martes, 7 de febrero de 2012

LA CONSTRUCCIÓN DE UNA ETNOFILOSOFIA EN AMÉRICA

Presento aquí una ponencia presentada por una delegación venezolana al II Seminario de Filosofía, ideología y política de la indianidad, desarrollada en la ciudad de Cosquin, Córdova, Argentina, entre el 31 de agosto – 07 de setiembre de 1986. A pesar de haber transcurrido más de veintiséis años, el texto introduce elementos para el estudio de una etnofilosofía americana, para revaluar los argumentos que se han esgrimido en contra de su existencia.

Tanto “indio”, “indígena” “nativo”, “aborigen” designan la condición antropológica de quienes han sufrido desde hace quinientos años la invasión y el sojuzgamiento colonial, de la expropiación de sus territorios, del arrasamiento de sus lugares sagrados, la imposición de un idioma distinto al que sus antepasados les legaron; la incesante destrucción de sus preceptos culturales y sociales y la lucha por preservar la herencia cultural, marcan la persistencia de nuestras culturas milenarias, muy a pesar de haber sufrido dominación colonial, mantienen sus reflexiones y pensamientos originales y auténticos.

La noción de filosofía como disciplina estricta, sólo acepta el canon de la edificación europea, no está interesada en otros sistemas reflexivos que no sean los propios. Desde la filosofía intercultural se ha recusado el eurocentrismo de sus defensores, quienes proclaman que discutir sobre estos temas es “pérdida de tiempo”, “tópico zanjado en favor de la prevalencia occidental”, opinión que no comparto.

Pongo a disposición de mis lectores interesados en aproximarse al estudio de etnofilosofía, esta ponencia que resulta polémica, pero a su vez resalta lineamientos y derroteros para establecer las condiciones del pensamiento reflexivo nativo.
LA BUSQUEDA DE LOS DISTINTOS CAMINOS DE LA HISTORIA AMERICANA COMO BASE DEL PENSAMIENTO INDIO.

Cada etnia, cada pueblo, ha venido desarrollando durante miles de años su propia vía, su propio modo de convivencia. Por eso, la historia es un largo recorrido por distintos caminos, teniendo cada uno de ellos su propio perfil cultural. Si la historia se ha construido por diversos caminos, no se puede seguir desconociendo la validez de ese itinerario de cada grupo humano, porque eso sería actuar de espalda a la humanidad, ya que el hombre y los pueblos no existen en abstracto.

La humanidad es la familia, la comunidad, el clan, la etnia, la región, la nación, el continente, las clases sociales en las sociedades de clases. De la misma manera, para el pensamiento indio, hay una historia específicamente americana como acertadamente lo afirma el hermano Esteban Emilio Mosonyi: el indio es lo más continuo, constante y específico de este continente en todo su devenir histórico.

La conquista y colonización a través de la historia oficial ha enseñado, durante casi quinientos años, que el indio como realidad vigente, como referencia de un pensamiento específicamente americano ha desaparecido. Que toda referencia histórica debe ser tomada de Europa, los Estados Unidos, y últimamente de la Unión Soviética e incluso del Japón. Que todo pensamiento sobre la liberación debe salir de las grandes metrópolis. Se niega la existencia de un pensamiento indio, pero también se niega de raíz cualquier pensamiento específicamente americano, incluso en el ámbito de lo criollo.

Dentro de la visión colonialista se plantea que las sociedades indias son “pueblos sin historia”, bajo el supuesto errado de que toda historia comienza con la escritura, desconociendo el testimonio de las historias orales y la actualidad histórica de las civilizaciones milenarias. Se nos ve como un pueblo “pre-histórico”, “proto-histórico”, “bárbaro”, y recién “descubierto”, con menos de medio milenio de existencia.

Así, la “zoologización” es la pretensión de vernos como escalones inferiores de un pasado ya superado globalmente por Occidente. Los pueblos indios son considerados “tribus” en proceso de “destribalización” por parte de los Estados Nacionales, justificando de esta manera, las políticas integracionistas de un criollismo exclusivo y excluyente, negador de sus propias vertientes étnicas y culturales. De un criollismo, al amparo de una ideología mestiza con la ilusión de desterrar todo vestigio cultural indio, mediante el cruce racial, bajo el pretexto de “mejorar la raza” y tener acceso a la llamada “civilización”.

El resultado de toda esta visión dominante del colonialismo, es provocar en el colonizado, un estado de vergüenza racial y étnica, que lo inmovilice frente a las fuerzas destructivas hasta bloquear las bases de la resistencia cultural y política para negarlo como dueño del territorio y desconocer el pensamiento que es inherente a su modo de vida.

Hoy nuestros pueblos-naciones, son una referencia fundamental dentro de los Estados Nacionales, una vía de descolonización, independencia y liberación, afianzada en lo más específico del pensamiento americanista. Mientras representemos diversos modos alternativos de vida seguirá viva la llama de la filosofía de la indianidad.

