martes, 13 de octubre de 2026

Horizontes paralelos: José Carlos Mariátegui y Piero Gobetti

 

Trazo a lápiz de Piero Gobetti en Centro de Estudios Piero Gobetti, Torino


ste año 2026, se celebran dos centenarios muy significativos: la aparición de la revista
Amauta, fundada por José Carlos Mariátegui en septiembre y, el centenario del deceso de Piero Gobetti, en febrero, durante su exilio en París, después de la persecución y la cobarde agresión que sufrió, ordenado por el jefe del partido fascista: Benito Mussolini. Ambos sucesos se han recordado con significativos eventos, tanto en Perú como en Italia.

Las celebraciones del centenario de la revista Amauta han sido y son múltiples, la fecha no podía pasar desapercibida para muchos mariateguistas. Por nuestra parte, en el afán de no incurrir en discursos iterativos, decidí recorrer la ruta que Mariátegui siguió en Italia, indagando sus influencias de las revistas de su época que tomó para Amauta, todas ellas publicados en el reino de Italia entre 1920 a 1922. Además, para conmemorar los cien años de la revista Amauta, como novedad editorial lanzamos nuestra publicación Mariátegui antifascista.

También, durante el recorrido, visitamos la tumba de Antonio Gramsci, cuyos restos descansan en el cementerio acatólico, en el barrio de Testaccio (Roma). Aun la presencia de Mariátegui en Italia pasa como episodio y anécdota entre pensadores italianos -salvo la intensa labor que desarrolló Antonio Melis-, lo que percibimos durante nuestro recorrido en Italia es saber que aún Mariátegui es poco conocido entre los pensadores de Italia.

En busca de Piero Gobetti

En diversos artículos de Mariátegui surge la figura de Piero Gobetti, siempre nos preguntamos que representaba el pensador italiano respecto a la influencia que causó en Mariátegui y cuáles son sus propuestas que se recogieron en la revista Amauta y en sus artículos en la revista Mundial.

Amauta n.° 24 (junio de 1929). En este número Mariátegui difunde el pensamiento de Piero Gobetti en el Perú. Nota al pie: "Traducido expresamente [por José Carlos Mariátegui] para "Amauta" del volumen III de las "Opere di Piero Gobetti; "Opera crítica". Parte prima (Edizione del Baretti, Torino 1927). 

Para calmar nuestra sed de saber, partimos desde Milán a Torino con la finalidad de visitar el Centro de Estudios Piero Gobetti, situado en Vía Antonio Fabro, 6, 10122 Torino. Recordemos que Mariátegui testimonió que a finales del mes de julio de 1920 junto a César Falcón y Palmiro Macchiavello viajaron a Torino con la finalidad de conocer la redacción del semanario cultural socialista L’Ordine nuovo, dirigido por Antonio Gramsci ―dicho local, después de la Segunda Guerra Mundial, sufrió modificaciones―. El hogar familiar donde creció Piero Gobetti se encontraba a corta distancia del semanario socialista.

En dicha visita, Mariátegui testimonió que conocieron y parlaron con los líderes socialistas Antonio Gramsci, Amadeo Bordiga y Umberto Terracini, quizás entre ellos también se encontraba el redactor de la sección de crítica teatral, Piero Gobetti.

Mariátegui en su artículo “La influencia de Italia en la cultura hispanoamericana”, publicado en Variedades n.° 1069 (25 de agosto de 1928), realizó un recuento de la influencia de la cultura italiana de su época tanto en Sudamérica como en el Perú. Su amigo y contertulio Abraham Valdelomar estuvo en Italia en 1914, trabajando en la embajada de Perú en Roma. A su retorno al Perú le narró a Mariátegui su experiencia italiana y la influencia que le causó la obra literaria de D’Anunnzio, Pirandello, Papini entre otros muchos.

Al inicio del segundo gobierno de Augusto B. Leguía, en julio de 1919, Mariátegui fue “invitado” al exilio para desempeñarse como “agente de propaganda del Perú” en Italia, mientras que César Falcón fue enviado a Madrid. El reino de Italia tras la Primera Guerra Mundial, atravesaba una conmoción social y económica, el tratado de Versalles la desfavorecía del botín de guerra logrado tras la derrota del imperio Austrohúngaro y Alemania. Este corto periodo fue conocido como “bienio rosso”, con tomas de fábricas por los obreros de la FIAT en Torino y la ascensión del fascismo en Milán.

