A DOS SIGLOS DEL
NATALICIO DE KARL MARX: VIGENCIA DE SU SISTEMA FILOSÓFICO.*
Víctor Mazzi
Huaycucho
Hamut'aq, Grupo de Estudios Filosóficos
I
n este homenaje al bicentenario del natalicio del “viejo”
Marx, quisiera empezar señalando que reflexionaré brevemente de lo que tanto
Karl Marx y Frederic Engels han aportado a la filosofía como disciplina
rigurosa, sistema filosófico que hasta hoy causa adhesión, por la actualidad de
sus predicciones y/o consecuencias sobre el capitalismo, en el desarrollo de la
humanidad. Recuérdese hace pocos años la revista Time reconoció que Marx no se equivocó al señalar el carácter
estructural de las crisis económicas en el capitalismo, motivo de una discusión
sobre economía en crisis en el encuentro de Davos.
En esta ponencia trataré de apartarme de las habituales
exégesis y eslóganes a los que se han acostumbrado quienes han pretendido
“interpretar” la obra de Marx y Engels, quienes finalmente terminan convertidos
en artículos de fe (en lo que llamo «marxismo
confesional») y sus
obras más trascendentes (El Capital,
Contribución a la crítica de la Economía política, Miseria de la filosofía, Manifiesto Comunista, entre otros muchos) se
elevan como dogmas irrebatibles conteniendo “verdades absolutas”. También deseo
marcar distancia con los ataques exacerbados contra la obra y el pensamiento de
Marx, sobre todo, en aquellos discursos provenientes del «racionalismo
crítico», pretendiendo que Marx fuera un “profeta” y que sus teorías se
reducían a un “determinismo histórico” de condición acientífica, señalando que:
«el marxismo, la forma más pura, más desarrollada y más peligrosa del
historicismo, de todas las que hemos examinado hasta ahora».
Suscribo que la obra de Marx no puede reducirse a «eslóganes» y debe estudiarse mucho
más, hay que desmitificar el pensamiento de Marx como un «icono inerte» y estudiarlo en
su real dimensión: el creador de un sistema filosófico que permite analizar las
condiciones materiales en los que se desarrollan las clases sociales y su
dinámica de evolución y desarrollo.
Ante la profusión de seguidores “críticos”, intérpretes y exégetas, elegiré una idea que propuso el primer
marxista “convicto y confeso” en el Perú –José Carlos Mariátegui,-, quien había
alertado en 1930, la incorrecta actitud de muchos al leer a los "intérpretes" y "exégetas", pero no la obra del
mismo Marx. Escribe:
"La verdadera imagen de Marx no es la del monótono materialista que nos presentan sus discípulos. A Marx hace falta estudiarlo en Marx mismo. Las exégesis son generalmente falaces. Son exégesis de la letra, no del espíritu".
Esta advertencia refiere a quienes creen saber de Marx
leyendo a sus intermediarios y no al mismo autor. En su mensaje al II al
segundo congreso obrero de Lima (1927), Mariátegui señalaba el potente uso como
herramienta teórica del pensamiento de Marx:
“Hay que despojarse radicalmente de viejos dogmatismos, de desacreditados prejuicios y de arcaicas supersticiones. El marxismo, del cual todos hablan pero que muy pocos conocen y, sobre todo, comprenden, es un método fundamentalmente dialéctico. Esto es, un método que se apoya íntegramente en la realidad en los hechos. No es, como algunos erróneamente suponen, cuerpo de principios de consecuencias rígidas, iguales para todos los climas históricos y todas las latitudes sociales. Marx extrajo su método de la entraña misma de la historia. El marxismo, en cada pueblo, en cada país, opera y acciona sobre el ambiente, sobre el medio, sin descuidar ninguna de sus modalidades.”
