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| Fotografía tomada en febrero de 2026, en su domicilio en Tablada de Lurín. |
¿Quién dijo que todo está perdido?
Yo vengo a ofrecer mi corazón
Tanta sangre que se llevó el río
Yo vengo a ofrecer mi corazónComo abrir el pecho y sacar el alma
Una cuchillada de amorLuna de los pobres siempre abierta
Yo vengo a ofrecer mi corazón
Como un documento inalterable
Yo vengo a ofrecer mi corazónY uniré las puntas de un mismo lazo
Y me iré tranquilo, me iré despacio
Y te daré todo, y me darás algo
Algo que me alivie un poco másY hablo de países y de esperanzas
Hablo por la vida, hablo por la nada
Hablo de cambiar ésta, nuestra casa
De cambiarla por cambiar, nomás.
Fito Páez, yo vengo a ofrecer mi corazón.
Hoy domingo 2 de agosto, ya a estas horas los restos del
poeta proletario, Leoncio Bueno Barrantes, estarán cremados a su propia solicitud.
A los 106 años partió a ese viaje sin retorno, allí donde toda razón fenece y
reside la absoluta inconsciencia. Lo conocí cuando yo tenía cinco años,
bautizado junto a mi hermana, por un escritor autodidacta, lleno de mundo y
esperanzas.
Quizás, para muchos, su obra escrita y acción se resuma en
la canción de Fito Páez, “yo vengo a ofrecer mi corazón”. No lo sé, quizás un
buen canto de afrodescendiente, pudo resumir su vida y obra. Sus poemas,
profundos y humanos, aún no figuran en las “antojolías” que suelen publicarse entre
los grandes circuitos comerciales de la escritura. Su canto emerge con fuerte
sonido para que nuevas generaciones de vates escuchen lo que significa vivir y
escribir con el alma en las letras.
Con autorización de Gladys Vargas-Machuca, su hija política
hago publica su último deseo escrito para después de ocurrida su muerte.
Hace poco el Ministerio de Cultura del Perú le rindió un
gran homenaje y lo reconoció como personalidad meritoria de la cultura peruana,
este discurso es el que ofrecí hace pocas semanas, cuando Leoncio convalecía
con un marcapasos en su querido hogar, en Tablada de Lurín, al sur de Lima.
Aquí el texto:
LEONCIO BUENO BARRANTES, UN EJEMPLO DE LUCHA
Muy buenas noches.
Hoy se brinda un
merecido reconocimiento a don Leoncio Bueno Barrantes, nacido en 1920 en la
Hacienda La Constancia en Trujillo, que hoy ya cuenta con 106 años de vida.
Agradeciendo a su hija Sara Bueno Román hija de su primer
compromiso con Andrea Avelina Román Pimentel y la familia política Román
Zevallos; a Gladys Vargas-Machuca hija política, con su hermano Samir y
hermanas de su segundo compromiso con Blanca Rojas Zevallos por designarme como
representante para recibir en nombre de la
familia Bueno, el merecido reconocimiento que hoy le concede el Ministerio de
Cultura con la Orden de los Grandes Maestros de la Cultura, en este día que
de clausura del mes de celebración de la cultura afroperuana.
No ha sido tan fácil recordar todos los avatares que nos
unen a nuestro poeta y escritor proletario, a quien conozco desde los cinco
años y, por su gran amistad con mi padre, el vate proletario don Víctor Mazzi
Trujillo, siendo bautizados por don Leoncio Bueno junto a mi hermana Lila
Mercedes como sus ahijados.
Es un gran honor rendirle este mensaje de agradecimiento,
rememorando su trayectoria y obra cultural que ha desarrollado, muy a pesar de las
tormentas y embates que logró atravesar para dejar una huella inconfundible en su
trayectoria cultural en el Perú desde la segunda mitad del siglo XX.
Hoy toca reconocerle nuevamente sus aportes a nuestra cultura nacional desde su posición de clase, lo cual requiere evocar su labor como obrero, poeta, periodista, actor y creador.
