetti Editore”.

Como reseñamos líneas arriba, visitamos el Centro Studi Piero Gobetti en Torino, siendo recibidos amablemente por Antonio La Porta, vínculo brindado gentilmente por Gonzalo Jara Townsend (Valparaíso). Nuestra sorpresa fue encontrar un Centro de Estudios, muy bien organizado que brinda servicios gratuitos para la consulta del archivo que Gobetti mantuvo en su hogar, preservados a pesar del asedio y la persecución que le impuso el fascismo.

Entregando mi último libro Mariátegui antifascista a Antonio La porta del Centro de Estudios Piero Gobetti (Torino, septiembre 1926).

Antonio La Porta nos mostró los libros y revistas originales que se preservan desde 1919 en los diferentes pisos del Centro de Estudios. Además, cuenta con el archivo íntegro de la biblioteca personal del filósofo Norberto Bobbio. Los ejemplares de La rivoluzione liberale y Il Baretti se encuentran íntegros y muy bien preservados. Entendimos que Mariátegui al consultarlos, orientó el diseño de la revista Amauta, con los patrones editoriales que ambas revistas y L’Ordine nuovo mostraban, dirigidos a un público lector específico: la clase obrera. En nuestra visita pudimos revisar los textos de Karl Marx y Lenin en la traducción al italiano, textos que Mariátegui también consultó y poseía en su biblioteca personal.

El horizonte Gobetti explicado por Mariátegui

Mariátegui valoró a Piero Gobetti y lo consideró como brillante, original y sustancioso pensador italiano, en “sincronía intelectual” con su propia formación.[1] Gobetti fue percibido como un teórico fundamental por su brillante capacidad de pensamiento para entender la modernidad, la reforma liberal y su lucha contra el fascismo. Refirió que es un “ensayista de brillante talento y de rica cultura, [que] se clasificó [desde] muy joven entre los primeros valores de la crítica italiana”. Por sus inteligentes artículos publicados, gozaba de una sólida fama como crítico literario, tanto así que Giuseppe Prezzolini, en su obra La cultura italiana lo refiere “con deferencia y encomio”.

Dos publicaciones recientes del Centro de Estudios de la obra de Piero Gobetti.

Consideró que, “por su espíritu, por su modernidad, por sus muchos admirables aspectos” su obra publicada merecía ser difundida en Hispanoamérica, a pesar de que se muestre “deficiencia de la asimilación de lo mejor de Italia”. Fue contrario a la imposición de “ciertos italianistas superficiales”, que priorizan el éxito instantáneo y el espectáculo en detrimento de la difusión de ideas, y que pretenden imponerle al lector del continente americano a literatos reclamistas que forman parte del “cortejo de Mussolini”, presentados como “exclusivos representantes” de la intelectualidad italiana. Mariátegui destacó la ausencia de justicia al imponerse oficialmente a Curzio Malaparte, mientras que “se ignora absolutamente a Piero Gobetti”. Reclamó que, pese a haber “muerto en la juventud en ardiente batalla, [aún] permanezca completamente desconocido”.

Gobetti (Turín, 1901) estudió y se graduó en Derecho en la Universidad de Turín. Estuvo influido por la filosofía de Benedetto Croce ―Mariátegui lo ubicó como un “crociano de izquierda”―. A los diecisiete años, fundó la revista Energie Nove (1918), para luego, en febrero de 1922, editar los cuadernos La Rivoluzione Liberale y, finalmente, Il Baretti, revista de crítica literaria y artística. Destacó que “dio vida en Turín a una de las más interesantes empresas editoriales de la Italia moderna, con la publicación de los cuadernos de ‘La Revolución Liberal’”. La editorial de Gobetti publicó, además, artículos filosóficos de Benedetto Croce y La libertá (1925), de John Stuart Mill, y Ossi di seppi [‘Huesos de sepia’] (1925), de Eugenio Montale (nobel de Literatura, 1975), entre otros.

Piero y Ada Gobetti. Imagen proveniente del Centro de Estudios Piero Gobetti.
Ada Gobetti lideró la lucha antifascista en Italia.

Mariátegui enfatizó que Gobetti fue un militante antifascista muy connotado, al punto de que Mussolini lo consideraba “un insulso enemigo del fascismo”, por lo que ordenó al prefecto de Turín “que hiciera imposible en esa ciudad la permanencia de Gobetti”. La orden se efectivizó con una brutal agresión a mansalva por hordas fascistas, y se tuvo que exiliar en Francia, desde donde gestionó el traslado de su casa editorial a París, hasta que al poco tiempo “Encontró la muerte en el destierro”. Falleció en París el 15 de febrero de 1926, en la versión que recogió Mariátegui, “atacado de bronconeumonía”, e incidió en que aún “no había cumplido siquiera los treinta años” y “era ya una gran figura del pensamiento italiano”.

Tres años después del deceso de Gobetti, Mariátegui publicó una nota conmemorativa en Amauta. n.° 24 (1929), en la que escribió: “Amauta’, revista revolucionaria, cumple con un deber al rendir homenaje en Hispano-América a la memoria de Piero Gobetti y ofrecer a sus lectores tres breves ensayos del gran escritor italiano” (p. 22). Estos son: “El perseguidor de anárquicos”, “Nuestro protestantismo” y “Doménico Giuliotti”.[2]

Nota redactada por José Carlos Mariátegui en la revista Amauta.