Es curioso saber que Mariátegui, en sus artículos periodísticos sobre el pensamiento político en Italia de 1919 a 1930, en sus referencias sobre pensadores italianos de izquierda, ofrezca opinión extensa sobre el pensamiento de Antonio Gramsci y, sin embargo, nos brinde comentarios más elaborados sobre el pensamiento y la obra de Piero Gobetti, considerándole como el valor intelectual y político más importante de la cultura italiana. La respuesta sobre aquella escasa alusión, fue que Mariátegui no contaba con libro alguno publicado por Antonio Gramsci entre 1920 a 1922, sin embargo, lo seguía atentamente con la lectura de sus artículos en L’Ordine nuovo, incluso después de su retorno a Perú en 1923, obtenía el semanario mediante los envíos que le hiciera Palmiro Macchiavello, hasta su clausura por el encarcelamiento del diputado Gramsci en 1926.

Visita a la tumba de Antonio Gramsci, Roma. Cementerio acatólico

Piero Gobetti en su juventud contaba con obra publicada. Ensayos: a filosofía política di Vittorio Alfieri (1923, Piero Gobetti Editore); La frusta teatrale (Milan,1923, Corbaccio editor); Felice Casorati. Pittore (1923); Dal bolscevismo al fascismo. Note di cultura politica (1923). Libros: La rivoluzione liberale. Saggio sulla lotta politica in Italia (Bolonia 1924, Cappelli) y Risorgimento senza eroi (1926). Además, destacó como editor de La rivoluzione liberale y Il Baretti y como fundador de la editorial. «Pietro Gobetti Editore”.

Como reseñamos líneas arriba, visitamos el Centro Studi Piero Gobetti en Torino, siendo recibidos amablemente por Antonio La Porta, vínculo brindado gentilmente por Gonzalo Jara Townsend (Valparaíso). Nuestra sorpresa fue encontrar un Centro de Estudios, muy bien organizado que brinda servicios gratuitos para la consulta del archivo que Gobetti mantuvo en su hogar, preservados a pesar del asedio y la persecución que le impuso el fascismo.

Entregando mi último libro Mariátegui antifascista a Antonio La porta del Centro de Estudios Piero Gobetti (Torino, septiembre 1926).

Antonio La Porta nos mostró los libros y revistas originales que se preservan desde 1919 en los diferentes pisos del Centro de Estudios. Además, cuenta con el archivo íntegro de la biblioteca personal del filósofo Norberto Bobbio. Los ejemplares de La rivoluzione liberale y Il Baretti se encuentran íntegros y muy bien preservados. Entendimos que Mariátegui al consultarlos, orientó el diseño de la revista Amauta, con los patrones editoriales que ambas revistas y L’Ordine nuovo mostraban, dirigidos a un público lector específico: la clase obrera. En nuestra visita pudimos revisar los textos de Karl Marx y Lenin en la traducción al italiano, textos que Mariátegui también consultó y poseía en su biblioteca personal.

El horizonte Gobetti explicado por Mariátegui

Mariátegui valoró a Piero Gobetti y lo consideró como brillante, original y sustancioso pensador italiano, en “sincronía intelectual” con su propia formación.[1] Gobetti fue percibido como un teórico fundamental por su brillante capacidad de pensamiento para entender la modernidad, la reforma liberal y su lucha contra el fascismo. Refirió que es un “ensayista de brillante talento y de rica cultura, [que] se clasificó [desde] muy joven entre los primeros valores de la crítica italiana”. Por sus inteligentes artículos publicados, gozaba de una sólida fama como crítico literario, tanto así que Giuseppe Prezzolini, en su obra La cultura italiana lo refiere “con deferencia y encomio”.

Dos publicaciones recientes del Centro de Estudios de la obra de Piero Gobetti.