1. La búsqueda de los distintos caminos de la historia americana, como salida para vencer la falsa visión de considerar a Europa como el “ombligo del mundo”.

Si ponemos en evidencia otra visión de la historia y de las sociedades, si nuestros ojos en proceso de descolonización, son capaces de mirar esos múltiples caminos de la historia del hombre americano, cada uno de ellos con un recorrido de miles y miles de años, estamos ya enfrentando la ceguera interesada de los imperios y del imperialismo de las superpotencias, esa pretensión de ver y de sentir a Europa como el “ombligo del mundo”.

América, África, Asia y Australia no representan en sí mismas “fases”, “periodos” o “estadios” del proceso de occidentalización. Por el contrario, son modalidades de civilizaciones distintas, cada una de ellas plenamente contemporáneas del hombre de la conquista del espacio, las computadoras y los robots.

El pensamiento indio tampoco quiere acogerse a un racionalismo frío y calculador dentro de la ilusión unilineal de “actualizarse” imitando servilmente a Occidente y viéndose a sí mismo como una rara especie “pre-racional”, “pre-lógica”, “pre-filosófica”, etc. El pensamiento indio en este caso, no es lo anti-occidental, sino lo original y específico del continente americano, aun cuando no constituya hoy el único rasgo de esa originalidad.

2. El pensamiento de la Indianidad destapa la olla de la dominación Colonial para afirmar lo diferente y lo plural ante la pretensión de “lo único”.

Afirmar el pensamiento de la Indianidad en una sociedad colonizada y neo-colonizada, es romper con toda neutralidad. Lo más característico del pensamiento colonial ha sido negar al indio y sus descendientes como legítimos dueños del territorio y disputarle sus derechos. De igual manera, el pensamiento más genuino del indio no sólo por simple oposición, sino desde el fondo mismo de su historia, cultura y modos de vida es la reafirmación de hecho y de derecho, como sujeto del territorio usurpado.

Esto explica porque la indianidad no representa en este momento histórico ni una sub-cultura folklorizada, ni una simple contra-cultura o anti-cultura de simple respuesta o negación de otras culturas sino la expresión viva de múltiples culturas y civilizaciones altamente diferenciadas en todo el continente. De allí que los Pueblos Naciones Indias se definen contra toda ideología homogeneizadora y hegemónica de negación del pluralismo cultural.

La estrategia asimilacionista –integracionista es la prolongación del pensamiento colonialista en la era de las Repúblicas americanas, como Estados formalmente independientes. La debilidad ideológica del criollismo reside en defender el llamado pluralismo de una manera muy oportunista.

Cuando se afirma con toda su fuerza lo indio, incluso lo afroamericano, surge un cierto nerviosismo de las élites dirigentes, demandando en lo inmediato no olvidar que también somos occidentales, lo cual es fundamental para el mantenimiento del “pluralismo”. Sin embargo, cuando se manifiesta lo Occidental, como pensamiento único, exclusivo y excluyente de ese nosotros indio o afroamericano en forma clara hay un olvido cómplice del llamado “pluralismo”.

La lógica de la dominación dentro del criollismo como ideología neocolonial y expresión viva del colonialismo interno, es reprimir, reducir en función de eso que llaman “CIVILIZAR”, lo cual significa la muerte para el indio y para las civilizaciones específicamente americanas.

La música representa pervivencia cultural de los pueblos de América.

El pensamiento indio afirma lo diferente y lo plural frente a las pretensiones de “lo único”. Lo indio se afirma sin la necesidad de negar las otras civilizaciones. Lo indio se contrapone al criollismo como ideología de dominación, como caricatura de Occidente que niega sus propios componentes múltiples, especialmente lo indio y lo africano. Esta “criollización” sería una ideología al servicio de la europeización y más recientemente de norteamericanización del continente.

La ideología integracionista de la pseudo occidentalización se ha valido de distintas modalidades de opresión para negar la dinámica entre lo único y lo múltiple:

-Negación constante o bien ignorancia del papel de la resistencia india expresándose a través de los textos de historia.

-La ideología misionera bajo el pretexto de “evangelizar y civilizar” considera al indio un menor de edad y un huérfano.

-La expropiación progresiva de los territorios indios procesándolos como “Tierras Vírgenes”, “Tierras de nadie”, “despobladas”, o “poco pobladas” o bien habitados por “primitivos”, “salvajes” o “bárbaros” que se oponen al “progreso” y “desarrollo”. Se apela incluso a la llamada función social de las tierras, para proceder a la expropiación del indio, al verla como supuestas tierras “improductivas”.

-En todos los países americanos se carece de una legislación coherente acompañada de políticas realmente operativas y de defensa de los territorios y nacionalidades autóctonas.

-Por el contrario, las legislaciones no tienden a favorecer en Centro Y Sur América la política realmente operativa y de defensa de los territorios y nacionalidades autóctonas sino las políticas integracionistas y el apartheid en Norteamérica.

-Creación continúa a través de los medios de comunicación masiva, las escuelas y las iglesias occidentales de una imagen distorsionada y errada de las múltiples civilizaciones indias.