Mariátegui consideró que su obra “quedó íntegramente por hacer”, ya que en vida “no tuvo tiempo de desarrollar[la] en los libros planeados”. Gobetti se caracterizó por su temperamento hiperactivo: “mientras fundaba una revista, imponía una editorial, renovaba la crítica e infundía un potente aliento filosófico en el periodismo político”, así como por una intensa actividad en la que el tiempo le era insuficiente para culminar sus propias empresas literarias. Tras su deceso quedaron inéditos y dispersos “artículos, apuntes varios, esquemas conceptuales”. Señaló Mariátegui que “la obra de Gobetti ha sido recogida con profunda devoción por sus admiradores y amigos”. El trabajo estuvo dirigido por Santiago Caramella, que compiló y organizó sus escritos inéditos, que póstumamente se publicaron.

Mariátegui conservó, en su biblioteca personal, “los cuatro nutridos y preciosos volúmenes de su obra completa” editada en italiano. Es posible que personalmente conociese a Gobetti durante su visita ala redacción de L’Ordine Nuovo ubicado en Torino. Escribió: “He leído los cuatro primeros volúmenes de la obra de Piero Gobetti”. Comentó que en todos ellos existía “una originalidad de pensamiento, una fuerza de expresión, una riqueza de ideas” que muchos autores italianos “están muy lejos de alcanzar, en libros prolijamente concluidos y retocados”, muy a pesar del patrocinio del circuito literario internacional.

En “Presentación de Piero Gobetti”, afirmó que tiene “un sentido de justicia, una acendrada simpatía por el hombre y la obra”, e incidió en quien brilla con luz propia por su originalidad reflexiva, desafío que él mismo tendría como un referente muy importante para su propio desarrollo intelectual. Encumbró sus aportes teóricos políticos en sus propuestas sobre la revolución liberal como un “mílite de L’Ordine Nuovo”, en sincronía con el pensamiento de Antonio Gramsci.

Mariátegui, en su segundo artículo ”La economía y Piero Gobetti”, indicó que, a pesar de no mostrar pericia en economía, integró, sin embargo, “el peso de sus juicios morales, políticos, filosóficos, estéticos e históricos en el análisis de la economía”. Distante de la reducción del análisis a un “homo œconomicus” de su época, aquellos que supeditaban al puro estudio económico el análisis de un proceso integral, su perspectiva interdisciplinaria integró todos los contextos concurrentes para el estudio económico.

Gobetti no fue formado mediante una rígida tradición marxista, ejerció cierta autonomía en su pensamiento. Acogió las influencias filosóficas del liberalismo de Stuart Mill y de Benedetto Croce. Comprendió la teoría económica de Marx al investigar el proceso ideológico-político y religioso desde mediados del siglo XIX y las primeras décadas del XX, en particular, sobre las condiciones económica-políticas en el Reino de Italia, y redefinió la formación del pensamiento filosófico de su tiempo.

Para la comprensión del proceso económico, tomó en consideración el estudio de la teoría del valor tanto en la economía liberal como marxista, concatenándola con problemas de lógica, estética y política. La metodología que empleó Gobetti se traduce como “el examen del fondo económico de los hechos”, para lo cual analizó el proceso de la economía en contacto directo con el movimiento obrero turinés.

Gobetti destacó la función esencial de la economía en la creación de nuevos valores ético-morales en el surgimiento de un nuevo orden político. El interés del análisis económico se acrecentó “con su acercamiento a Gramsci y su colaboración en L’Ordine Nuovo”, que basó sus edificaciones teóricas en “la experiencia actual y directa”. Comprendió que la formación de una nueva clase dirigente no podía constituirse sino en el campo social de la producción, en el que un idealismo concreto debía nutrirse normalmente de la disciplina y dignidad del productor.

Gobetti sustentó que el capitalismo europeo se sustentaba en la reforma protestante, mientras que, en el Reino de Italia, el proceso religioso y social católico fue contrario a toda reforma, y el artesano y el mercader no lograron transformarse en una nueva burguesía, además de que el poder político y económico de la Iglesia católica generó pauperismo, que “se acompañó con la miseria de las conciencias”. Esto determinó el retraso en su economía, impidiéndole “acompasar su avance al de los grandes Estados capitalistas de Europa”, por lo que presentaba una agricultura atrasada, carente de modernidad, y persistían los procesos de servidumbre feudal.

Gobetti refería que este atraso económico mostró que la aristocracia industrial y la clase obrera italiana apenas estaban en nacimiento, y no lograban vencer el pauperismo y diletantismo impuestos, cimentados sobre una plebe muy creyente, en un contexto en que la religión oprimía la mente de la población bajo condiciones de miseria, la transformaba en parásitos, y la pobreza impedía la lucha política, ya que se buscaba piedad antes que trabajo de productor. La batalla liberal para el desarrollo del capitalismo en Italia aún carecía de una vigorosa clase obrera.