Consideró que, “por su espíritu, por su modernidad, por sus muchos admirables aspectos” su obra publicada merecía ser difundida en Hispanoamérica, a pesar de que se muestre “deficiencia de la asimilación de lo mejor de Italia”. Fue contrario a la imposición de “ciertos italianistas superficiales”, que priorizan el éxito instantáneo y el espectáculo en detrimento de la difusión de ideas, y que pretenden imponerle al lector del continente americano a literatos reclamistas que forman parte del “cortejo de Mussolini”, presentados como “exclusivos representantes” de la intelectualidad italiana. Mariátegui destacó la ausencia de justicia al imponerse oficialmente a Curzio Malaparte, mientras que “se ignora absolutamente a Piero Gobetti”. Reclamó que, pese a haber “muerto en la juventud en ardiente batalla, [aún] permanezca completamente desconocido”.

Gobetti (Turín, 1901) estudió y se graduó en Derecho en la Universidad de Turín. Estuvo influido por la filosofía de Benedetto Croce ―Mariátegui lo ubicó como un “crociano de izquierda”―. A los diecisiete años, fundó la revista Energie Nove (1918), para luego, en febrero de 1922, editar los cuadernos La Rivoluzione Liberale y, finalmente, Il Baretti, revista de crítica literaria y artística. Destacó que “dio vida en Turín a una de las más interesantes empresas editoriales de la Italia moderna, con la publicación de los cuadernos de ‘La Revolución Liberal’”. La editorial de Gobetti publicó, además, artículos filosóficos de Benedetto Croce y La libertá (1925), de John Stuart Mill, y Ossi di seppi [‘Huesos de sepia’] (1925), de Eugenio Montale (nobel de Literatura, 1975), entre otros.

Piero y Ada Gobetti. Imagen proveniente del Centro de Estudios Piero Gobetti.
Ada Gobetti lideró la lucha antifascista en Italia.

Mariátegui enfatizó que Gobetti fue un militante antifascista muy connotado, al punto de que Mussolini lo consideraba “un insulso enemigo del fascismo”, por lo que ordenó al prefecto de Turín “que hiciera imposible en esa ciudad la permanencia de Gobetti”. La orden se efectivizó con una brutal agresión a mansalva por hordas fascistas, y se tuvo que exiliar en Francia, desde donde gestionó el traslado de su casa editorial a París, hasta que al poco tiempo “Encontró la muerte en el destierro”. Falleció en París el 15 de febrero de 1926, en la versión que recogió Mariátegui, “atacado de bronconeumonía”, e incidió en que aún “no había cumplido siquiera los treinta años” y “era ya una gran figura del pensamiento italiano”.

Tres años después del deceso de Gobetti, Mariátegui publicó una nota conmemorativa en Amauta n.° 24 (1929), en la que escribió: “Amauta’, revista revolucionaria, cumple con un deber al rendir homenaje en Hispano-América a la memoria de Piero Gobetti y ofrecer a sus lectores tres breves ensayos del gran escritor italiano” (p. 22). Estos son: “El perseguidor de anárquicos”, “Nuestro protestantismo” y “Doménico Giuliotti”.[2]

Nota redactada por José Carlos Mariátegui en la revista Amauta.

Mariátegui consideró que su obra “quedó íntegramente por hacer”, ya que en vida “no tuvo tiempo de desarrollar[la] en los libros planeados”. Gobetti se caracterizó por su temperamento hiperactivo: “mientras fundaba una revista, imponía una editorial, renovaba la crítica e infundía un potente aliento filosófico en el periodismo político”, así como por una intensa actividad en la que el tiempo le era insuficiente para culminar sus propias empresas literarias. Tras su deceso quedaron inéditos y dispersos “artículos, apuntes varios, esquemas conceptuales”. Señaló Mariátegui que “la obra de Gobetti ha sido recogida con profunda devoción por sus admiradores y amigos”. El trabajo estuvo dirigido por Santiago Caramella, que compiló y organizó sus escritos inéditos, que póstumamente se publicaron.