Sospecho después de enunciado dicho criterio, aún hoy muchas
generaciones de jóvenes tienen simpatías personales de adhesión al pensamiento
de Marx sin comprender cuál es su esencia en la construcción del sistema y cómo
puede resultar una metodología útil, una herramienta para el análisis reflexivo
y para la acción consecuente. Aunque constato que muchos «marxistas empíricos» prefieren
«la acción» y menosprecian la teoría que puede guiarla.
Time reconoció que Marx no se equivocó al señalar el carácter estructural de las crisis económicas en el capitalismo |
II
La tradición filosófica alemana ha fundado un conjunto de
sistemas, todas se reclaman como continuadoras de la tradición filosófica
surgida en la Grecia del Siglo VI A.N.E. Cuya cúspide más elevada son los
sistemas de Immanuel Kant (la razón) y GFW Hegel (la dialéctica].
Tanto Karl Marx como Frederic Engels pertenecían al ala de “izquierda” de
los jóvenes hegelianos. Ambos manifiestan que pusieron “patas arribas” el
sistema hegeliano, rescatando todo la dialéctica como soporte de su nuevo
sistema. Engels en el prólogo a Ludwig
Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana señala el origen de la
rebelión:
En Hegel, la verdad que trataba de conocer la filosofía no era ya una colección de tesis dogmáticas fijas que, una vez encontradas, sólo haya que aprenderse de memoria; ahora, la verdad residía en el proceso mismo del conocer en la larga trayectoria histórica de la ciencia, que, desde las etapas inferiores, se remonta a fases cada vez más altas de conocimiento, pero sin llegar jamás, por el descubrimiento de una llamada verdad absoluta, a un punto en que ya no pueda seguir avanzando, en que sólo le reste cruzarse de brazos y sentarse a admirar la verdad absoluta conquistada” (pág. 11)
La idea del desarrollo funda una condición relativa de la
filosofía y la estructura de toda teoría del conocimiento y epistemología: “no
hay sistema absoluto” que pretenda ser la última versión del conocimiento, cada
vez resulta una aproximación al objeto que cambia constantemente.
La filosofía de Marx y Engels rescata lo primordial del
sistema hegeliano: El método
dialéctico. La idea del progreso mediante una dualidad de contrarios en
pugna provenía del efesio Heráclito. La diferencia con el sistema hegeliano
provenía de la adopción de una postura materialista que reconoce a la
naturaleza como lo realmente existente, mientras que en Hegel la naturaleza se
reduce a una degradación de la “idea absoluta”.
Señala Engels, que “El gran problema cardinal de toda la
filosofía, especialmente el de la moderna, es el problema de la relación
entre el pensar y el ser.” Si bien esta idea ya la había planteado
Parménides siglos antes, plantea un esquema del proceso del conocimiento y de
las condiciones en las que se puede establecer un criterio de certeza en las
teorías que van emergiendo producto de esta relación. La identidad entre el
pensar y el ser implica una variedad de respuestas a las preguntas que Engels había planteado:"¿Qué
relación guardan nuestros pensamientos acerca del mundo que nos rodea con este
mismo mundo? ¿Es nuestro pensamiento capaz de conocer el mundo real; podemos
nosotros, en nuestras ideas y conceptos
acerca del mundo real, formarnos una imagen refleja exacta de la realidad?" (p.
20)
Precisamente la negación de la existencia de verdades
absolutas proviene de esta condición que oscila entre el progreso y el
relativismo del conocimiento. Si bien establece una problematización entre
pensar y ser, su forma dual espíritu o naturaleza, correspondía que en la
elección de la condición ser dividiera los campos de la filosofía entre «idealistas» y «materialistas».
El mundo real es cognoscible, la formación del pensamiento debe reconocer el
mundo “exterior”.