Mariátegui, en su último artículo “Piero Gobetti y el risorgimento” destacó su visión crítica respecto al estudio histórico sobre la unificación italiana de 1861. Consideró que este ocupó un “sitio solitario”, muy individual entre historiadores y críticos sobre el tema, al señalar que corresponde a la visión de los heréticos, y no de los “profesionales”.[3] Gobetti planteó un análisis muy original sobre los hechos históricos, al margen de una crónica esquemática y lineal de la unificación y conversión de Italia en un Estado.[4] Se desprende que, en cátedras y cursos que narraban la “historia oficial de la unificación italiana”, solo se alude a la acción de sus próceres y héroes; Gobetti, en cambio, examinó a los “próceres vencidos”, propuso un discurso alternativo -que hoy se conoce como “la historia alterna” o “la otra historia”, la que conduce a estudiarla “a contra luz” de “sus oscuras aspiraciones, de sus problemas insolubles y sus desesperadas esperanzas”- y planteó una visión del Risorgimento “sin héroes”.[5]

Placa conmemorativa en Centro de Estudios Piero Gobetti. Traducción: "En esta casa vivió Piero Gobetti los últimos años de su breve vida. De aquí partió al exilio y la muerte el 3 de febrero de 1926, y nos legó un ejemplo inquebrantable de libertad integral para el futuro y para siempre".

En el Risorgimento, el norte piamontés desempeñó un importante protagonismo para instaurar un Estado unificado con instituciones democráticas bajo un régimen de libertad y laicismo, separado de la tutela de la Iglesia católica, en búsqueda de la unidad de Italia como expresión de un ideal victorioso de modernidad y profunda reforma estatal. Para lograr dicha unificación, se buscó asimilar el sur, muy renuente a la reforma y al progreso industrial que presentaba el norte.

La instalación del Estado demoliberal fue fruto de un acuerdo entre la mentalidad realista concomitante con la europea que presentaban las regiones industriales del norte frente a las costumbres cortesanas de provincias rurales en el sur, a cuyo atraso económico se sumaba la sequía y el descontrol de la malaria entre su población. El norte de Italia “entonaba absolutamente” económica y mentalmente con la Europa capitalista protestante, a diferencia del sur, “más provincial, güelfa y papista”.

Con la unidad de Italia, se estableció la casa real de los Saboya, y, aunque no se convirtió en república, la monarquía adoptó un esquema demoliberal con un fuerte ideario político basado en la propia identidad cultural, y proveyó de funcionarios muy capaces, administradores y estadísticos competentes, desde Camillo Benso, conde de Cavour, hasta Giovanni Giolitti.

En la década de 1920, en Turín surgió la posibilidad de instaurar la democracia obrera bajo la guía de L’Ordine Nuovo, que formaba a los “cuadros de la revolución proletaria”. Al instalarse la democracia parlamentaria, el socialismo italiano puso al descubierto su superficie deformada, aunque, sin embargo, estos, con su retórica esfumante, también la debilitaban, estableciendo una clientela electoral y la agitación en plazas, con una pobreza en el entendimiento y acerca de la actividad propia y genuina del Partido Socialista.

La tragedia del legado del ideal del Risorgimento se vio en los días posteriores a la toma de las fábricas en el norte, en 1920, cuando, derrotados los consejos de gestión obrera, sucedió la revancha de la reacción a través del fascismo, que soliviantaba a las fuerzas negativas de la Italia pequeño-burguesa contra el Estado demoliberal. El fascismo representó “la liquidación reaccionaria del Estado”, de su actividad demoliberal. El fascismo tuvo como propósito destruir toda institución que permitiera un respiro de democracia, y tanto la burguesía como la pequeña burguesía no se identificaron con el sacrificio de líderes y precursores de la unificación de Italia.

Tarjeta conmemorativa al centenario del deceso de Piero Gobetti

Gobetti sostuvo que, tras la instalación del gobierno fascista, el Risorgimento quedaba inconcluso: no se sentaron las bases para la real unidad del pueblo como nación. La conquista de la independencia con el Risorgimento no se internalizó en la vida de la nación. El liberalismo italiano no estaba propenso a adoptar los ideales de la reforma protestante europea,[6] y esta se expresó como demoliberalismo católico para mantener la hegemonía de la Iglesia en las decisiones de gobierno, con lo que, así, quedaba imposibilitado de liderar un movimiento que diera o propiciara la creación de un nuevo Estado: el mecanismo del Estado liberal se fundaba en una vieja osamenta heredada.

Si bien la experiencia de la Comuna de París de 1848 a 1849 coadyuvó a la formación de una nueva burguesía italiana, esta no devino en revolucionaria ni dio origen inmediato a un nuevo Estado, y esto expresó la frustración de su misión como clase dirigente emergente respecto a la Italia fascista, que dio las espaldas a los ideales del Risorgimento, y representó en Europa la más descarnada reacción contra el Estado demoliberal.

Vidas truncas, ideas persistentes

Si hay algún paralelo en la vida de ambos, es que fallecieron a temprana edad (Gobetti a los 26 y Mariátegui a los 36). El legado de Mariátegui puede constatarse en su estudio sobre la realidad peruana y los caminos alternativos que bosquejó para seguir una transformación “sin calco ni copia”. Gobetti ha dejado un legado antifascista muy importante para el pensamiento político contemporáneo.

Gobetti falleció en su exilio en París. El discurso antifascista que proyectó, guio a la resistencia antifascista en Italia durante la Segunda Guerra Mundial, fue su esposa Ada Gobetti, quien dirigió la lucha de los partisanos hasta la caída del fascismo en 1945 y la proclamación de la república.