Mariátegui conservó, en su biblioteca personal, “los cuatro nutridos y preciosos volúmenes de su obra completa” editada en italiano. Es posible que personalmente conociese a Gobetti durante su visita ala redacción de L’Ordine Nuovo ubicado en Torino. Escribió: “He leído los cuatro primeros volúmenes de la obra de Piero Gobetti”. Comentó que en todos ellos existía “una originalidad de pensamiento, una fuerza de expresión, una riqueza de ideas” que muchos autores italianos “están muy lejos de alcanzar, en libros prolijamente concluidos y retocados”, muy a pesar del patrocinio del circuito literario internacional.

Artículo de Mariátegui sobre Gobetti, publicado en la revista Mundial (Lima, Perú,12 de julio de 1929)

En “Presentación de Piero Gobetti”, afirmó que tiene “un sentido de justicia, una acendrada simpatía por el hombre y la obra”, e incidió en quien brilla con luz propia por su originalidad reflexiva, desafío que él mismo tendría como un referente muy importante para su propio desarrollo intelectual. Encumbró sus aportes teóricos políticos en sus propuestas sobre la revolución liberal como un “mílite de L’Ordine Nuovo”, en sincronía con el pensamiento de Antonio Gramsci.

Mariátegui, en su segundo artículo ”La economía y Piero Gobetti”, indicó que, a pesar de no mostrar pericia en economía, integró, sin embargo, “el peso de sus juicios morales, políticos, filosóficos, estéticos e históricos en el análisis de la economía”. Distante de la reducción del análisis a un “homo œconomicus” de su época, aquellos que supeditaban al puro estudio económico el análisis de un proceso integral, su perspectiva interdisciplinaria integró todos los contextos concurrentes para el estudio económico.

Gobetti no fue formado mediante una rígida tradición marxista, ejerció cierta autonomía en su pensamiento. Acogió las influencias filosóficas del liberalismo de Stuart Mill y de Benedetto Croce. Comprendió la teoría económica de Marx al investigar el proceso ideológico-político y religioso desde mediados del siglo XIX y las primeras décadas del XX, en particular, sobre las condiciones económica-políticas en el Reino de Italia, y redefinió la formación del pensamiento filosófico de su tiempo.

Para la comprensión del proceso económico, tomó en consideración el estudio de la teoría del valor tanto en la economía liberal como marxista, concatenándola con problemas de lógica, estética y política. La metodología que empleó Gobetti se traduce como “el examen del fondo económico de los hechos”, para lo cual analizó el proceso de la economía en contacto directo con el movimiento obrero turinés.

Gobetti destacó la función esencial de la economía en la creación de nuevos valores ético-morales en el surgimiento de un nuevo orden político. El interés del análisis económico se acrecentó “con su acercamiento a Gramsci y su colaboración en L’Ordine Nuovo”, que basó sus edificaciones teóricas en “la experiencia actual y directa”. Comprendió que la formación de una nueva clase dirigente no podía constituirse sino en el campo social de la producción, en el que un idealismo concreto debía nutrirse normalmente de la disciplina y dignidad del productor.

Gobetti sustentó que el capitalismo europeo se sustentaba en la reforma protestante, mientras que, en el Reino de Italia, el proceso religioso y social católico fue contrario a toda reforma, y el artesano y el mercader no lograron transformarse en una nueva burguesía, además de que el poder político y económico de la Iglesia católica generó pauperismo, que “se acompañó con la miseria de las conciencias”. Esto determinó el retraso en su economía, impidiéndole “acompasar su avance al de los grandes Estados capitalistas de Europa”, por lo que presentaba una agricultura atrasada, carente de modernidad, y persistían los procesos de servidumbre feudal.

Gobetti refería que este atraso económico mostró que la aristocracia industrial y la clase obrera italiana apenas estaban en nacimiento, y no lograban vencer el pauperismo y diletantismo impuestos, cimentados sobre una plebe muy creyente, en un contexto en que la religión oprimía la mente de la población bajo condiciones de miseria, la transformaba en parásitos, y la pobreza impedía la lucha política, ya que se buscaba piedad antes que trabajo de productor. La batalla liberal para el desarrollo del capitalismo en Italia aún carecía de una vigorosa clase obrera.