-Ven a los Pueblos-Naciones indígenas y a sus culturas como una transición hacia la criollización, la europeizante y la norteamericanización progresiva (des-indianizar para criollizar- criollizar para europeizar- europeizar para norteamericanizar).

-La tendencia marcada en todos los Estados del continente y en el momento actual especialmente en los Estados Nacionales de Sud América de reducir al indio a una mínima expresión en el plano institucional, con la finalidad de oprimir y reprimir los mecanismos propios de expresión de la indianidad. Esta política de los Estados Nacionales se manifiesta a través de una persecución contra las pocas voces indias y de sus aliados dentro de los organismos del Estado y de la sociedad criolla, llegando incluso a eliminar instituciones completas de la política específicamente indígena para ser sustituidas por organismos e intermediarios de mentalidad colonial-integracionista. La reducción del indio a una mínima expresión en el plano institucional, tanto del Estado como el de la sociedad criolla, favorece la implementación de políticas etnogenocidas.

Etnia Yagua, Iquitos-Perú.
-La difusión progresiva en toda la América del Sur de una peligrosa ideología del turismo a nivel interno y externo, en forma indiscriminada hacia las zonas indígenas, no toma en consideración los cambios sociales, económicos, culturales y ecológicos que está causando o que puede causar en la población receptora de ese contingente humano.

 -Introducida la ideología del turismo dentro de la etnia y la comunidad, y si resulta rentable, los Estados propiciarán en una segunda etapa la expropiación de las mejores tierras de acuerdo con su ubicación estratégica, por parte de los mayoristas del turismo norteamericano y transnacional, hasta convertir al nativo en un extranjero y en un obstáculo. El indio será “integrado” a la sociedad criolla como cargador de maletas, limpiabotas.

-Esta ideología eurocéntrica hace del turista extranjero y del mismo criollo un visitante que se recrea ante lo “extraño” y lo “exótico” convirtiendo al país y especialmente al indio en una tarjeta postal.

-Tendencia a la militarización progresiva de las zonas fronterizas indias, para procesar al indio como un problema de “Seguridad del Estado” y convertir a las empresas transnacionales y misiones religiosas extranjeras –tales como Nuevas Tribus e Instituto Lingüístico de Verano- en los enclaves coloniales más confiables del Estado que los Pueblos Indios, para preservar la llamada “Soberanía Nacional”.

-Negación de toda posibilidad del colonizado de valerse de los instrumentos de la propia cultura, como base del proceso de liberación y de todo intercambio entre civilizaciones. Se sigue considerando al pensamiento eurocéntrico como fundamento de todo ideal popular, descolonizador, independentista y revolucionario, convirtiendo a los mismos agentes de la opresión en los protagonistas de la liberación. En cuanto a la liberación, sólo puede ser obra de los mismos interesados.

3. Diferentes maneras de asumir el pensamiento europeo como el “ombligo del mundo”

Es necesario ver, a un nivel muy general las manifestaciones del etnocentrismo europeo:

-Hay un etnocentrismo lingüístico.

-Hay una prolongación del etnocentrismo europeo en la falsa clasificación entre altas medias y bajas culturas americanas.

-La pluralidad de Occidente se da dentro de la misma familia occidental.

-Occidente rechaza y desconoce otras formas de vida y filosofía.

-Occidente llega a veces a reconocer una filosofía oriental, pero desconoce en forma tajante la filosofía de la indianidad americana.

-Occidente –en sus vertientes más amplias- reconoce a todo pueblo una filosofía, pero sólo a nivel de una visión del mundo o cosmovisión, reservándose para sí el filosofar propiamente dicho.

-Occidente llega a reconocer una posible filosofía india, aunque reducida a la naturaleza, ya que el hombre y la cultura de las sociedades indias, aparecen ante los ojos del eurocentrismo como diluidos en la naturaleza. Esta concepción cósmica del indio, al no antagonizar cultura y naturaleza, no es visto por Occidente como una posibilidad sino como una limitación para elaborar una filosofía del hombre dentro de la perspectiva de la indianidad.

-La superación de las distintas formas del etnocentrismo histórico y filosófico de Occidente, empieza por comprender que la filosofía no comienza ni termina con el pensamiento griego-europeo y occidental, ya que cada pueblo al crear un modo de vida, crea también su propia filosofía.


Vilcashuaman, Ayacucho-Perú. Edificación de templo cristiano sobre centro ceremonial inca.
 -El etnocentrismo filosófico de Occidente se manifiesta incluso como etnocentrismo religioso, artístico y científico. Si se asume lo que es filosofía en sus formas más occidentales, se llega a la conclusión errónea y unilineal de que todos los pueblos deben desarrollar esos momentos de racionalidad.

-El etnocentrismo filosófico de Occidente ha entrado en crisis, porque el filósofo occidental, al verse frente a su propio espejo, comienza a dudar y a sentir que esa filosofía se ha separado tanto de la realidad y ha individualizado tanto al pensador, que ya no sirve para la vida.