Durante mi visita a Roma, Madrid y Barcelona constate que el movimiento "antifa" (antifascista) se torna fuerte y retoma las ideas de sus pensadores más primigenios y vigentes. Cien años después, el fascismo resurge bajo distintas caretas, aunque tal discurso encubre su verdadero rostro feroz y sanguinario.

Octubre de 2026


[1] La referencia que el mismo Mariátegui señaló sobre los textos de Piero Gobetti que poseía en su biblioteca personal es la siguiente: Risorgimiento senza eroi (1926), Paradosse dello spirito russo (1926), Opera critica, parte prima (1927) y Opera critica, parte seconda (1927). Aunque no registre La rivoluzione liberal: saggio sulla lotta politica in Italia (1924), al parecer, leyó minuciosamente dicha obra.

[2] Se indicó que fue “traducida expresamente” por Mariátegui para la revista Amauta la “Opere di Piero Gobetti”: Opera crítica, parte prima (1927).

[3] Gramsci, sin embargo, en Cuadernos de la cárcel, cuaderno n.° 9 (1929-1932), y, específicamente en “Notas sobre el risorgimento italiano”, refiere a dos grandes grupos “provisionales” de autores sobre dicho tema: por un lado, Alfredo Oriani (1889), Mario Misiroli -que precedieron a la postura de Piero Gobetti- y Guido Dorso, y, por otro, Gaetano Mosca (1883) y Giorgio Arcoleo (1884), entre otros.

[4] Antonio Gramsci, en Cuadernos de la cárcel (2023), “Cuaderno N,°6, critica la obra de Adolfo Omodeo, que, respecto al Risorgimento, “conserva parte del manual escolar” como un catálogo sin nexos de necesidad histórica. Omodeo postuló la tesis de que el Risorgimento fue típicamente un fenómeno italiano, sin nexos con la Revolución e invasión francesa a la península (p. 428).

[5] Antonio Gramsci (1974) refirió: “La famosa minoría italiana ‘heroica por definición’ (en estos escritores la expresión ‘heroica’ tiene un significado puramente ‘estético’ o retórico y se aplica tanto a don Tazzoli como a como a los nobles milaneses que se humillaron frente al emperador de Austria, tanto que fue escrito un libro sobre el Risorgimento como revolución sin héroes” (p. 89). Mariátegui y Gramsci coinciden en tratar los aspectos políticos más relevantes del proceso de la unificación de Italia. El primero publicó sus criterios sobre el tema en 1929, mientras que las apreciaciones del segundo se conocieron después de la Segunda Guerra Mundial. 

[6] Anotó Gramsci (2023): “Uno de los puntos interesantes es el problema de la ausencia de reforma protestante o religiosa en Italia, problema que se aborda de modo mecánico y exterior, y repite uno de los cánones históricos de Masaryk en sus estudios de historia de Rusia” (p. 431).

miércoles, 7 de octubre de 2026

La autocensura

 

George Grosz, la ciudad en llamas


Víctor Vich

Ensayista y crítico cultural. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Perú.

Publicado con la autorización expresa del autor.

    A la censura la conocemos bien: en el sector cultural la hemos sufrido en varias oportunidades. Sabemos de dónde viene, por qué se realiza y cuál es el interés para volver invisible aquello que no puede tolerar. La censura es el arma de los fuertes que, a razón de alguna debilidad, necesitan performar su supuesta fortaleza.

    Durante la última década ha venido ocurriendo de diversas maneras en Perú y se ha desplegado sin vergüenza alguna. En un documento de indispensable lectura,1 Guillermo Valdizán ha registrado las permanentes violaciones a los derechos culturales en lo que llama ‘políticas culturales de excepción’: un contexto de vigilancia y control, un momento de permanente represión sobre el sector cultural que no para de multiplicarse.

    El documento enumera diversas acciones como destituciones de cargos directivos (en IRTP, en el LUM); elaboración de leyes sin ninguna consulta con los gremios de artistas (como la ley anti-cine de la congresista Adriana Tudela o como la absurda creación de un colegio de artistas profesionales); permanentes acosos a la libertad de creación como los sufridos por Lola Estrada, Chillico, Carlín, Ruth Ingaluque y José Carlos Condori, entre muchos más; cancelación de eventos sin explicación, como el que ocurrió con el dúo José María Arguedas en el Gran Teatro Nacional o como (en uno de los casos más vergonzosos de la historia), a presión del fujimorismo, no se le entregó el premio de la Casa de la Literatura Peruana a Juan Acevedo.

    Sin embargo, la situación es mucho más grave que la enumeración de hechos como los anteriores: en un acto de increíble anacronismo con las políticas culturales que hoy se promueven a nivel mundial, la actual gestión de la Municipalidad de Lima dejó sin efecto el programa «Cultura Viva Comunitaria» y todo lo que hoy realiza es impuesto tutelarmente. La aceptación de Alberto Beingolea como Ministro de Cultura no sólo da cuenta, una vez más, de los intereses de los tradicionales políticos peruanos (aceptar cualquier cosa con quien sea), sino del fracaso de quienes nos dedicamos, de una u otra manera, a la gestión cultural y seguimos sin poder hacer más visible la especialización del campo.

