domingo, 9 de junio de 2013

La contradanza de Rosina Valcárcel


Rosina Valcárcel, parque Kennedy. Miraflores. (Foto VMH)
Escribe: Jorge Nájar.
Poesía y humanidad. Poeta acaba de publicar Contradanza, un poemario libre y descodificado y que sin embargo hurga en sus emociones y visiones más íntimas la memoria y los desgarramientos de nuestra existencia.

Contradanza (Fondo Editorial Cultura Peruana, Lima, 2013) es el libro más libre y descodificado de todos los poemarios que ha publicado hasta ahora Rosina Valcárcel. Se abre con ese poema sublime dedicado al padre “En busca de sus viejos ojos”. Musicalmente tiene todas las sonoridades de un yaraví por la intensidad lírica, por el desgarramiento de la voz, por la forma, por todo, por los efectos sinestésicos: “Papá, ¿adónde vas? / –A buscar mis viejos ojos. / Y se va papá. / Vuelve en la noche. / Vuelve al día siguiente. / Y se vuelve a ir / tras sus viejos ojos…”

A lo largo del libro se instala la palabra en el nombre del padre, de los hijos y de los “santos” espíritus. A la búsqueda de un universo que esos ojos –los del padre y los de ella–quisieron ver. Por eso, todo un mundo difuso brota desde las honduras del pasado. Y por todas partes estará presente ella, el padre, los amigos, la familia, buscándose en el naufragio ideológico.

“Mi padre en un círculo rojo”, ubicado en la última parte del libro, es un poema ejemplar de ejercicio de limpieza. El padre y la hija beben aguardiente cada quien encasquetados dentro de sus armaduras: “Naciste desierto, eres espejismo y te alejas bajo el sol”, dice ella. “Se está acabando el pisco y aún no llegas al meollo”, responde el interlocutor. ¿Quién puede llegar al meollo en situaciones similares? Solo el tiempo sabe develarlo: “Al caer el Muro de Berlín registra: / –“Qué dolor, y ni un solo disparo”.

La carga ideológica para cuestionar los paradigmas del pasado, para evocarlos y ensalzarlos en otros, se va dando de varias maneras: ya sea por la selección de las personas aludidas, o bien por las referencias. En el nombre del padre, de la familia y de los “santos” espíritus caídos en el combate, esta voz se levanta y, en contradanza, da testimonio de la lucha por la existencia.

Una alianza de memoria, melancolía y ciertos procedimientos del surrealismo, permiten que todo eso vuelva a emerger en un espacio difuso entre México, París y los jardines de Lima. Hasta ahí todo es previsible. Pero Contradanza puede ser también entendido como una forma de revelación y, al mismo tiempo, como una manera de dar la contra al desconsuelo provocado por las ilusiones engendradas en la búsqueda del destino feliz.

Rosina Valcárcel, Carlos Ostolaza, José Rosas R. y Alfredo Portal. (foto VMH)
Se podría incluso pensar que su escritura se corresponde con la idea de que la poesía corrige los errores de la historia tanto personales como sociales en medio de tantas tribulaciones.

Dentro del espacio que la voz ha creado, “Carta surrealista” tal vez sea el poema más cimero del conjunto. La confesión de un amor imposible. Un tejido textual en el que aparecen y desaparecen los rasgos propios del surrealismo: El hombre en el corazón de la acción. Los sueños como motor de la historia, en contradicción con la Revolución y los bolcheviques.

Por eso mismo se presiente el entendimiento de la poesía como una muralla. La poesía como una exaltación dentro de esa muralla, como una hoguera interna nutrida con ilusiones, esperanzas, recuerdos, risas y lágrimas, fantasmas de la historia que se van diluyendo en el humo de la hoguera en la que nacieron.

Contradanza, en esta versión, sería como una forma de dar la contra a la danza de las ideas, de las formas, de las imágenes convenidas. Poesía de la memoria. Poesía de las formas. Poesía de la existencia.
Poesía que al mismo tiempo es vibrante condensación de Diario de talismanes y de Aprendiz de maga, esos libros bomba publicados por Rosina Valcárcel hace siete años.

Han cambiado las fórmulas. Han cambiado los procedimientos. Ha permanecido la esencia: la agitación neuronal preocupada por el destino del país. En esa agitación el lector de poesía ahora también cohabita con los protagonistas: poetas, narradores, artistas plásticos, científicos y luchadores sociales, médicos, psicólogos, en el día a día, en la ebullición permanente, en la interrogación perpetua sobre el destino de la sociedad en la que llegaron y se hicieron al mundo.

1 comentario:

Rosina Valcarcel dijo...

Descubro emocionada esta página, para mí muy bella. El texto y las fotos resultan caras para mi historia. Gracias Víctor Mazzi, abrazos siderales. Rosina Valcárcel