Mariátegui, en su último artículo “Piero Gobetti y el risorgimento” destacó su visión crítica respecto al estudio histórico sobre la unificación italiana de 1861. Consideró que este ocupó un “sitio solitario”, muy individual entre historiadores y críticos sobre el tema, al señalar que corresponde a la visión de los heréticos, y no de los “profesionales”.[3] Gobetti planteó un análisis muy original sobre los hechos históricos, al margen de una crónica esquemática y lineal de la unificación y conversión de Italia en un Estado.[4] Se desprende que, en cátedras y cursos que narraban la “historia oficial de la unificación italiana”, solo se alude a la acción de sus próceres y héroes; Gobetti, en cambio, examinó a los “próceres vencidos”, propuso un discurso alternativo -que hoy se conoce como “la historia alterna” o “la otra historia”, la que conduce a estudiarla “a contra luz” de “sus oscuras aspiraciones, de sus problemas insolubles y sus desesperadas esperanzas”- y planteó una visión del Risorgimento “sin héroes”.[5]

Placa conmemorativa en Centro de Estudios Piero Gobetti. Traducción: "En esta casa vivió Piero Gobetti los últimos años de su breve vida. De aquí partió al exilio y la muerte el 3 de febrero de 1926, y nos legó un ejemplo inquebrantable de libertad integral para el futuro y para siempre".

En el Risorgimento, el norte piamontés desempeñó un importante protagonismo para instaurar un Estado unificado con instituciones democráticas bajo un régimen de libertad y laicismo, separado de la tutela de la Iglesia católica, en búsqueda de la unidad de Italia como expresión de un ideal victorioso de modernidad y profunda reforma estatal. Para lograr dicha unificación, se buscó asimilar el sur, muy renuente a la reforma y al progreso industrial que presentaba el norte.

La instalación del Estado demoliberal fue fruto de un acuerdo entre la mentalidad realista concomitante con la europea que presentaban las regiones industriales del norte frente a las costumbres cortesanas de provincias rurales en el sur, a cuyo atraso económico se sumaba la sequía y el descontrol de la malaria entre su población. El norte de Italia “entonaba absolutamente” económica y mentalmente con la Europa capitalista protestante, a diferencia del sur, “más provincial, güelfa y papista”.

Con la unidad de Italia, se estableció la casa real de los Saboya, y, aunque no se convirtió en república, la monarquía adoptó un esquema demoliberal con un fuerte ideario político basado en la propia identidad cultural, y proveyó de funcionarios muy capaces, administradores y estadísticos competentes, desde Camillo Benso, conde de Cavour, hasta Giovanni Giolitti.

En la década de 1920, en Turín surgió la posibilidad de instaurar la democracia obrera bajo la guía de L’Ordine Nuovo, que formaba a los “cuadros de la revolución proletaria”. Al instalarse la democracia parlamentaria, el socialismo italiano puso al descubierto su superficie deformada, aunque, sin embargo, estos, con su retórica esfumante, también la debilitaban, estableciendo una clientela electoral y la agitación en plazas, con una pobreza en el entendimiento y acerca de la actividad propia y genuina del Partido Socialista.

La tragedia del legado del ideal del Risorgimento se vio en los días posteriores a la toma de las fábricas en el norte, en 1920, cuando, derrotados los consejos de gestión obrera, sucedió la revancha de la reacción a través del fascismo, que soliviantaba a las fuerzas negativas de la Italia pequeño-burguesa contra el Estado demoliberal. El fascismo representó “la liquidación reaccionaria del Estado”, de su actividad demoliberal. El fascismo tuvo como propósito destruir toda institución que permitiera un respiro de democracia, y tanto la burguesía como la pequeña burguesía no se identificaron con el sacrificio de líderes y precursores de la unificación de Italia.

Tarjeta conmemorativa al centenario del deceso de Piero Gobetti

Gobetti sostuvo que, tras la instalación del gobierno fascista, el Risorgimento quedaba inconcluso: no se sentaron las bases para la real unidad del pueblo como nación. La conquista de la independencia con el Risorgimento no se internalizó en la vida de la nación. El liberalismo italiano no estaba propenso a adoptar los ideales de la reforma protestante europea,[6] y esta se expresó como demoliberalismo católico para mantener la hegemonía de la Iglesia en las decisiones de gobierno, con lo que, así, quedaba imposibilitado de liderar un movimiento que diera o propiciara la creación de un nuevo Estado: el mecanismo del Estado liberal se fundaba en una vieja osamenta heredada.