    En realidad, no son exactamente los conservadores quienes han promovido la censura en Perú sino, curiosamente, los neoliberales criollos. Tal como hace más de cien años lo describió Mariátegui, hoy observamos cómo los liberales terminan siendo absorbidos por los conservadores sin problemas en entrar en su juego autoritario y en un mismo proyecto común. Contra lo que fue una de las mayores conquistas de la humanidad, conservadores y neoliberales han convertido a los Derechos Humanos, en el Perú, en una mala palabra.

    ¿Por qué ocurre en nuestro país? ¿Por qué un medio como The Economist, es completamente diferente al portal Lampadia? ¿Qué hay en la historia peruana para que algo así pueda existir? ¿Por qué liberales y reaccionarios se han vuelto hermanos en estos tiempos? ¿Se trata de una complicidad racial? ¿Es la pura defensa de una clase social compartida? No lo sabemos, pero lo que resulta claro es que en las últimas décadas lo ocurrido en Perú es una franca recomposición oligárquica, vale decir, la reagrupación de un sector social conservador, que justifica un modelo de país que no quiere cuestionamientos, y ‘terruquea’ todo aquello que lo perturba.

    En un muy buen libro (Nueva historia del Perú Republicano. Tomo 6. Lima: Derrama Magisterial, 2021), el historiador Jesús Cosamalón y el sociólogo Francisco Durand han denominado ‘República empresarial’ al momento que vivimos, al que caracterizan como un periodo de absoluta subordinación del Estado a los intereses privados. La ‘República empresarial’ privilegia el individualismo como la única marca de progreso, pues la vida es solamente entendida como una competencia de individualidades atomizadas. Todo lo público es sistemáticamente abandonado y degradado bajo esta lógica feroz de la que en el Perú sobran ejemplos muy concretos. Sin embargo, no son esas las características únicas que la definen. La ‘República empresarial’ se destaca por los altos índices de corrupción que deja en todos los niveles de la vida social y por la producción de una sociedad profundamente deteriorada, sumida en la delincuencia y el crimen.

    Como la antigua ‘República Aristocrática’ (1895-1919), descrita antes por Jorge Basadre, la ‘República empresarial’ de hoy (1992-), genera nuevas élites económicas que son funcionales a la reagrupación conservadora que controla las decisiones públicas, más allá de quién gobierne. Curiosamente, esta República no se tiñe de liberalismo sino, más bien, de un patrón colonial (limeño, patriarcal, claramente racista) que continúa estructurando diferentes dimensiones de la sociedad peruana.

    Desde ahí, vale decir desde la constatación de ese nuevo bloque hegemónico, me atrevo a hacerlo, que lo que se nos viene en los próximos años, es algo mucho peor que la censura. Me refiero a la autocensura. La autocensura surge del miedo que se le tiene al poder y consiste en una acción voluntaria de silencio y represión. Se expande y se interioriza cuando existe un poder que ha tomado casi todo el control social y que ha llegado, incluso, a controlar las más profundas convicciones personales. Aunque la mitad del país no votó por el fujimorismo, lo cierto es que ellos ya controlaban buena parte de las instituciones del país y controlaban, además, algo peor: un sentido común que ha naturalizado el conservadurismo, el autoritarismo y el individualismo más antisocial, mercantilizado y corrupto.

    Muchos hemos sido testigos sobre cómo hoy en las instituciones públicas, y en muchas privadas, se ha prohibido hablar de grupos de poder, de desigualdad social o de relaciones de dominación social. La llamada injusticia social ha quedado olvidada en el vocabulario político e inclusive en el imaginario católico que la propuso a lo largo de todo el siglo XX en varias encíclicas papales. Toda crítica al poder es hoy prohibida y permanentemente excluida de distintos circuitos de la esfera pública. La conquista histórica de la cátedra libre que la Reforma Universitaria latinoamericana produjo en 1911, impulsada por Haya de la Torre, ha quedado en el olvido. En muchas universidades peruanas, los profesores no pueden salirse de lo institucionalmente ‘aprobado’, no pueden decir lo que piensan y la producción de conocimiento se encuentra restringida por los intereses ideológicos de los dueños.

    Hoy, en efecto, en las escuelas públicas, los docentes peruanos sienten miedo de abordar muchos temas: no se puede hablar de opciones sexuales, ni de racismo o de hechos que revelen dinámicas centrales del pasado, como la violencia histórica del Estado peruano contra la población, la sistemática explotación que la empresa privada realiza a sus propios trabajadores (respecto a la precarización del trabajo formal y a la permanente pérdida de derechos sociales), así como la destrucción del medio ambiente por mafias ilegales, muchas veces articuladas con las legales. La injerencia empresarial en los contenidos de la educación peruana se hace cada vez más visible, mientras que las comunidades indígenas siguen siendo violentadas en sus derechos territoriales por las grandes corporaciones, además de cosificadas por el Estado en función del turismo más ramplón.

    En ese contexto, es claro que la autocensura ha comenzado a diseminarse entre nosotros. La autocensura, en efecto, es mucho peor que la censura. Hoy, al decir de Foucault, ya no se hace necesaria la presencia de un poder explícito que se dedique a prohibir lo que decimos y lo que hacemos, porque lo cierto es que ese poder ha quedado ya básicamente internalizado en nosotros mismos, en las instituciones a las que pertenecemos y en el sentido común generalizado. El peor impacto que nos pueden dejar nuestros neoliberales, enajenados por el fujimorismo, es la instauración de esa especie de panóptico interior: una mirada autovigilante que evita nombrar las cosas como son y que despolitiza permanentemente la realidad social.

