miércoles, 18 de mayo de 2011

EL RETORNO A LA CAVERNA.

Hace más de dos mil años Platón había escrito la “República”, en cuyo libro séptimo hace una interesante alegoría sobre el conocimiento verdadero y el bien, se le conoce también como “alegoría de la caverna”. En este texto argumenta sobre el conocimiento y su uso como bienestar, justicia y belleza. Hoy en día los criterios de validez de verdad en su proceso informativo deben confrontarse con el sentido platónico de su seguridad y confiabilidad. Su reflexión sobre el bien común que puede generar el conocimiento verdadero, nos conduce a considerarla como una virtud que sitúa el bien como fin supremo del conocimiento de la verdad.

La imagen que muestra, es que vivimos atados a cadenas que se representan como nuestros errores, cadenas que están construidas por un falso conocimiento que pretende erigirse como verdadero, surgidas de nuestras percepciones de las imágenes de una caverna, cuyas formas están proyectadas de manera intencional por titiriteros, quienes controlan la proyección de dichas figuras, haciéndonos imaginar y “discutir” sobre las figuras que se proyectan en el fondo de la caverna, imágenes de las cuales creemos tener la seguridad que son las representaciones verdaderas de los objetos.

La imagen de la caverna resulta siempre tenebrosa, las figuras como ilusiones se instala en nuestra percepción de la realidad. Foto del autor.
Sostiene Platón que la única forma de romper esas cadenas que son nuestras propias pasiones, sea la intención de lograr el verdadero conocimiento, esto es, salir de la caverna a ver la luz del sol, aunque en un primer momento dañe nuestros ojos, no acostumbrados a ver la verdad clara y diáfana.

Hoy, después de dos mil años que nos separa de lo que escribió uno de los filósofos más representativos de la cultura occidental, el tema vuelva a guardar vigencia, y resulta conveniente para meditar sobre la condición de habitantes de la caverna a la que hemos regresado, en tiempos de la “sociedad del conocimiento”, donde la calidad de la información sirve para la toma de decisiones.

El manejo de la información resulta siendo hoy, una noción corporativa de la mentira fabricada, la que que se vende al público como cualquier otro producto, bajo la intención de que la cadena de mentiras lanzadas por distintos intermediarios (Radio, televisión, diarios, internet) resulte siendo efectiva para lograr metas muy distintas a las que el público debería enterarse.

Usualmente desde las más feroces y grotescas dictaduras hasta las frágiles democracias han operado la aceptación de sus decisiones lanzando información falsa, tendenciosa, manipulando y desvirtuando los hechos. El poeta José Martí decía que a un pueblo ignorante es más fácil engañarlo y hacerlo servil. No se equivocó cuando vislumbraba un hecho tan simple y contundente: la información falsa puede ser mostrada como si fuera verdadera y lograr que el engaño colectivo funcione al quitarle la decisión y reacción de los que consumen tal información. Jean Paul Sartre sostenía que la mentira es una deformación consciente, intencionada, de la verdad. La mentira tiene por finalidad engañar a otro. Tanto el que engaña y el engañado cae en un proceso que denomina “inautenticidad”. Este autoengaño colectivo es una característica muy presente en el contexto contemporáneo.


Para Sartre la inautenticidad significa  tanto el que engaña como el engañado terminan creyendo en la misma mentira.
El mentiroso corporativo conoce su condición y sabe que está mintiendo bajo determinada intención (justa o injusta), aunque sabe que su mentira no siempre surtirá efecto, tarde o temprano se descubrirán los motivos e intenciones de la información falsa, sólo les interesa que el objetivo primordial a lograr debe asegurarse una vez que el público tomó conocimiento del engaño y debe utilizar a los fedatarios de la fe colectiva (tanto encuestadoras, como las fachadas creadas para tal fin) son creadas para que asienten que la “opinión pública” acepta o rechaza determinada información que justifica una decisión tomada por unos pocos en perjuicio de muchos.