Su vida significa un ejemplo de denodada lucha. Desde su adolescencia
mostró simpatías por el pensamiento y acción del anarquismo, luego por el partido
aprista con fuerte influencia en las haciendas cañeras del norte, motivado por su
repulsa a la brutal masacre a su población ocurrida en Trujillo en 1932. Ser
aprista en aquellos años significó rebeldía, desobediencia e incesante búsqueda
de justicia social. En la hacienda La Constancia creció bajo el influjo de la
cadencia rítmica de los jornaleros golondrinos y de sus décimas que, de vez en cuando,
suele recordar como el ritmo musical primigenio que le formó y consolidó la armonía
de su escritura poética.
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| En su obra Pastor de truenos en la contraportada adjuntó la información de la fundación del GIPM |
El 7 de julio de 1956, en conjunto con Víctor Mazzi Trujillo, Carlos Loayza Gómez, José Guerra Peñaloza, Víctor Ladera Prieto y otros poetas obreros, fundaron el Grupo Intelectual Primero de Mayo. Los escritores obreros forjados bajo autodidactismo se atrevieron a crear poesía y propuestas que aún resuenan como el acto de rebeldía que erosionaba la rígida frontera establecida entre la exclusividad de la academia y quienes no pertenecían a ella, la división entre trabajadores manuales e intelectuales se borró con la presencia del GIPM entre la generación del 50. Los únicos títulos que poseían eran los títulos que exhibían eran las portadas de sus libros publicados. La poesía de Leoncio Bueno, refinada y combativa, ha brillado con luz propia por sus originales propuestas que encumbran el goce estético en las letras peruanas, solo baste mencionar sus dos poemas “sinfonía roja” o “Carta a mi hijo de cinco años” publicados en Al pie del yunque, para entrar en razón de lo profundo, tierno y humano que su obra poética ha proyectado.
Su actividad poética se nutrió también con la influencia de otros escritores que formaban parte del Movimiento Social Progresista, entre ellos, Sebastián y Augusto Salazar Bondy, Alberto Ruiz Eldredge, Santiago Agurto Calvo, Francisco Moncloa, José Matos Mar, Abelardo Oquendo entre otros muchos. En esos años militaba en el socialismo peruano y con Víctor Mazzi Trujillo trabajaron como regentes en su local institucional del jirón Chincha, en el Cercado de Lima.
Sufrió prisión en la isla penal el Frontón a raíz de la
represión de las luchas campesinas que dirigió el líder trotskista Hugo Blanco
Galdós, años después indultado. Su simpatía por las propuestas e ideas del
pensamiento del líder soviético León Trotski tornaron el motivo de su vida e
ideales durante una época muy convulsionada.
Para ganarse la vida, fundó su taller de reparación de
baterías El Túngar en el distrito de Breña. Aquel lugar donde los aspirantes
a poetas lo visitaban y siempre le solicitaban un motivo orientador para sus
escrituras poéticas. Son inolvidables las tardes de frugal bohemia en El Túngar,
invariablemente alimentado con harta poesía, acompañado con té y pan cortado a
la mitad sin ningún acompañamiento, ante el reclamo que algo le faltaba al pan,
Leoncio Bueno afirmaba que el pan venía con poesía, que jocosamente los noveles
aspirantes a poetas solían referirse a las tardes de “pan con poesía”.
Distintos poetas, posteriormente “consagrados”, narran sus experiencias de lo
que significó participar en El Túngar y leer sus poemas ante el exigente jurado
de dos poetas obreros autodidactas: Leoncio Bueno Barrantes y Víctor Mazzi Trujillo.