-Finalmente el eurocentrismo occidental cree que no hay formas válidas de filosofar dentro de la tradición oral, antagonizando culturas orales y culturas escritas.

3. a El etnocentrismo lingüístico: el idioma impuesto como herramienta de dominación colonial para desindianizar.

El etnocentrismo lingüístico ha querido descalificar a los idiomas indios como instrumentos idóneos de comunicación humana. El colonizador ha tomado muy en serio aquella creencia de que el idioma del otro es apenas un balbuceo de palabras extrañas e incomprensibles. Traduce a veces literalmente, y al no coincidir los significados con los del idioma dominante, piensa que es un “dialecto”, que no reúne las condiciones para ser catalogado como un idioma.

Cada vez que se destruye un idioma indio, se afirma cínicamente que el colonizador nos está dando hasta la lengua, suponiendo que éramos mudos e incomprensibles entre nosotros mismos, antes de la llegada del idioma oficial.

Se aprende el idioma nativo para desmontar todo nuestro mundo, nuestro modo de vida. Se ve la enseñanza del idioma indio como un proceso de transición hacia una castellanización desindianizante.

¿Cuántas palabras hay en castellano que no existe en inglés? ¿Se podrá partir de ese etnocentrismo lingüístico para decir que el inglés no es idioma respecto al castellano, o que éste no lo es con respecto al inglés?

El proceso de exterminio de las lenguas indias (lingüicidio) internaliza el complejo de inferioridad étnico y lingüístico, hasta inmovilizar la comunicación en el idioma materno e intentarlo unilateralmente en el idioma oficial, produciendo traumas irreversibles. La castellanización compulsiva –dentro del aula de clases– y al margen del idioma materno, convierte a la escuela en una máquina de fabricación de mudos y sordos en sus propios contextos lingüísticos y culturales.

3. b Otro aspecto del engaño colonialista: la creencia de que existen altas medias y bajas culturas americanas.

El pensamiento eurocéntrico ha venido manipulando el universo cultural indio del continente, haciendo una clasificación falsa entre altas, medias y bajas culturas americanas. Se habla muchas veces de las “altas culturas” mesoamericanas y andinas para descalificar las micro sociedades caribes o arahuacas tomando en consideración la concentración de población, el monumentalismo y otros elementos.

Pero las supuestas “dignidades” otorgadas por el carácter de macro sociedades indias y posteriormente de virreinatos coloniales, se inscribe dentro del mismo proceso de dominación, tanto interna como externa. Es otra vertiente del eurocentrismo, porque el indio de México, Guatemala o Perú, está hoy tan negado como los indios de otras regiones. Los mismos criollos, de los grandes centros indios y virreinales, son hoy tan discriminados ante las grandes metrópolis europeas, como los venezolanos y los antillanos.

El mismo eurocentrismo, que mantiene la falsa división entre altas, medias y bajas culturas indias, le niega toda actualidad histórica al Tawantinsuyu, como forma de organización social y política, viéndolo como un retroceso histórico hacia la etapa pre colonial, lo cual constituye una mentira histórica al sostener que esas formas sociales y políticas del incanato, no son simultáneamente precolombinas u pos colombinas. En otro sentido, se sigue considerando a las micro sociedades indias, que no se mantuvieron adheridas al Tawantinsuyu, como pueblos que no han alcanzado ese período histórico de integración dentro de la misma indianidad. Todo ello aparte de un falso antagonismo occidental entre macro-sociedades y micro-sociedades al verlas como opuestas y no como complementarias dentro de la diversidad del género humano.

El eurocentrismo mientras intente ver todo por el lente exclusivo de la cultura occidental, jamás podrá entender, que cada pueblo desarrolló su propia línea histórica de acuerdo con sus necesidades muy particulares y según su modo de vida. Que cada pueblo se fue dando un modelo tecnológico y científico, en principio de acuerdo con la adaptación a una ecología, si bien no necesariamente sobre determinado por las limitaciones del ambiente. Que cada pueblo desarrolló formas propias de saber y especifidades religiosas o artísticas, de acuerdo con necesidades muy particulares, más allá de sus requerimientos inmediatos, lo cual le permitió la prevención del futuro, en su modo de convivencia.

Los pueblos y sus civilizaciones son diferentes, pero no existen culturas superiores o inferiores, ni pueblos globalmente “desarrollados” ni totalmente “atrasados”.

3. c El mundo occidental reconoce a regañadientes la existencia de varias culturas, pero dentro de la familia occidental.