El
defecto del materialismo de Feuerbach –sostuvo Marx en 1845- es que concibe las
cosas, la realidad, la percepción «bajo la forma de un objeto o de
contemplación». Es decir las cuestiones de prueba del conocimiento verdadero,
como problema y camino de investigación es que si al pensamiento humano «se le
puede atribuir una verdad objetiva», lo que nos conduce a una resolución
«práctica». En la segunda tesis sobre
Feuerbach, coincide con la tradición empírica inglesa, y antecede al
pragmatismo: «Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad,
es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento». Sobre
esta condición cognitiva, nos conduce a la tesis 11: «Los filósofos no han
hecho más que interpretar [contemplar] de diversos modos el mundo, pero de lo
que se trata es de transformarlo».
En la onceava tesis va a crear una nueva condición del filósofo: no sólo
puede ser contemplativa y académica, debe ser acción, mundana en su despliegue.
A la idea de una filosofía en la acción y para la acción, considera una
condición básica: el reconocimiento que la realidad cambia, pero el cambio debe
ser también modificación expresa en la acción humana. Transformar implica crear
las condiciones “materiales” en la cual el cambio indique una dirección, no es
“acción ciega” sino una dirección en el que los actos y la acción sean dirigidas por una teoría coherente y la autoafirmación de cómo debe concebirse dicha «acción».
III
¿Por qué sigue vigente el sistema y la doctrina de Marx?
Pregunta que se ha respondido desde distintos ángulos e intereses. El
diagnóstico de la sociedad de su época –el capitalismo inglés en consolidación-
y las propuestas desde una sociología que funda una actitud sobre el poder, en
el proletariado, clase social emergente, debe proponer un programa político que
resuelva las condiciones de vida de la clase obrera. La vieja idea sobre
justicia debía absolver el problema de la “justicia social”, del anhelo de
equilibrar las relaciones productivas y crear una condición de bienestar. A
esta condición de justicia muchas veces se le ha llamado “utopía”, en realidad
para lograrlo requiere la asunción de un programa político donde se apliquen
todas las consideraciones del ascenso y captura del poder para lograr tal condición
de justicia.
La idea de una condición individual del sujeto como necesidad de
confrontar el problema se eleva por lo que se denomina “conjunto social”,
“clase social”. La vigencia del pensamiento de Marx hay que buscarla justamente
en alcanzar dicha justicia social. “Ley social” es una forma de englobar las
condiciones materiales que rigen el conjunto social, expuesta en el prefacio de
Contribución a la crítica de la economía política. Las condiciones materiales
dentro de una Formación Económica Social, la cual moldea el pensamiento, pero a
su vez dicho pensamiento en acción va erosionando dichas condiciones materiales
buscando mejorar y transformar la condición en la que se encuentran.
La
economía permite comprender dichas vicisitudes del problema, aunque muchos han
reducido el sistema de Marx a una condición sólo económica, lo cual es un
error. (El "homo economicus”). Como sistema, Marx aplicó un conjunto de
estudios de distintas fuentes para entender el proceso, no se redujo al estudio
sólo económico, sino lo integró con la historia, filosofía, estadística,
antropología…. Por eso se le considera como estudio interdisciplinario, tal
como puede en su obra magna: El Capital.
IV
Concluyendo,
Uno de los aportes más significativos en la filosofía del siglo XIX, fue la creación
de un sistema propio para estudiar la realidad, componiendo una teoría del
conocimiento que sentó las bases de una epistemología que se desarrollará en el
siglo XX, guiado por un método (dialéctico) que permitió comprender el
movimiento de la naturaleza y el pensamiento.
La Cantuta, 17 de mayo
2018.
· * Ponencia leída en: A dos siglos de Marx.
Conferencia en conmemoración del bicentenario de su nacimiento. Jueves 17 de
mayo. Organizado por el Prof. Raúl Torres Tello y estudiantes de Filosofía y
Psicología, con el apoyo de Hamut’aq, Grupo de Estudios Filosóficos.
Universidad Nacional de Educación, La Cantuta. Se han agregado algunos párrafos
respecto al original leído.
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