Su inicial obra poética se puede leer en los Cuadernos del
Grupo Intelectual Primero de Mayo. Su primera obra personal es Al pie del
yunque (1966) que publicó bajo el sello editorial del GIPM, luego vendría Pastor
de truenos (1968) bajo el sello Ediciones Tungar, posteriormente Invasión
poderosa (1970), Rebuzno propio (1976), La guerra de los runas
(1980). Su producción poética que no se ha detenido como su último: Memoria
de mi desnudez (2014), una antología de sus poemas y obras publicadas. La cultura
peruana debe sentir el orgullo de sus letras que proponen un universo estético
alternativo de justicia social y creatividad estética.
Leoncio Bueno también incursionó en la cinematografía. En
1982 actuó en la película alemana Fitzcarraldo dirigida por
Werner Herzog, al lado de Klaus Kinski, Claudia Cardinale, el músico brasileño
Milton Nascimiento y el Rolling Stone Mick Jagger. Experiencia que nos mostró la
amplitud de su faceta en la creación estética.
También ha ejercido como periodista, siendo fundador de la
Federación de Periodistas del Perú, obteniendo su membresía activa por sus
artículos y ensayos críticos sobre temas culturales y políticos. Participó en
la revista Marka (1975) y luego en El diario de Marka (1980),
cuando ésta aún representaba a las distintas voces que interpretaban al Perú
como diverso y con la necesidad de un cambio sobre las condiciones de
injusticia reinantes.
Muchas veces se ha preguntado por sus virtudes y cualidades
como persona y creador de raíz afrodescendiente. A mi parecer, es su espíritu
combativo y resiliente. La adversidad de su prisión política no lo amilanó ni
lo derrotó, creó en él un profundo desafío para construir un Perú mucho más
justo. Su obra poética publicada es la muestra de tal reto.
Su generosidad con poetas y escritores de extracción obrera
y popular va más allá de todo exclusivismo como “sociedad cerrada”, brindó a
muchos sus consejos y orientaciones estéticas, nutriéndose del gran escritor de
habla francesa y padre del pensamiento decolonial y perenne luchador contra el
racismo, Frantz Fanon y de otros autores marxistas muy en boga.
Si hay un reconocimiento de su obra en la cultura peruana es
por su amplitud y creatividad que generó en poetas, habidos en aprender de su
experiencia creativa como obrero autodidacta.
En sus cien años de existencia, Leoncio Bueno ha recibido
las siguientes distinciones:
2016: Premio Casa
de la Literatura Peruana.
2023: Personalidad Meritoria de la Cultura otorgado
por el Ministerio de Cultura.
2025: Premio FIL Lima, otorgado por la Cámara Peruana
del Libro.
Y esta noche, merecidamente el Ministerio de Cultura le
otorga la Orden de los Grandes Maestros de la Cultura Peruana.
El legado de su obra cultural pertenece a todos los peruanos
sin distinción discriminatoria de estatus económico, credo, filiación política
o condición “racial” y proyecta al Perú en la órbita de la integración cultural
desde su obra poética muy original y expresiva, también desde su condición de
afrodescendiente.
Es costumbre en estos agradecimientos desear el éxito futuro,
sin embargo, con más de cien años de fulgurante existencia, queda pedir que su
brillo no se apague y aun perdure alumbrando el camino para todos, teniendo
como meta esa condición difícil y difusa en el horizonte que hoy buscamos como
“felicidad”, “bienestar”, “belleza”, “justicia” y el “bien común”.
Agradeciendo en nombre de las familias Bueno Román, Zevallos
Román, Vargas Machuca, este merecido reconocimiento que otorga el Ministerio de
Cultura del Perú a Leoncio Bueno Barrantes, imponiéndole la Orden de los
Grandes Maestros de la Cultura Peruana, solicito a nuestra amable
concurrencia ponerse de pie y rendirle un merecido reconocimiento con sus
fuertes aplausos.
Muchas gracias y muy buenas noches.
Ahora solo queda un sentido adiós, el último poeta de la generación del 50 en Perú. La nueva generación de poetas debe saber quien era Leoncio Bueno Barrantes y como su obra está entre la esperanza y la ilusión de alcanzar un mundo mejor.
Chosica, 2 de agosto de 2026