Es verdad que dentro del pensamiento occidental, algunos pensadores han hecho un reconocimiento expreso de la pluralidad de civilizaciones. Sin embargo, la tendencia dominante es la de seguir imponiendo y hablando de la civilización en singular. Algunos pensadores occidentales como Arnold Toynbee o Splenger reconocen la existencia de varias civilizaciones, pero sin alejarse mucho de las macro sociedades occidentales o de algunas otras grandes sociedades, fuera de este parentesco cultural, al fin y al cabo tomando a Occidente como el patrón a seguir. Toynbee identifica las siguientes sociedades fundamentales: la occidental, la bizantino-ortodoxo. La iraniana, la árabe, la ruso-ortodoxa, la hindú, la china, la coreo-japonesa, la helénica, la siria, la india, la china clásica, la minoica, la sumeria, la hitita, la babilónica, la egipcia, la andina, la mexicana, la yucateca y la maya; para Splenger hay ocho civilizaciones de nivel “elevado”: la babilónica, la egipcia, la hindú, la china, la helénico-romana, la árabe, la maya y por supuesto la Occidental. Al margen de estas llamadas “altas civilizaciones” no existe para Splenger verdadera historia.

Todas estas clasificaciones eurocéntricas responden al mito de pretender salvaguardar la llamada “unidad de la civilización” contra las fuerzas supuestamente oscuras de la “barbarie”.

Este criterio eurocéntrico no sólo se aplica a los pueblos del llamado Tercer Mundo, sino a las mismas minorías europeas que son parte indiscutible de los viejos poblamientos de ese continente: SAMIS, bretones, vascos, gitanos, catalanes, gallegos, etcétera, quienes por lo visto todavía no caben en el modelo ideal de civilización para Occidente.

3. d Occidente rechaza y desconoce otras maneras de vivir y hacer filosofía.

Mesa ritual para ceremonias propiciatorias. Cuzco.
Tomado de: Flores, Jorge (1998) Qeros. Arte Inka en vasos
ceremoniales. Lima, BCP. p.41
Contemporáneamente, este punto de vista nos asume como pueblos en proceso de occidentalización invalidando globalmente nuestros modos de vida. Se nos clasifica arbitrariamente como seres “mágicos”, “pre-lógicos”, “pre-filosóficos”, “pre-científicos”, e incluso como “pre-políticos”. Todo ello arranca de nuestra negación como pueblos y como historia, vistos como “pre-históricos” o “proto-históricos” y, en el sentido antropológico, como “pre-humanos” o como “proto-humanos”.

La lógica de la dominación eurocéntrica, no admite la presencia de otras racionalidades. A esta pretensión la denominamos logocentrismo porque se trata de un discurso condicionado bajo su propia óptica, desde el universo de sus intereses materiales y espirituales.

Cualquier forma de vida aparece como “irracional” o lo que se opone a “lo racional” propiamente dicho.

El rechazo por parte de Occidente de otras maneras de vivir válidas, en lo fundamental, responde a lo siguiente:

-Sentido de autosuficiencia civilizatoria con la progresiva expropiación del patrimonio histórico y cultural de las otras civilizaciones.

-Necesidad de auto convencerse de su supuesta superioridad y de auto convencer al colonizado de su “inferioridad” en todos los órdenes especialmente en el plano racional, en un siglo predominantemente colonialista y tecnocrático.

-El dominador no llega a ver cuál es el lugar de cada modelo de racionalidad en la totalidad de un modo de vida, lo cual le permite descalificarlo más fácilmente y presentarlo como “irracional” e “ilógico”.

-La explotación económica siempre va unida a formas de dominación política y socio-cultural, permitiendo la constante justificación de la racionalidad dominante, el poder de logos, el cual descansa en el poder de la palabra. Esto quizás explique un poco porqué Occidente dentro de su dinámica expansiva haya desarrollado más que cualquier otra civilización del planeta, el hechizo de la palabra, la filosofía especulativa y posteriormente una racionalidad tecnocrática (como filosofía positiva).

3. e Occidente llega a veces a reconocer una filosofía oriental, pero desconoce de forma tajante una Filosofía de la Indianidad Americana.

Lo que no aparece específicamente deslindado de otros saberes y muy especialmente del saber religioso, no es considerado en principio filosofía por Occidente; de allí su resistencia a admitir la presencia de una filosofía oriental y peor todavía, una filosofía de la Indianidad. En otro sentido, el eurocentrismo concibe más lo filosófico como reflexión y cada vez menos como modo de vida.

La primera dificultad de Occidente para reconocer una filosofía oriental se debe a su inseparabilidad del contexto religioso. Tal incomprensión involucra un desconocimiento de toda una forma de vida fundada sobre principios totalmente diferentes. El no comprender la función en sentido social y ecológico de esta actitud de vida, es visto como una forma absurda e irracional; sin embargo, se llega al reconocimiento por parte de una ideología dominante, de que la India es portadora de un saber filosófico “incipiente”, que no ha roto el cordón umbilical con las formas de pensar específicamente religiosas, lo cual ha contribuido a separarla notablemente de la expansión occidental.

Cuando el indio piaroa de Venezuela, hace todo un ritual de purificación de la carne que va a consumir, como pudiera hacerlo cualquier judío ortodoxo, está expresando, independientemente de los prejuicios en su contra, una filosofía viva a través de una densidad espiritual innegable. Para negar el carácter mismo de esta filosofía viva, el hombre eurocéntrico la verá en forma fragmentaria, como única vía de poder realimentar los prejuicios.