    Frente a la posibilidad del silencio interiorizado, debemos salir del miedo e intentar sustraernos de todo aquello que busca inmovilizarnos. ¿Será la línea dura de Fernando Rospigliosi o Ernesto Álvarez la matriz de todo el quinquenio? ¿Será entonces la autocensura la acción más visible de los tiempos que vienen? ¿Será la autocensura la ‘política cultural’ más efectiva del fujimorismo? Hace unos meses los estudiantes de la Universidad Católica protestaron con fuerza ante una reforma económica a todas luces elitista y excluyente. Estos estudiantes no buscaron su propio interés y lucharon por una causa colectiva que no los afectaba a ellos mismos. Su victoria fue asombrosa y creo que fueron dos los legados que volvieron a poner sobre la mesa: que sin organización colectiva no hay victoria y que ésta solo se consigue con una lucha permanente. En el actual contexto que vivimos, las instituciones y las plataformas culturales, los artistas, los académicos y los activistas, no podemos ceder al silencio inducido. La autocensura no puede convertirse en el signo de nuestra última derrota. Valeria Román Marroquín escribió hace unos años estos versos, con los cuales concluyo este artículo:

Ana, piensa en la labor que te sujeta

¿En qué piensas cuando

toca lo que toca hacer?

(Ana C. Buena. Lima, La Balanza Taller Editorial, 2021)

  1. Cronología de las vulneraciones a los derechos culturales de la coalición dictatorial en Perú, 2022-2025

El autor ha publicado los siguientes libros:

Lejos de la tierra. Arte y naturaleza en el Perú contemporáneo.

Poetas peruanos del siglo XX. Lecturas críticas.

Políticas culturales y ciudadanía. Estrategias simbólicas para tomar las calles.

Poetas peruanos del siglo XX. Lecturas críticas.

Poéticas del duelo. Ensayos sobre arte, memoria y violencia política en el Perú.

Voces más allá de lo Simbólico. Ensayos de poesía peruana.

Culturas en América latina y el Perú: Luchas, Estudios Críticos y Experiencias.

Contra el sueño de los justos: la literatura peruana ante la violencia política.
Políticas culturales.

El Estado está de vuelta: desigualdad, diversidad y democracia.

El discurso de la calle: los cómicos ambulantes y las tensiones de la modernidad en el Perú.
El caníbal es el otro. Violencia y cultura en el Perú contemporáneo.

César Vallejo: un poeta del acontecimiento.

Del viento, el poder y la memoria. Materiales para una lectura crítica de Miguel Gutiérrez (Coautoría con Cecilia Monteagudo)


domingo, 2 de agosto de 2026

LEONCIO BUENO BARRANTES:1920-2026

 

Fotografía tomada en febrero de 2026, en su domicilio en Tablada de Lurín.


¿Quién dijo que todo está perdido?
Yo vengo a ofrecer mi corazón
Tanta sangre que se llevó el río
Yo vengo a ofrecer mi corazón

Como abrir el pecho y sacar el alma
Una cuchillada de amor

Luna de los pobres siempre abierta
Yo vengo a ofrecer mi corazón
Como un documento inalterable
Yo vengo a ofrecer mi corazón

Y uniré las puntas de un mismo lazo
Y me iré tranquilo, me iré despacio
Y te daré todo, y me darás algo
Algo que me alivie un poco más

Y hablo de países y de esperanzas
Hablo por la vida, hablo por la nada
Hablo de cambiar ésta, nuestra casa
De cambiarla por cambiar, nomás.

                                Fito Páez, yo vengo a ofrecer mi corazón.

Hoy domingo 2 de agosto, ya a estas horas los restos del poeta proletario, Leoncio Bueno Barrantes, estarán cremados a su propia solicitud. A los 106 años partió a ese viaje sin retorno, allí donde toda razón fenece y reside la absoluta inconsciencia. Lo conocí cuando yo tenía cinco años, bautizado junto a mi hermana, por un escritor autodidacta, lleno de mundo y esperanzas.

Quizás, para muchos, su obra escrita y acción se resuma en la canción de Fito Páez, “yo vengo a ofrecer mi corazón”. No lo sé, quizás un buen canto de afrodescendiente, pudo resumir su vida y obra. Sus poemas, profundos y humanos, aún no figuran en las “antojolías” que suelen publicarse entre los grandes circuitos comerciales de la escritura. Su canto emerge con fuerte sonido para que nuevas generaciones de vates escuchen lo que significa vivir y escribir con el alma en las letras.

Con autorización de Gladys Vargas-Machuca, su hija política hago publica su último deseo escrito para después de ocurrida su muerte.


Testamento de Leoncio Bueno

Hace poco el Ministerio de Cultura del Perú le rindió un gran homenaje y lo reconoció como personalidad meritoria de la cultura peruana, este discurso es el que ofrecí hace pocas semanas, cuando Leoncio convalecía con un marcapasos en su querido hogar, en Tablada de Lurín, al sur de Lima. Aquí el texto:

LEONCIO BUENO BARRANTES, UN EJEMPLO DE LUCHA

Muy buenas noches.