Y esos “pocos” que toman las decisiones más importantes -que no se le consulta al perjudicado-, son los personajes siniestros que dirigen la economía mundial, los que se reparten los mercados del mundo, los que ponen y sacan títeres que les cuidarán las “inversiones” en cada gobierno de turno, lo que acuerdan guerras e invasiones para que la industria bélica no entre en crisis y de paso llevarse todo el petróleo o riqueza que determinado país se niega a comerciarlos a precios irrisorios, son los que cometen colosales fraudes en el sistema financiero y resultan protegidos; los que imponen la ilusión de los modelos económicos donde el libre mercado arruina a los pequeños y consolida a los poderosos, que convierten las economías locales en proveedores periféricos del centro. Aunque la lista de pecados de esos personajes siniestros es extensa, no deja de llamar la atención que a veces parecen ser amables y traer el “desarrollo”, la verdad es que en el mundo de las apariencias, las brutales guerras que desarrollan los muestran tal como son, sin ninguna máscara “mediática”

Una enseñanza contemporánea que ofrecen Platón y Sartre es justamente la consciencia de libertad, la autodeterminación a partir del propio proyecto. En la época que vivimos, es tomar la información verdadera y elegir determinadas opciones que contribuyan al bienestar colectivo. No es equivocado desenmascarar las intenciones de las corporaciones de la mentira, un acto eficiente es indagar las intenciones ocultas que se propalan en cada noticia. Si no estás de acuerdo con un medio periodístico, lo mejor es no comprar dicho diario o revista. Si un programa radial o determinado canal de televisión propala información tendenciosa, es mejor apagar el televisor o radio, en el mejor de los casos, buscar programas culturales. Esto es mejor a una ingesta de mentiras y versiones tendenciosas que unos cuantos personajes siniestros acuerdan y nos bombardean por dichos medios (como los titiriteros de la caverna).

Una actitud crítica de la manipulación informativa es lo que se denomina “higiene mental”, muy conveniente en estos tiempos, para salir de la caverna y habitar el mundo en la claridad del día.

Platón. Pintura de Pedro Berruguete.

ARGUMENTO DE LA ALEGORÍA DE LA CAVERNA

«Platón para explicar el estado de la naturaleza humana en relación a cada especie de conocimientos, se vale de una alegoría. Supone la existencia de una cueva donde desde su niñez, una multitud de hombres viven encerrados; cargados de cadenas, no pueden andar ni moverse, ni siquiera volver la cabeza. Detrás de ellos arde un fuego del que sólo perciben los reflejos. Por el muro que divisan ante sus ojos, pasan proyectadas sombras que ellos creen ser seres reales. La cueva en donde se hallan estos hombres es el mundo en que vivimos nosotros; las cadenas que los atan, son nuestras pasiones y errores; las sombras, en su apariencia de seres reales somos nosotros y los demás hombres. En efecto, el hombre encadenado en la vida real como estos de la cueva, no es más que un vano fantasma, como si no existiera. Sólo si se le pudiera hacer ver la luz que brilla a sus espaldas y se le sacará de la cueva, libre de las cadenas, o sea liberar al hombre de sus pasiones y errores, y hacerle comprender la luz del conocimiento, existiría en realidad. Sólo puede existir el hombre que tras largos y penosos esfuerzos, logra romper las cadenas y escapar de las tinieblas de la caverna. De esta alegoría se deduce que el mundo visible sólo puede explicarse por la contemplación del mundo invisible. Es de los confines de este mundo, mundo puramente intelectual, que procede la idea del bien, que se percibe con dificultad, y que no es posible percibir sin deducir que ella es la causa de todo cuanto existe de bello y bueno; idea que en el mundo visible produce la luz y el astro de que ésta procede, y que en el mundo invisible produce directamente la verdad y la ciencia. Si se fija bien la mirada en esta idea, puede uno conducirse bien y con sabiduría en la vida pública y privada. Por consiguiente, nadie será digno de gobernar a los hombres si no ha salido de la cueva, libre de sus cadenas, y si no ha penetrado en el mundo de la esencia de las cosas y de la verdad».