3. f  La filosofía no comienza ni termina con el pensamiento griego europeo y occidental, ya que cada pueblo, al crear un modo de vida, crea también su propia filosofía.

Todo lo anteriormente dicho nos permite sostener que el origen de la filosofía no está en Grecia o en todo el ámbito geográfico-cultural de occidente. La filosofía como forma de vida es inherente, a cada pueblo, a cada civilización, independientemente de cual sea el modelo. De igual manera, no hay forma de vivir que no genere en algún sentido una visión de totalidad del grupo y del mundo, planteando su lugar en el universo y su relación con los otros pueblos.

ALGUNAS CARACTERÍSTICAS DE LA FILOSOFÍA DE LA INDIANIDAD

-Filosofar para el indio no es una creencia, ni un proceso de intelectualización de la realidad. Más que un sistema de creencias es ante todo vivencia.


Etnia Yagua. Iquitos-Perú.
-Filosofar es la facultad del sabio y de la comunidad como fuente de sabiduría para comprender y darle sentido a un modo particular de ser y de vivir. Filosofar es actuar. Lo filosófico, lo ideológico y lo político nunca operan en el mundo indio como elementos aislados, sino como una totalidad. Toda separación es de carácter metodológico comprendiendo niveles específicos de operatividad. Ser filosófico es ser simultáneamente ser ideólogo y político. Y esto es válido para afirmar que no hay acción política al margen de un modo de vida como totalidad. En igual sentido, no se hace filosofía al margen de la comunidad, de todo pueblo nación y de la relación constante con otros pueblos diferentes.

-La diferencia entre el intelectual y el sabio indio, está en que el primero desarrolla conceptos teóricos y abstractos desligados de la práctica y el sabio indio hace filosofía de lo vivido. El sabio indio no es por esto un pragmático ni un empírico, por cuanto tiene como referencia concreta todo un modelo de convivencia, desarrollado y perfeccionado durante miles de años, cuya herencia cultural es trasmitida de generación en generación.

-Dentro del pensamiento indio las distintas formas del conocimiento no tienen una jerarquización vertical, sino que se expresan horizontalmente y en forma simultánea: Religión, Arte, Filosofía y Ciencia son todas formas válidas e inseparables del conocimiento total, al mismo tiempo en que se hace arte, religión o ciencia se hace también filosofía. La ciencia no constituye para los pueblos indios el conocimiento último o lo más acabado del conocimiento como ocurre con el pensamiento occidental.

-El pensamiento indio no representa ni lo angelical ni lo demoniaco. Tiene las virtudes y defectos propios de todo lo humano y concurre al diálogo de civilizaciones dentro de la unidad del género humano y la diversidad de pueblos y culturas, rechazando cualquier tipo de hegemonía imperial o imperialista sea cual fuere su signo ideológico.

-El modo de vida del indio es inseparable de lo telúrico y de todo lo cósmico. La comunidad y el hombre no son seres aislados dentro del universo: el hombre se auto-reconoce como parte de la naturaleza y establece su parentesco con las plantas y el mundo animal. El padre Sol, la Madre Tierra, son parte inseparable de su carne y de su aliento de vida.

-Para el mundo indio, existe una prioridad de la comunidad sobre el interés individual. El hombre toma conciencia de sí mismo dentro de la comunidad.

-Para el mundo indio el mito no está separado de la historia, ni de la ciencia; la historia y la eternidad forman parte de un todo inseparable; cada momento histórico es único, pero todos los tiempos están enlazados; todo pasado es en algún sentido contemporáneo en cada presente. Hay una continuidad entre la vida y la muerte, entre el sueño y la vigilia, lo visible y lo invisible.

-Lo más característico del pensamiento del indio americano es que no establece antagonismo entre idealismo y materialismo, mundo interno y externo, vida interior y exterior, vida material y espiritual, esoterismo y exoterismo. Sería por ejemplo inconcebible dentro de la visión más tradicional que un indio en su vida concreta separara la contemplación de la acción, el ver del actuar. En el sentido indio más tradicional, ver es actuar.

-La filosofía de la indianidad es en lo fundamental una filosofía de convivencia: darle sentido al modo de vida de esa etnia, de esa nación o pueblo. Significa que ese grupo humano está interesado más en su propia convivencia y en la solidaridad con otros grupos, que en expandir su forma de vida imponiéndosela a otro pueblo con fines de explotación y dominación. En las sociedades indias se han dado algunas formas de explotación, incluso de conquista, pero que no son comparables con las formas de opresión occidental. Una Filosofía de la Indianidad en el momento actual debe tener como lema el planteamiento de que un pueblo que oprime a otro no puede ser libre jamás.