 Hoy se brinda un merecido reconocimiento a don Leoncio Bueno Barrantes, nacido en 1920 en la Hacienda La Constancia en Trujillo, que hoy ya cuenta con 106 años de vida.

Agradeciendo a su hija Sara Bueno Román hija de su primer compromiso con Andrea Avelina Román Pimentel y la familia política Román Zevallos; a Gladys Vargas-Machuca hija política, con su hermano Samir y hermanas de su segundo compromiso con Blanca Rojas Zevallos por designarme como representante para recibir en  nombre de la familia Bueno, el merecido reconocimiento que hoy le concede el Ministerio de Cultura con la Orden de los Grandes Maestros de la Cultura, en este día que de clausura del mes de celebración de la cultura afroperuana.

No ha sido tan fácil recordar todos los avatares que nos unen a nuestro poeta y escritor proletario, a quien conozco desde los cinco años y, por su gran amistad con mi padre, el vate proletario don Víctor Mazzi Trujillo, siendo bautizados por don Leoncio Bueno junto a mi hermana Lila Mercedes como sus ahijados.

Es un gran honor rendirle este mensaje de agradecimiento, rememorando su trayectoria y obra cultural que ha desarrollado, muy a pesar de las tormentas y embates que logró atravesar para dejar una huella inconfundible en su trayectoria cultural en el Perú desde la segunda mitad del siglo XX.


Hoy toca reconocerle nuevamente sus aportes a nuestra cultura nacional desde su posición de clase, lo cual requiere evocar su labor como obrero, poeta, periodista, actor y creador.

Su vida significa un ejemplo de denodada lucha. Desde su adolescencia mostró simpatías por el pensamiento y acción del anarquismo, luego por el partido aprista con fuerte influencia en las haciendas cañeras del norte, motivado por su repulsa a la brutal masacre a su población ocurrida en Trujillo en 1932. Ser aprista en aquellos años significó rebeldía, desobediencia e incesante búsqueda de justicia social. En la hacienda La Constancia creció bajo el influjo de la cadencia rítmica de los jornaleros golondrinos y de sus décimas que, de vez en cuando, suele recordar como el ritmo musical primigenio que le formó y consolidó la armonía de su escritura poética.

En su obra Pastor de truenos en la contraportada adjuntó la información de la fundación del GIPM

El 7 de julio de 1956, en conjunto con Víctor Mazzi Trujillo, Carlos Loayza Gómez, José Guerra Peñaloza, Víctor Ladera Prieto y otros poetas obreros, fundaron el Grupo Intelectual Primero de Mayo. Los escritores obreros forjados bajo autodidactismo se atrevieron a crear poesía y propuestas que aún resuenan como el acto de rebeldía que erosionaba la rígida frontera establecida entre la exclusividad de la academia y quienes no pertenecían a ella, la división entre trabajadores manuales e intelectuales se borró con la presencia del GIPM entre la generación del 50. Los únicos títulos que poseían eran los títulos que exhibían eran las portadas de sus libros publicados. La poesía de Leoncio Bueno, refinada y combativa, ha brillado con luz propia por sus originales propuestas que encumbran el goce estético en las letras peruanas, solo baste mencionar sus dos poemas “sinfonía roja” o “Carta a mi hijo de cinco años” publicados en Al pie del yunque, para entrar en razón de lo profundo, tierno y humano que su obra poética ha proyectado.


Su actividad poética se nutrió también con la influencia de otros escritores que formaban parte del Movimiento Social Progresista, entre ellos, Sebastián y Augusto Salazar Bondy, Alberto Ruiz Eldredge, Santiago Agurto Calvo,  Francisco Moncloa,  José Matos Mar,  Abelardo Oquendo entre otros muchos. En esos años militaba en el socialismo peruano y con Víctor Mazzi Trujillo trabajaron como regentes en su local institucional del jirón Chincha, en el Cercado de Lima.

Sufrió prisión en la isla penal el Frontón a raíz de la represión de las luchas campesinas que dirigió el líder trotskista Hugo Blanco Galdós, años después indultado. Su simpatía por las propuestas e ideas del pensamiento del líder soviético León Trotski tornaron el motivo de su vida e ideales durante una época muy convulsionada.

Para ganarse la vida, fundó su taller de reparación de baterías El Túngar en el distrito de Breña. Aquel lugar donde los aspirantes a poetas lo visitaban y siempre le solicitaban un motivo orientador para sus escrituras poéticas. Son inolvidables las tardes de frugal bohemia en El Túngar, invariablemente alimentado con harta poesía, acompañado con té y pan cortado a la mitad sin ningún acompañamiento, ante el reclamo que algo le faltaba al pan, Leoncio Bueno afirmaba que el pan venía con poesía, que jocosamente los noveles aspirantes a poetas solían referirse a las tardes de “pan con poesía”. Distintos poetas, posteriormente  “consagrados”, narran sus experiencias de lo que significó participar en El Túngar y leer sus poemas ante el exigente jurado de dos poetas obreros autodidactas: Leoncio Bueno Barrantes y Víctor Mazzi Trujillo.