Si bien la experiencia de la Comuna de París de 1848 a 1849 coadyuvó a la formación de una nueva burguesía italiana, esta no devino en revolucionaria ni dio origen inmediato a un nuevo Estado, y esto expresó la frustración de su misión como clase dirigente emergente respecto a la Italia fascista, que dio las espaldas a los ideales del Risorgimento, y representó en Europa la más descarnada reacción contra el Estado demoliberal.

Vidas truncas, ideas persistentes

Si hay algún paralelo en la vida de ambos, es que fallecieron a temprana edad (Gobetti a los 26 y Mariátegui a los 36). El legado de Mariátegui puede constatarse en su estudio sobre la realidad peruana y los caminos alternativos que bosquejó para seguir una transformación “sin calco ni copia”. Gobetti ha dejado un legado antifascista muy importante para el pensamiento político contemporáneo.

Gobetti falleció en su exilio en París. El discurso antifascista que proyectó, guio a la resistencia antifascista en Italia durante la Segunda Guerra Mundial, fue su esposa Ada Gobetti, quien dirigió la lucha de los partisanos hasta la caída del fascismo en 1945 y la proclamación de la república.

Durante mi visita a Roma, Madrid y Barcelona constate que el movimiento "antifa" (antifascista) se torna fuerte y retoma las ideas de sus pensadores más primigenios y vigentes. Cien años después, el fascismo resurge bajo distintas caretas, aunque tal discurso encubre su verdadero rostro feroz y sanguinario.

Octubre de 2026


[1] La referencia que el mismo Mariátegui señaló sobre los textos de Piero Gobetti que poseía en su biblioteca personal es la siguiente: Risorgimiento senza eroi (1926), Paradosse dello spirito russo (1926), Opera critica, parte prima (1927) y Opera critica, parte seconda (1927). Aunque no registre La rivoluzione liberal: saggio sulla lotta politica in Italia (1924), al parecer, leyó minuciosamente dicha obra.

[2] Se indicó que fue “traducida expresamente” por Mariátegui para la revista Amauta la “Opere di Piero Gobetti”: Opera crítica, parte prima (1927).

[3] Gramsci, sin embargo, en Cuadernos de la cárcel, cuaderno n.° 9 (1929-1932), y, específicamente en “Notas sobre el risorgimento italiano”, refiere a dos grandes grupos “provisionales” de autores sobre dicho tema: por un lado, Alfredo Oriani (1889), Mario Misiroli -que precedieron a la postura de Piero Gobetti- y Guido Dorso, y, por otro, Gaetano Mosca (1883) y Giorgio Arcoleo (1884), entre otros.

[4] Antonio Gramsci, en Cuadernos de la cárcel (2023), “Cuaderno N,°6, critica la obra de Adolfo Omodeo, que, respecto al Risorgimento, “conserva parte del manual escolar” como un catálogo sin nexos de necesidad histórica. Omodeo postuló la tesis de que el Risorgimento fue típicamente un fenómeno italiano, sin nexos con la Revolución e invasión francesa a la península (p. 428).

[5] Antonio Gramsci (1974) refirió: “La famosa minoría italiana ‘heroica por definición’ (en estos escritores la expresión ‘heroica’ tiene un significado puramente ‘estético’ o retórico y se aplica tanto a don Tazzoli como a como a los nobles milaneses que se humillaron frente al emperador de Austria, tanto que fue escrito un libro sobre el Risorgimento como revolución sin héroes” (p. 89). Mariátegui y Gramsci coinciden en tratar los aspectos políticos más relevantes del proceso de la unificación de Italia. El primero publicó sus criterios sobre el tema en 1929, mientras que las apreciaciones del segundo se conocieron después de la Segunda Guerra Mundial. 

[6] Anotó Gramsci (2023): “Uno de los puntos interesantes es el problema de la ausencia de reforma protestante o religiosa en Italia, problema que se aborda de modo mecánico y exterior, y repite uno de los cánones históricos de Masaryk en sus estudios de historia de Rusia” (p. 431).

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