-La filosofía de la indianidad será necesariamente una filosofía de la liberación o carecerá por completo de sentido. Esto se explica por lo siguiente:

a) Nuestros pueblos son víctimas de la opresión racista, clasista, etnista, patriarcal, imperialista y trasnacional de la mal llamada civilización occidental cristiana.

b) Toda condición opresiva implica un obstáculo al libre desenvolvimiento de nuestro modo de vida. De allí, la necesidad de convertir nuestro pensamiento en una filosofía de convivencia para la liberación, es una filosofía de liberación para restablecer la convivencia del hombre con la comunidad, del hombre y la comunidad, con la naturaleza y con los otros pueblos.

-La filosofía india no es antropocéntrica, porque no implica una afirmación del hombre negando radicalmente la naturaleza.

-La filosofía india no es terrocéntrica, por cuanto no niega de antemano la posibilidad de la pluralidad de mundos habitados.

-La filosofía india no es cosmocéntrica, por cuanto no representa una afirmación del cosmos y una negación de la humanidad del hombre y de su racionalidad específica con respecto al mundo animal.

-La filosofía india no es un racionalismo por cuanto el indio sabe desde hace miles de años que la razón separa y la vida une. (Edgar Corrales)

-La filosofía india no es irracionalismo porque representa una forma de racionalidad muy concreta donde el pensamiento no sustituye la vida.

-La filosofía india no representa un empirismo ni un pragmatismo, por cuanto hay una teoría de la ciencia, el arte y la religión encarnada en el modo de vida de cada pueblo.

Cualquier filosofía india es más fácil de vivirse que de explicarse a través de conceptos rígidos. De allí, la dificultad de nuestros ancianos y jóvenes para definir nuestro modo de vida y el riesgo de aparecer ante el etnocentrismo de la cultura occidental como “torpes” e “ignorantes”.

-Finalmente, la filosofía oral y la filosofía escrita, no son necesariamente antagónicas por cuanto la oralidad y la escritura representan formas de vida válidas y complementarias, hasta el punto de que las culturas orales pueden introducir en su propio universo el mundo de la escritura, y las culturas escritas jamás han podido renunciar al mundo de la oralidad: incluso los lingüistas modernos vuelven a restablecer la prioridad de la comunicación oral sobre la escrita.

--La filosofía de la indianidad, en el momento actual, es una filosofía específica e intercultural, por cuanto los códigos lingüísticos y culturales, son los de la cultura materna. No se trata de filosofar entre dos culturas. Se hace filosofía desde el ámbito de la cultura materna y a través de sus códigos lingüísticos y culturales. Filosofar desde el idioma dominante siempre representa un intento de aproximación, de acercamiento al modo de vida de la indianidad. Sólo el idioma materno y su propia religiosidad, unido a sus formas de organización social y política pueden darnos la verdadera clave para comprender como una totalidad la filosofía de la indianidad. Esta comprensión no es proceso exclusivamente del pensamiento sino de todas nuestras facultades humanas: intuiciones, sentimientos, sueños, etc.

-La filosofía de la indianidad es intercultural, porque es un proyecto abierto, hay prioridad en lo vivido, sobre lo concebido (Efraín Hurtado); más que un sistema cerrado de creencias, representa modos de convivencia, en permanente intercambio con pueblos y civilizaciones diferentes.

-Comprender en el terreno de la lucha concreta que la defensa de la tierra es de un carácter estratégico de primer orden, constituyendo en cada coyuntura crítica en forma simultánea, una lucha filosófica, ideológica y política. Filosófica en cuanto a las formas de tenencia de la tierra implica todo un modo de vida; ideológica en cuanto enfrenta las falsas visiones del indio como “salvaje”, “primitivo”, “menor de edad”, etcétera, y política en cuanto toca intereses de programas desarrollistas del Estado, de terratenientes y plantea una correlación de fuerzas sociales y políticas.



Niña aymara, lago Titicaca. Puno-Perú.
CONCLUSIONES

-Las inquietudes en torno a una Filosofía, Ideología y Política de la indianidad deben constituir un núcleo de preocupación permanente a nivel de la vivencia dentro de ésta, la reflexión en la acción política.

-La búsqueda de una Filosofía, Ideología y Política de la indianidad a nivel sudamericano y continental es un proyecto abierto dentro de su propia naturaleza multiétnica, pluricultural y plurinacional, lo cual supone el rechazo de toda ideología homogeneizadora y hegemónica dentro de la misma indianidad o fuera de ella. Esta perspectiva múltiple representa un factor de enriquecimiento permanente para la definitiva configuración de una Filosofía de la Indianidad americana.

-La Filosofía, Ideología y Política de la indianidad como núcleo de preocupación permanente debe llevar a cada nación india dentro de cada Estado Nacional a propiciar constantes encuentros tales como: talleres, seminarios, foros, conferencias, etc., para fortalecer y enriquecer la perspectiva propia y afianzar la conciencia étnica, histórica, social y política.