Su inicial obra poética se puede leer en los Cuadernos del Grupo Intelectual Primero de Mayo. Su primera obra personal es Al pie del yunque (1966) que publicó bajo el sello editorial del GIPM, luego vendría Pastor de truenos (1968) bajo el sello Ediciones Tungar, posteriormente Invasión poderosa (1970), Rebuzno propio (1976), La guerra de los runas (1980). Su producción poética que no se ha detenido como su último: Memoria de mi desnudez (2014), una antología de sus poemas y obras publicadas. La cultura peruana debe sentir el orgullo de sus letras que proponen un universo estético alternativo de justicia social y creatividad estética.

Leoncio Bueno también incursionó en la cinematografía. En 1982 actuó en la película alemana Fitzcarraldo dirigida por Werner Herzog, al lado de Klaus Kinski, Claudia Cardinale, el músico brasileño Milton Nascimiento y el Rolling Stone Mick Jagger. Experiencia que nos mostró la amplitud de su faceta en la creación estética.

También ha ejercido como periodista, siendo fundador de la Federación de Periodistas del Perú, obteniendo su membresía activa por sus artículos y ensayos críticos sobre temas culturales y políticos. Participó en la revista Marka (1975) y luego en El diario de Marka (1980), cuando ésta aún representaba a las distintas voces que interpretaban al Perú como diverso y con la necesidad de un cambio sobre las condiciones de injusticia reinantes.

Muchas veces se ha preguntado por sus virtudes y cualidades como persona y creador de raíz afrodescendiente. A mi parecer, es su espíritu combativo y resiliente. La adversidad de su prisión política no lo amilanó ni lo derrotó, creó en él un profundo desafío para construir un Perú mucho más justo. Su obra poética publicada es la muestra de tal reto.

Su generosidad con poetas y escritores de extracción obrera y popular va más allá de todo exclusivismo como “sociedad cerrada”, brindó a muchos sus consejos y orientaciones estéticas, nutriéndose del gran escritor de habla francesa y padre del pensamiento decolonial y perenne luchador contra el racismo, Frantz Fanon y de otros autores marxistas muy en boga.

Si hay un reconocimiento de su obra en la cultura peruana es por su amplitud y creatividad que generó en poetas, habidos en aprender de su experiencia creativa como obrero autodidacta.

En sus cien años de existencia, Leoncio Bueno ha recibido las siguientes distinciones:

 2016: Premio Casa de la Literatura Peruana.

2023: Personalidad Meritoria de la Cultura otorgado por el Ministerio de Cultura.

2025: Premio FIL Lima, otorgado por la Cámara Peruana del Libro.

Y esta noche, merecidamente el Ministerio de Cultura le otorga la Orden de los Grandes Maestros de la Cultura Peruana.

El legado de su obra cultural pertenece a todos los peruanos sin distinción discriminatoria de estatus económico, credo, filiación política o condición “racial” y proyecta al Perú en la órbita de la integración cultural desde su obra poética muy original y expresiva, también desde su condición de afrodescendiente.

Es costumbre en estos agradecimientos desear el éxito futuro, sin embargo, con más de cien años de fulgurante existencia, queda pedir que su brillo no se apague y aun perdure alumbrando el camino para todos, teniendo como meta esa condición difícil y difusa en el horizonte que hoy buscamos como “felicidad”, “bienestar”, “belleza”, “justicia” y el “bien común”.

Agradeciendo en nombre de las familias Bueno Román, Zevallos Román, Vargas Machuca, este merecido reconocimiento que otorga el Ministerio de Cultura del Perú a Leoncio Bueno Barrantes, imponiéndole la Orden de los Grandes Maestros de la Cultura Peruana, solicito a nuestra amable concurrencia ponerse de pie y rendirle un merecido reconocimiento con sus fuertes aplausos.

                                                                                        Muchas gracias y muy buenas noches.

Ahora solo queda un sentido adiós, el último poeta de la generación del 50 en Perú. La nueva generación de poetas debe saber quien era Leoncio Bueno Barrantes y como su obra está entre la esperanza y la ilusión de alcanzar un mundo mejor.

                                                                                Chosica, 2 de agosto de 2026

jueves, 9 de julio de 2026

Entrevista en El buen librero

Entrevista en el Podcast El buen librero que conduce Gianfranco Hereña acerca de mi última publicación: Mariátegui Antifascista.



martes, 30 de junio de 2026

Invitación a presentación del libro: Mariátegui antifascista

 Presentación del libro: Mariátegui antifascista de Víctor Mazzi Huaycucho.

En el marco de nuestras actividades académicas y culturales, los invitamos a la presentación del libro Mariátegui antifascista, del reconocido investigador Víctor Mazzi. Esta publicación revela la firme postura antifascista de José Carlos Mariátegui a partir del análisis de sus artículos periodísticos escritos durante su estancia en Italia (1920-1922) y tras su regreso al Perú (1923-1930).
La obra ofrece una valiosa reflexión sobre el pensamiento político e intelectual de Mariátegui frente al ascenso del fascismo, contribuyendo a una mejor comprensión de su legado y vigencia en la actualidad.
📖 Actividad dirigida a estudiantes, investigadores y público interesado en el pensamiento de José Carlos Mariátegui y la historia política contemporánea.
📆 Lunes 6 de julio
⏰ 6:00 p. m.
📌 Museo José Carlos Mariátegui
👉🏻 Jr. Washington 1946, Cercado de Lima
🚨 ¡El ingreso es libre!
🔖 Coorganizado: Heraldos Editores y Museo José Carlos Mariátegui