-Necesidad de concebir la organización y la acción política dentro de nuestros polos de intereses históricos, sociales y culturales, lo cual demanda la urgencia de combinar la información con la formación del militante indio a distintos niveles. Debe ser una inquietud constante del Consejo Indio de Sud América (CISA), de la Coordinadora Regional de Pueblos Indios de Centro América (CORPI) y del Consejo Mundial de Pueblos Indios a nivel de cada país, la elaboración de proyectos factibles en lo que atañe a la formación filosófica, ideológica y política del militante indio. En este sentido es importante concebir institutos y Escuelas de Formación a nivel de cada país del Sur y Centroamérica.

-Que los movimientos indios a nivel nacional, el Consejo Indio de Sud América (CISA), de la Coordinadora Regional de Pueblos Indios de Centro América (CORPI) se dirijan a las distintas Escuelas de Filosofía, Antropología e Historia de las universidades del continente, solicitando que la Filosofía India de América, se incorpore a la cátedra como parte del patrimonio cultural y como posible vía alternativa a la búsqueda de otros modelos de conocimiento y de nuestra identidad continental dentro de la pluralidad de pueblos, culturas y naciones.

-El fortalecimiento de la Filosofía de la Indianidad es inconcebible en cada pueblo sin la revitalización de cada idioma materno, para lo cual es fundamental desarrollar luchas por la oficialización de los idiomas indios, como segundo idioma nacional, regional o local según los casos y estimular sus enseñanzas a través de las distintas universidades del continente.

-Revalorizar el estudio de los distintos modelos de organizaciones tradicionales indias expresadas en sus diversas instituciones: formas de familia, organización comunal, tipos de poder político, etc., como vías concretas mediante las cuales se expresa la Filosofía, la ideología y política de la indianidad en cuanto modo de vida.

-Ir desarrollando toda una perspectiva teórico-metodológica que nos permita al acceso a la Filosofía India de cada Pueblo ubicando sus elementos específicos, no sólo a partir de algunos rasgos aislados, sino de la totalidad del modo de vida, las particularidades del idioma, la religión, la etnociencia y otras maneras de conocimiento. En este orden, ir determinando los puntos más importantes de coincidencia que serían comunes a una Filosofía India de América, sin anular sus particularidades, en las cuales residen sus posibilidades de intercambio y de mutuo enriquecimiento.

-En esta misma perspectiva teórico-metodológica es importante redescubrir los grandes aportes de nuestros diversos modos de vida a la conformación del mismo pensamiento político e ideológico de Occidente, a partir de la conquista hasta hoy y simultáneamente ver la estructura íntima de la lógica de la dominación y sus modalidades de expropiación progresiva de nuestros conocimientos. Asimismo, debemos observar detenidamente como nuestros pueblos han venido incorporando a la luz de sus propios códigos lingüísticos y culturales, los variados aportes del mundo indo hispánico o afroamericano.

-Dentro de una estrategia de los movimientos indios, no se trata ya de lograr un aspecto ideológico sino de saberlo mantener en constante posición de avance y poder conformar alternativas reales de organizaciones indias con su propio perfil. La resistencia histórica nos demuestra que los pueblos que se organizan y persisten en una dirección estratégica, avanzan hacia niveles superiores de organización y lucha.

-La exigencia de delinear una filosofía, ideología y política de la indianidad, implica desarrollar un lenguaje propio tanto en el idioma materno como en el idioma dominante y en el mismo sentido desarrollar métodos de lucha y conformar una táctica y estrategia dentro del proyecto histórico dentro de la indianidad. Sin proyecto histórico no hay ningún lugar para la estrategia y para una política definida.

-A la luz de una filosofía, ideología y política de la indianidad, el proyecto histórico de cada pueblo indio y de los pueblos indios en su conjunto o es necesariamente antagónico con otros proyectos de liberación de los pueblos y sectores de los distintos Estados Nacionales. Sin embargo, la lógica misma del colonialismo interno nos impone la necesidad de defender el carácter específico de nuestros proyectos políticos ya sea en la situación de mayoría y minoría conformando en cada caso desde nuestra propia óptica, los sistemas de alianzas correspondientes.

-Debemos mantenernos muy atentos al proceso de descolonización, tanto de nosotros mismos como del otro; debemos evitar encasillarlo con una etiqueta sólo porque no hable nuestro mismo lenguaje. Debemos tener presente que el proceso de descolonización es distinto por cada grupo y para cada persona; no todos tienen que pasar por la misma o el mismo proceso.

-Comprender en el terreno de la lucha concreta que la defensa de la tierra es de carácter estratégico de primer orden, constituyendo en cada coyuntura crítica, en forma simultánea, una lucha filosófica, ideológica y política. Filosófica en cuanto a las formas de tenencia de la tierra implican todo un modo de vida; ideológica, en cuanto enfrenta las falsas visiones del indio como “salvaje”, “primitivo”, “menor de edad”, etcétera; es una lucha política en cuanto toca intereses de programas desarrollistas del Estado, las transnacionales, los terratenientes, y alude una correlación de fuerzas sociales y políticas.

Nohelí Pocaterra.
Saúl Rivas Rivas.
Jorge Pocaterra.
Angel Lovera.

Movimiento Indio por la Identidad Nacional (MOIIN) Venezuela.